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Una inesperada amenaza nueva a la estabilidad de Haití: un grupo ambiental armado

Guy Philippe, antiguo comandante de la policía y golpista que hace poco regresó a Haití después de cumplir una condena de seis años en una prisión federal estadounidense por lavado de dinero, saluda a los habitantes en Pestel, Haití, su tierra natal, el 16 de octubre de 2016. (Meridith Kohut/The New York Times).
Guy Philippe, antiguo comandante de la policía y golpista que hace poco regresó a Haití después de cumplir una condena de seis años en una prisión federal estadounidense por lavado de dinero, saluda a los habitantes en Pestel, Haití, su tierra natal, el 16 de octubre de 2016. (Meridith Kohut/The New York Times).

En Haití, ante el incremento en el número de asesinatos y secuestros, ahora hasta los policías abandonan el país.

En vista de que no hay un presidente electo en el poder y la percepción generalizada sobre el primer ministro es que es ilegítimo, ahora se escuchan clamores que piden la destitución del gobierno de parte de un grupo inesperado: una brigada de oficiales armados cuya supuesta tarea es proteger áreas expuestas a peligros ambientales.

Integrantes armados y uniformados de la brigada se enfrentaron a fuerzas del gobierno en el norte de Haití esta semana, con lo que exacerbaron las tensiones en una nación de por sí volátil en la que las pandillas han tomado el control de grandes secciones de la capital, Puerto Príncipe, y sembrado el caos en áreas rurales.

El grupo ambiental, llamado Brigada para la Seguridad de Áreas Protegidas (conocido como B-SAP), enfureció cuando el primer ministro despidió a su líder. El miércoles, los oficiales del grupo intentaron invadir la oficina local de aduanas y las unidades de la Policía Nacional de Haití enviadas a contener el ataque los detuvo con gas lacrimógeno.

A algunos analistas también les preocupa que ciertos líderes del grupo hayan expresado públicamente su lealtad a Guy Philippe, antiguo comandante de la policía y golpista que hace poco regresó a Haití después de cumplir una condena de seis años en una prisión federal estadounidense.

En el periodo de menos de 60 días desde el regreso de Philippe a su tierra natal, ha recorrido el país en busca de apoyo para la revolución que ha decidido dirigir.

Guy Philippe, antiguo comandante de la policía y golpista que hace poco regresó a Haití después de cumplir una condena de seis años en una prisión federal estadounidense por lavado de dinero, el año anterior a su arresto, en Pestel, Haití, el 16 de octubre de 2016. (Meridith Kohut/The New York Times).
Guy Philippe, antiguo comandante de la policía y golpista que hace poco regresó a Haití después de cumplir una condena de seis años en una prisión federal estadounidense por lavado de dinero, el año anterior a su arresto, en Pestel, Haití, el 16 de octubre de 2016. (Meridith Kohut/The New York Times).

“Hablamos de una revolución, pero no de sangre”, aseveró Philippe en una entrevista. “No hemos matado a nadie. Solo organizamos manifestaciones pacíficas”.

Philippe encabezó el golpe de Estado de 2004 que derrocó al presidente Jean-Bertrand Aristide. Aunque Philippe estuvo durante años en una lista de traficantes de droga buscados por Estados Unidos, llevó una vida de fugitivo con total libertad en el sur de Haití.

Lo arrestaron en 2017, apenas antes de asumir el cargo de senador después de haber sido electo. Más adelante, un tribunal federal de Estados Unidos lo sentenció a nueve años por lavado de dinero y fue deportado a Haití en noviembre, decisión que muchos expertos consideraron inesperada y que con toda seguridad encendería los ánimos en un contexto político conflictivo.

“Este es un tipo que ha recurrido a toda clase de maniobras y complots en los últimos 20 años para llegar al poder en Haití”, explicó James B. Foley, quien fungía como embajador de Estados Unidos en ese país en el momento del golpe de Estado en 2004. “Presentamos cargos formales en su contra, lo extraditamos y detuvimos, pero ahora lo enviamos de regreso a Haití, que está en total anarquía, así que el resultado es obvio, predecible y terrible”.

Philippe, que desde que regresó ha vivido en su sede central, Pestel, Haití, señaló que planea ir a Puerto Príncipe en los próximos días para organizar protestas y espera que la vasta mayoría de la población lo respalde para exigir la renuncia del primer ministro, Ariel Henry.

Algunos analistas creen que, como muchos haitianos están decepcionados de que la policía nacional no haya logrado contener a las pandillas, Phillippe podría estar en lo correcto.

“Si fuera un golpe, sería un golpe legítimo, pero no pretendemos organizar un golpe”, afirmó Philippe. “Nuestra intención no es tomar el poder por la fuerza”.

