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La técnica que está redefiniendo el trasplante de órganos

En una fotografía sin fecha de Daniel Borja-Cacho/Northwestern Medicine, una máquina de perfusión que contiene un hígado de un donante fallecido. (Daniel Borja-Cacho/Northwestern Medicine vía The New York Times)
En una fotografía sin fecha de Daniel Borja-Cacho/Northwestern Medicine, una máquina de perfusión que contiene un hígado de un donante fallecido. (Daniel Borja-Cacho/Northwestern Medicine vía The New York Times)

En cierto modo, el hígado humano en el quirófano del Northwestern Memorial Hospital de Chicago estaba vivo. La sangre que circulaba por sus tejidos suministraba oxígeno y eliminaba los productos de desecho y el órgano producía bilis y proteínas esenciales para el organismo.

Pero el donante había muerto un día antes y el hígado yacía dentro de un aparato con la forma de una caja de plástico. El órgano debía su vitalidad a esta máquina, que lo preservaba para trasplantarlo a un paciente necesitado.

“Es un poco ciencia ficción”, dijo Daniel Borja-Cacho, cirujano de trasplantes del hospital.

Los cirujanos están experimentando con órganos de animales modificados genéticamente, lo que apunta a un futuro en el que podrían ser fuente de trasplantes. Pero este campo ya está experimentando un cambio de paradigma, impulsado por tecnologías de uso generalizado que permiten a los médicos almacenar temporalmente órganos fuera del cuerpo.

La denominada perfusión está cambiando todos los aspectos del proceso de trasplante de órganos, desde la manera en que operan los cirujanos, los tipos de pacientes que pueden donar órganos y las consecuencias para los receptores.

Lo más significativo es que los programas quirúrgicos que han adoptado la perfusión están trasplantando más órganos.

En una fotografía sin fecha de Daniel Borja-Cacho/Northwestern Medicine, una máquina de perfusión que contiene un hígado de un donante fallecido. (Daniel Borja-Cacho/Northwestern Medicine vía The New York Times)
En una fotografía sin fecha de Daniel Borja-Cacho/Northwestern Medicine, una máquina de perfusión que contiene un hígado de un donante fallecido. (Daniel Borja-Cacho/Northwestern Medicine vía The New York Times)

Desde 2020, Northwestern ha registrado un aumento del 30 por ciento en su volumen de trasplantes de hígado. A nivel nacional, el número de trasplantes de pulmón, hígado y corazón aumentó más de un 10 por ciento cada uno en 2023, uno de los mayores incrementos interanuales en décadas.

Sin la circulación de la sangre, los órganos se deterioran rápidamente. Por eso, los médicos han considerado durante mucho tiempo que el donante de órganos ideal sea una persona fallecida en circunstancias que pusieron fin a la actividad cerebral, pero cuyo corazón sigue latiendo, manteniendo los órganos viables hasta que puedan ser asignados a receptores.

Para minimizar las lesiones de los órganos tras su extracción del suministro de sangre del donante y antes de conectarlos al del receptor, los cirujanos solían enfriarlos hasta justo por encima del punto de congelación, lo que ralentizaba considerablemente sus procesos metabólicos.

De este modo se amplía el periodo en el que los órganos pueden trasplantarse, pero solo brevemente. Los hígados no son aptos después de 12 horas y los pulmones y corazones, unas seis.

Los científicos llevan tiempo experimentando con técnicas para mantener los órganos en condiciones más dinámicas, a una temperatura más cálida y perfundidos con sangre u otra solución oxigenada. Tras años de desarrollo, el primer dispositivo para preservar pulmones mediante perfusión obtuvo la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos en 2019. Los dispositivos para perfundir corazones e hígados se aprobaron a finales de 2021.

En resumen, los dispositivos bombean sangre o un fluido oxigenado a través de tubos a los vasos sanguíneos del órgano donado. Como las células de un órgano perfundido siguen funcionando, los médicos pueden evaluar mejor si el órgano prosperará en el cuerpo del receptor.

