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Lionel Messi, el futbolista capaz de hacer jugar de maravilla al peor equipo de la MLS

Lionel Messi previo al partido de la Leagues Cup entre Inter Miami y Atlanta United. (GIORGIO VIERA/AFP via Getty Images)
Lionel Messi previo al partido de la Leagues Cup entre Inter Miami y Atlanta United. (GIORGIO VIERA/AFP via Getty Images)

Lionel Messi está jugando como quiere en el Inter de Miami. Sin presión, sin absurdas miradas de sospechosismo (como en el PSG, donde sus propios aficionados lo abucheaban). Es el Messi más natural que se haya visto en mucho tiempo. Se siente tan a gusto como en Argentina o como cuando jugaba en el Barcelona de los mejores días. En la Major League Soccer (MLS) apunta a darse un festín. Así lo ha dejado claro en poco menos de dos partidos.

Contra Cruz Azul entró de cambio y resolvió el encuentro, parejo y disputado, con un golazo de tiro libre que significó un final hollywoodense para su anhelado debut con el cuadro rosinegro. Aquello fue dramático y optimista, el reflejo de que todavía hay mucho Messi que ver. Pero lo de ayer entregó otras señales sobre el Messi que se habrá de ver. No sólo es que no esté acabado, una obviedad si se recuerda que hace siete meses fue el mejor jugar del Mundial Qatar 2022, es que está a gusto y a sus anchas: jamás jugó con tanto espacio de frente.

Lo mismo puede decirse de su colega Sergio Busquets. En el futbol europeo se acostumbraron a tener una marca pegajosa con y sin balón. El ritmo de aquellas competencias llevaba a que todos los rivales entendieran algo: si presionaban, tendrían más oportunidades ya no de ganar, pero sí al menos de aminorar el daño que jugadores de esta categoría son capaces de propinar.

El futbol de la MLS es rápido y dinámico, pero no alcanza las cuotas de rigorismo defensivo, a un nivel incluso de obsesión, que se puede ver en Europa. Por lo tanto, Messi y Busquets encuentran los espacios que sus edades tanto agradecen. No tienen la velocidad o energía de antes, pero no la necesitan: les alcanza con la intuición, la técnica, el gesto para quedar de frente y quitarse a un rival.

Busquets encontró así a Messi para el primer gol. Con un pase largo en el que nadie estorbó ni al lanzador ni al receptor. El remate pegó en el poste, pero en el rebote el balón le quedó ahí nada más al rosarino para empujarlo. El poder futbolístico de Messi no es jugar bien y nada más: es hacer jugar bien a quien tiene alrededor. El Inter Miami sabe quién es su jugador decisivo, pero cada pieza ha comprendido también cómo debe encajar.

Ellos empiezan a entenderlo a él, como fue el caso de Robert Taylor, que le devolvió una pared de lujo en el segundo gol. Y todos ganan en confianza. En el tercer gol todo nació de los pies de Messi, pero el balón paso intermediamente por Benjamin Cremaschi, joya de 18 años, que manejó el balón para dejarle posición de remate a Taylor. 3-0 antes del descanso. Y el 4-0 fue un aprovechamiento de un error, cuando un pase equivocado cayó en los peores pies posibles, para Atlanta: los de Messi, que condujo el balón y esperó el momento ideal para asistir a Taylor, que ya entrado en seguridad selló la goleada con un zurdazo poderoso.

Inter Miami todavía acumula 12 partidos en la MLS sin conocer la victoria (no celebran desde mayo contra New England). Pero ahora han conseguido el impulso perfecto en la Leagues Cup. Han vencido a Cruz Azul y al Atlanta United, uno de los equipos más constantes en su Conferencia. Ya están calificados a la siguiente fase de este torneo binacional y el clima no podría ser más festivo. Han cambiado radicalmente de rostro en menos de una semana. Y esa transformación de realidad tiene nombre y apellido: Lionel Messi. Claro que también Busquets tiene su mérito y eso sólo será más evidente durante los siguientes meses. Ambos juegan a otro nivel incluso en la recta final de sus carreras. Todos lo agradecen... menos los rivales, desde luego.

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