En un comunicado difundido el jueves, Henry indicó que le alarmaban las acciones indebidas de muchos miembros de B-SAP, pues subrayó que no cuentan con un marco legal o administrativo. Las noticias sobre los oficiales rebeldes podrían crear confusión sobre el trabajo legítimo del grupo ambiental de vigilancia, dijo. Añadió que el gobierno creó el martes una comisión a la que le encomendó la tarea de evaluar el trabajo de la agencia.

En cuanto a Philippe, la oficina del primer ministro declaró que “Ariel Henry es el encargado de aplicar la ley”.

Estados Unidos ha insistido en que se forme una misión de seguridad planeada para Haití encabezada por Kenia, acción que algunos analistas interpretan como un respaldo tácito al liderazgo de Henry.

Philippe comentó que “tiene amigos” en el grupo ambiental del norte, alianza que podría resultar peligrosa. Haití, donde en alguna época operó una policía secreta conocida como Tonton Macoute, tiene un largo historial de fuerzas paramilitares que han cometido atrocidades.

Philippe señaló que considera al líder de la brigada ambiental “un aliado” con el mismo objetivo de lograr que el primer ministro renuncie al cargo.

Según un periódico local, Phillippe y la brigada han decidido coordinar esfuerzos para oponerse al gobierno actual.

“B-SAP no es la rama armada de la oposición”, explicó Jeantel Joseph, quien fue despedido esta semana de su cargo al frente de la agencia y encabezó las protestas del grupo esta semana.

Joseph dijo que él y Philippe pertenecen a un consorcio más amplio de partidos políticos, sindicatos y movimientos comunitarios cuyo objetivo es ponerle fin al mandato de Henry… de manera pacífica, añadió. La presión de estos dos movimientos (Joseph en el norte y Philippe en el sur) obligará al primer ministro a desistir, aseguró.

Haití no podría estar en una situación más desesperada. De una fuerza de alrededor de 15.000 oficiales, casi 3000 agentes de policía han abandonado su puesto en los dos últimos años, según cifras policiacas.

Estados Unidos informó esta semana que más de 4700 personas fueron asesinadas en Haití el año pasado (más del doble que en 2022) y hubo casi 2500 secuestros. Un grupo de monjas locales estuvieron cautivas casi una semana y las liberaron el miércoles.

Más de 150.000 personas huyeron el año pasado a Estados Unidos.

La seguridad empeoró después del asesinato en 2021 del presidente Jovenel Moïse. No ha habido suficiente seguridad para celebrar elecciones, y la designación del primer ministro, Henry, ha incitado clamores para que intervenga la comunidad internacional.

El pasado otoño, las Naciones Unidas autorizaron una misión de seguridad multinacional encabezada por Kenia, pero se ha ido demorando por fallos de tribunales nacionales. Kenia se comprometió a proporcionar al menos 1000 personas de su personal de seguridad, además de que se espera que muchas otras naciones ofrezcan recursos.

El envío se ha visto demorado porque se ha objetado que el gobierno keniano no siguió los protocolos adecuados para autorizar la misión. Se espera que el tribunal dé un fallo al respecto el viernes.

Philippe hizo una denuncia pública contra la misión de Kenia, con el argumento de que esta apoyaría a la administración de Henry y al “imperialismo”. Philippe difundió un video en que llama a los kenianos “hermanos africanos”, pero advierte que si aceptan el envío de fuerzas se les considerará “enemigos”.

Se supone que al grupo B-SAP se le encomendó la tarea de proteger áreas expuestas a peligros ambientales, pero en general sus operaciones son independientes y lejos de esas regiones, según un informe reciente de las Naciones Unidas, lo que pone en duda el alcance de la misión del grupo.

Se formó en 2018, durante el mandato de Moïse, con 100 integrantes, aunque el gobierno de Henry parece tener poco control sobre sus acciones y desconocer cuántos integrantes tiene.

El martes, Henry despidió al jefe de la agencia encargado de operar B-SAP, lo que enfureció a los miembros del grupo. En videos compartidos en las redes sociales se observa a cientos de esos miembros gritando consignas en las calles de Ouanaminthe, en el área noreste de Haití, y exigiendo el regreso de su jefe y la salida de Henry.

En el noreste, cerca de la frontera con la República Dominicana, agentes de B-SAP lanzaron disparos al aire y les ordenaron a los ciudadanos regresar a sus casas.

Gédéon Jean, director del Centro de Análisis e Investigación sobre Derechos Humanos, organización de Haití que suspendió sus operaciones en noviembre debido al creciente nivel de violencia, indicó que existen acusaciones contra B-SAP por su participación en delitos.

Jean advirtió que el riesgo sería todavía más grave si el grupo se alía con pandillas locales.

“Se trata de una figura de lo más disruptiva en esta región”, aseveró con respecto a Philippe Robert Muggah, quien dirigió un estudio de las Naciones Unidas sobre los sindicatos criminales de Haití.

c.2024 The New York Times Company