Reforzados por esa información, los cirujanos de trasplantes han empezado a utilizar órganos de donantes mayores o más enfermos que en otras circunstancias habrían rechazado, afirma Kris Croome, catedrático de Cirugía de la Clínica Mayo de Florida. “Estamos recurriendo a órganos que antes no habríamos utilizado y estamos obteniendo buenos resultados”, afirmó.

Tal vez lo más importante es que la perfusión ha facilitado aún más la donación de órganos por parte de pacientes en coma cuyas familias han retirado el soporte vital, de modo que sus corazones acaban por detenerse. Cada año, decenas de miles de personas mueren de esta manera, tras el cese de la circulación, pero rara vez eran candidatos a donante porque el proceso de la muerte privaba a sus órganos de oxígeno.

Ahora, los cirujanos les administran perfusión, ya sea trasladándolos a una máquina o, con menos tecnología, haciendo recircular la sangre en esa región del cuerpo del donante. Y eso los ha hecho mucho más propicios para el trasplante.

Desde 2020, el número de hígados trasplantados tras la muerte circulatoria del donante se ha duplicado, según un análisis de datos de la United Network for Organ Sharing, la organización sin fines de lucro que gestiona el sistema de trasplantes de Estados Unidos.

Antes, los cirujanos nunca utilizaban corazones de esos donantes por la sensibilidad de ese órgano a la falta de oxígeno; en 2023, gracias a la perfusión, trasplantaron más de 600.

Al recurrir a este nuevo grupo de donantes, los centros de trasplantes pueden encontrar órganos con más rapidez para el exceso de pacientes que los necesitan con urgencia. Shimul Shah afirmó que el programa de trasplantes de órganos que dirige en la Universidad de Cincinnati había eliminado prácticamente su lista de espera de hígados. “Nunca pensé que en mi carrera llegaría a decir eso”, comentó.

Un obstáculo para la adopción de la tecnología puede ser el costo. Con las tarifas que exigen actualmente los fabricantes de dispositivos, perfundir un órgano fuera del cuerpo puede añadir más de 65.000 dólares al precio de un trasplante; es posible que los hospitales más pequeños no puedan justificar el gasto inicial.

Una de las empresas líderes, TransMedics, subió sustancialmente sus precios después de que los reguladores aprobaron su dispositivo, lo que provocó que Paul Gosar, republicano representante de Arizona, enviara una severa carta en la que escribió: “Lo que empezó como una prometedora innovación en equipos médicos y una oportunidad para aumentar los trasplantes en todo el país es ahora rehén de una empresa pública que ha perdido el camino correcto”.

Pero algunos cirujanos afirmaron que, no obstante, la tecnología podría ahorrar dinero, ya que los pacientes que reciben órganos perfundidos suelen salir del hospital más rápido y con menos complicaciones, y tienen mejores resultados a mediano y largo plazo.

Los cirujanos siguen explorando los límites máximos de supervivencia de los órganos perfundidos fuera del cuerpo y, aunque las tecnologías ya están modificando sustancialmente los trasplantes, hay quien afirma que esto es solo el principio.

Shaf Keshavjee, cirujano de la Universidad de Toronto cuyo laboratorio estuvo a la vanguardia del desarrollo de tecnologías para preservar los pulmones fuera del cuerpo, afirma que estos dispositivos podrían llegar a permitir a los médicos extraer, reparar y devolver los pulmones a los pacientes enfermos en lugar de sustituirlos. “Creo que podemos fabricar órganos que sobrevivan al receptor en el que se colocan”, afirmó.

Ashish Shah, jefe de cirugía cardiaca de la Universidad de Vanderbilt, uno de los programas de trasplante de corazón con más actividad del país, se mostró de acuerdo y dijo que era un “santo grial”.

“Tu corazón está fatal. Te lo saco. Lo pongo en mi aparato. Mientras no tengas corazón, puedo mantenerte con un corazón artificial durante un tiempo. Luego, tomo tu corazón y lo arreglo —células, mitocondrias, terapia génica, lo que sea— y lo vuelvo a coser. Tu propio corazón. Para eso trabajamos en realidad”, comentó.

c.2024 The New York Times Company