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Son líderes de los deportes más importantes del mundo... y no quieren dejar sus puestos

El nuevo presidente del órgano rector del futbol europeo se sentó en una silla en su oficina con muros de vidrio en Suiza, echó una mirada a las vistas del lago de Ginebra e insistió en que no se quedaría el tiempo suficiente para sentirse cómodo.

Era 2017, el futbol apenas estaba saliendo de su escándalo más grande y Alexander Ceferin, a tan solo unos meses de haber comenzado su presidencia, estaba seguro de que el tiempo apremiaba. Ceferin afirmó que este deporte ya no podía aceptar líderes que se sintieran tan a gusto con los beneficios del poder y el lujo al punto de que manejaran el sistema para permanecer en sus trabajos. Prometió que él no sería como ellos.

Ceferin especificó que el periodo de tres años para el cual había sido elegido, que completaba el que dejó vacante su predecesor infame, “ya es un término para mí”. Si era lo suficientemente afortunado para lograr otros dos términos completos de cuatro años permitidos por el reglamento, estaría bien. Pero eso sería todo. Ceferin no tenía interés en ser presidente vitalicio.

En ese entonces, Ceferin declaró: “Me dijeron: ‘¿Por qué poner límites a tus términos? Puedes estar aquí 20 o 30 años’. No me quiero quedar 20 años”.

Menos de una década después, es posible que Ceferin haya cambiado de parecer. A petición suya, el órgano de futbol que dirige, la UEFA, votará la semana próxima en un conjunto de cambios al reglamento que incluye una medida que permitiría a Ceferin quedarse en la presidencia de una de las organizaciones deportivas más ricas del mundo durante años después de la fecha límite que alguna vez prometió.

Ceferin no es el único líder que obtuvo su puesto tras el escándalo de alguien más que ahora busca reforzar su control de un empleo poderoso. Una extensión similar a los límites del término se aprobó de manera sigilosa por el órgano rector del futbol mundial, la FIFA, con lo que se garantiza que su presidente, Gianni Infantino, sea elegible para otro término de cuatro años en un empleo que le pagó alrededor de 4,5 millones de dólares en sueldos y bonos en 2022.

En el Comité Olímpico Internacional, simpatizantes del presidente limitado por términos Thomas Bach propusieron hace poco que los estatutos de la organización sean enmendados para que el dirigente pueda permanecer otros cuatro años. Bach, quien no ignoró la idea, conoce esas reglas tan bien como cualquiera: al igual que Infantino, es un abogado que ayudó a redactar las reformas de su organización tras el escándalo (incluida la incorporación de límites al mandato), antes de ser ascendido al puesto más alto.

No obstante, los expertos en adminstración deportiva están preocupados por esta tendencia, dado que los líderes actuales recibieron la encomienda de guiar a sus organizaciones para salir del pasado plagado de escándalos. Estos aseguran que reformas tales como los límites a los términos, surgidas a raíz de esos escándalos, vale la pena protegerlas a fin de evitar una concentración de poder en manos de una pequeña camarilla de ejecutivos que administren deportes populares y lucrativos que disfrutan millones de personas de todo el mundo.

Los expertos advierten que reducir la importancia de las reformas o eliminarlas es una estrategia sacada directamente del manual de líderes y autócratas del mundo que son tan poderosos que eligen permanecer en control todo el tiempo que quieran. Alex Phillips, expresidente de gobierno y cumplimiento de la UEFA, opinó: “Simplemente, indica que una vez que las personas están en el poder, no quieren irse”.

Al preguntarle sobre las intenciones de Ceferin de buscar otro periodo, la UEFA no ofreció una respuesta directa del presidente y sugirió en cambio una revisión de sus comentarios públicos recientes. En entrevistas subsecuentes con dos medios británicos, a los que utilizó para ajustar cuentas con miembros de su administración y otros rivales, Ceferin no respondió sobre si buscaría permanecer en el puesto, a pesar de sus promesas definitivas anteriores.

