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Rayados de Monterrey, el equipo que vive a la sombra de Tigres; quieren salvarse con Fernando Ortiz

Rayados de Monterrey no es campeón desde el Apertura 2019 y debe soportar el éxito de Tigres, su gran rival. (Fredy López/Jam Media/Getty Images)
Rayados de Monterrey no es campeón desde el Apertura 2019 y debe soportar el éxito de Tigres, su gran rival. (Fredy López/Jam Media/Getty Images)

Rayados de Monterrey vive un momento crítico en su historia. El éxito del vecino no podría ser más rotundo: Tigres selló se octavo título de Liga para tomar una ventaja de tres campeonatos sobre su clásico rival (y encima los dejó fuera en Semifinales). Paso a paso, la disputa se ha hecho más dispareja que nunca. Hoy Tigres ya hasta cuenta con los argumentos para ser considerado un grande del futbol mexicano, mientras Rayados tiene que conformarse con ganar muy de vez en cuando y soportar todos los éxitos de enfrente.

El dinero sí compra la felicidad en el futbol, pero hay que saberlo usar. De acuerdo con Transfermarkt, la plantilla de Rayados es más cara que la de Tigres: 71 millones de dólares contra 66 millones (ambos ocupan el segundo y tercer lugar en toda la Liga MX, sólo superados por el América, cuyo plantel está valuado en 76 millones). Y pese a toda la inversión, no hay nada de los La Pandilla pueda presumir en los años recientes —en México jugar bien el torneo regular no sirve para nada, y aquí está la prueba con Monterrey—.

Su último título fue la Concachampions de 2021 contra el América. Y se sabe que ese torneo únicamente tiene validez si se consigue hacer algo importante en el Mundial de Clubes. Rayados se fue eliminado en la primera ronda contra el Al-Ahly de Egipto. Ellos han participado cinco veces en ese torneo —dos veces quedaron como tercer lugar y tres ocasiones fueron eliminados en el primer encuentro—. A Tigres le bastó una sola participación, en 2021, para superar lo hecho por Rayados. Llegaron a la Final y la perdieron con el Bayern Múnich. Lo único que les quedaba de orgullo fue arrebato en cuestión de días.

La carrera entre ambos, por la supremacía del futbol regiomontano dejó de ser realmente pareja desde 2017, cuando Tigres venció a Rayados en su estadio (también ya habían perdido una final en casa un año antes, contra Pachuca). En ese momento, los felinos tenían seis títulos contra cuatro del Monterrey. Era la oportunidad definitiva de acercarse o de que todo se desequilibrara para siempre. Y eso fue lo que pasó. Sí, Rayados ganó su quinta estrella contra América en el Apertura 2019. Pero Tigres también fue campeón ese mismo año y lo ha vuelto a hacer ahora. Y no sólo son los números, son las formas: casi todas las finales que han ganado tienen algún toque épico.

Este equipo de Tigres será recordado en veinte o treinta años como ahora se rememora al Toluca de Cardozo o al Necaxa de Aguinaga. ¿Y dónde estuvo Monterrey durante todo este tiempo? Gastando dinero en todos los refuerzos posibles, intentando obtener éxito con todos los tipos de entrenadores posibles: con glorias del pasado como Víctor Manuel Vucetich, de sazón internacional como Javier Aguirre, y ahora buscarán la cura a sus males en Fernando Ortiz.

El exentrenador del América pasó sólo una semana sin trabajo. Pero no se salvará de la presión: en Rayados tendrá todas las miradas encima desde el principio, y desde ya sabe que no hay otra opción que campeonar. Es un equipo urgido de éxitos por sí mismo y, desde luego, también porque el vecino ha conseguido todo lo que ellos no. Corren un riesgo muy grande: que el Clásico Regio sea cada vez más disparejo. Y no hay nada que pueda ser peor para una rivalidad que, además, por parte de ambos bandos se ha tratado de posicionar como la más pasional en el país.

Rayados tiene todo el dinero para buscar a un entrenador de prestigio fuera de México, pero aparentemente el miedo les puede más. Si van a fracasar, prefieren hacerlo a la segura: con lo que ya se conoce. Ni siquiera haber traído a Aguirre, en su momento, significó una ruptura con su tradicionalismo, porque finalmente no era una apuesta arriesgada. Ahora van con Ortiz en una decisión en la que tienen todo que perder. La única opción es ganar o ganar. A eso se atienen: se lo han impuesto tras tantos años de frustraciones y éxitos ajenos.

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