No obstante, indicó que, a menos que las reglas actuales de la UEFA sean revisadas, “no habría límite y yo podría reelegirme eternamente”.

La oposición a esa posibilidad está creciendo. Unas entrevistas con ejecutivos, miembros del Comité Ejecutivo y empleados de la UEFA revelaron durante los últimos meses que algunas de las figuras más poderosas dentro de la organización se han opuesto enérgicamente, argumentando que incluso una percepción de reducción de la importancia de los límites de los mandatos no es recomendable. Un alto funcionario dimitió en señal de protesta. Otro advirtió recientemente a sus colegas y a Ceferin que crear un presidente omnipotente iba en contra del espíritu de las reformas promulgadas para evitar que se repitieran escándalos pasados.

Sin embargo, cuando las 55 federaciones nacionales de la UEFA voten el cambio a los límites de los mandatos en su reunión anual en París el jueves (disimulado de manera segura dentro de un paquete más amplio de cambios más anodinos), incluso los críticos más duros de Ceferin esperan que obtenga lo que quiere.

Ceferin, de 56 años, en muchos sentidos, es un presidente accidental de la UEFA. Su ascenso se produjo tan solo después de un escándalo de corrupción que reveló años de sobornos, compra de votos y acuerdos secretos en el futbol. El caso condujo a la destitución de algunos de los líderes más antiguos de este deporte, lo que derribó imperios y creó espacio para caras nuevas. Como un líder poco conocido de la federación de futbol de Eslovenia, Ceferin parecía un comienzo de cero después de un pasado problemático.

Ceferin, quien es cinturón negro en karate y habla cinco idiomas, dirigió la organización durante la pandemia de coronavirus y rechazó una propuesta para una superliga europea que representaba una amenaza existencial para la mayor fuente de ingresos de la UEFA, la Liga de Campeones, la competencia anual de clubes que recauda miles de millones de dólares a través de patrocinios y licencias de transmisión. A lo largo de ese tiempo, gracias a su puesto, se ha codeado con líderes mundiales y algunos de los atletas más conocidos del deporte.

Sus críticos señalan que no sorprende a nadie que tal vez vea con buenos ojos la opción de permanecer en su empleo de 3 millones de dólares al año durante tanto tiempo como las reglas lo permitan.

Ceferin ha insistido en que el cambio propuesto es solo un ajuste del lenguaje legal, uno que conserva el máximo de 12 años para los líderes de la organización, pero que ahora precisa que los mandatos “comenzados o cumplidos antes del 1 de julio de 2017 no se tendrán en cuenta”. Ceferin fue elegido en septiembre de 2016, por lo que la revisión elimina de manera efectiva los tres años que alguna vez denominó su primer término y le abre la puerta para permanecer hasta al menos 2031.

En un comunicado sobre la enmienda, la UEFA declaró: “El cambio propuesto no tenía como objetivo ampliar el límite de mandato, sino rectificar una disposición inválida”.

Stephen Weatherill, experto en gobernanza deportiva y exprofesor de Derecho Europeo en la Universidad de Oxford, manifiesta que, al igual que Ceferin, Infantino y Bach también disfrutan de un grado de control sobre sus organizaciones que los aísla de quienes desafían su permanencia en el puesto.

Weatherill agregó que las federaciones nacionales dependen de las relaciones con los órganos rectores internacionales (y sus líderes) para tener asistencia con el presupuesto anual, ayuda para el desarrollo y acceso a derechos de organización de eventos lucrativos. Un líder fuerte que cultiva esas relaciones y ese sentido de dependencia puede utilizar el poder del puesto para su beneficio.

Phillips concluyó: “Los límites de término garantizan que los líderes deportivos no permanezcan demasiado tiempo en su puesto. La historia ha mostrado una y otra vez que entre más tiempo permanezcan, más se concentrarán en quedarse en el poder o en buscar intereses personales, en lugar de intentar desarrollar su deporte”.

c.2024 The New York Times Company