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Nuevo Hampshire y Iowa ponen en evidencia debilidades más amplias para Trump

La candidata presidencial republicana en las primarias Nikki Haley visita el restaurante Holy Grail en Epping, Nuevo Hampshire, el domingo 21 de enero de 2024. (Ruth Fremson/The New York Times)
La candidata presidencial republicana en las primarias Nikki Haley visita el restaurante Holy Grail en Epping, Nuevo Hampshire, el domingo 21 de enero de 2024. (Ruth Fremson/The New York Times)

Donald Trump lleva semanas recorriendo Iowa y Nuevo Hampshire sin siquiera sudar, eliminando con facilidad a sus rivales en la contienda por la nominación republicana y recibiendo muestras de adoración de multitudes convencidas de que será el próximo presidente de Estados Unidos.

Pero, aunque Trump parece ir a paso firme hacia la nominación de su partido, lo cierto es que le espera una realidad mucho menos favorable.

Fuera de la frágil burbuja de las primarias republicanas, la campaña de Trump sufre vulnerabilidades perdurables por las que su nominación representa un riesgo considerable para su partido. Esas debilidades se hicieron evidentes en Nuevo Hampshire el martes, cuando electores independientes, con estudios universitarios y republicanos que no están dispuestos a ignorar el peligro legal asociado con Trump votaron en gran número a favor de su rival, Nikki Haley.

A pesar de esto, Trump ganó sin ningún problema. Los electores que se oponen a su candidatura no superaron a los muchos republicanos que claman por verlo de nuevo en el poder. Sin embargo, después de contabilizados los votos de más de 310.000 electores de ese estado con marcadas divisiones políticas, el resultado reveló las dificultades que enfrentará Trump ahora que la contienda presidencial se traslade del mundo MAGA a un electorado más amplio, que lo rechazó hace menos de cuatro años.

“Cuando se me acercan personas que votaron por Reagan en 1976 y han sido conservadoras toda su vida y me dicen que no quieren votar por Trump de nuevo, es un problema”, comentó el gobernador de Florida, Ron DeSantis, el martes en una entrevista con la empresa de medios de tendencia conservadora Blaze TV, solo unos días después de que le puso fin a su campaña y declaró su apoyo a Trump. “Así que tiene que ver cómo soluciona eso”.

Tampoco es que el presidente Joe Biden no vaya a tener retos si se repite la contienda de 2020. A diferencia de hace cuatro años, el ánimo de la nación hacia Biden, de 81 años, es de desagrado generalizado y la mayoría de los estadounidenses no creen que haya tenido un buen desempeño en su encargo. Ahora hay más inquietudes en torno a la edad de Biden, que es cuatro años mayor que Trump, además de que no le ha resultado fácil mantener la coalición de electores que contribuyeron a su primera victoria. Ha recurrido a temas como el derecho al aborto y la democracia, que son importantes para su base, los independientes e incluso algunos republicanos moderados.

Algunos partidarios de Trump sentados en su grupo durante una reunión electoral local en West Des Moines, Iowa, el 15 de enero de 2024. (Jordan Gale/The New York Times)
Algunos partidarios de Trump sentados en su grupo durante una reunión electoral local en West Des Moines, Iowa, el 15 de enero de 2024. (Jordan Gale/The New York Times)

No solo eso, sino que, al igual que Trump, debe lidiar con cuestionamientos al interior de su propio partido. La inflación, sus medidas en inmigración y su apoyo a Israel en la guerra de la Franja de Gaza han minado el apoyo de los electores jóvenes, negros y latinos, así como los liberales.

“Las elecciones generales en realidad arrancan en este momento y resulta que tenemos un enfrentamiento entre los dos líderes políticos más impopulares”, señaló Neil Newhouse, encuestador republicano. “En estas elecciones, votaremos por el que nos parezca menos malo de los dos”.

Sin embargo, los problemas de Trump vienen de tiempo atrás. Cuando logró dominar en el Partido Republicano en 2016 alejó a los independientes y moderados de los suburbios, y no hay ninguna señal de que haya encontrado la forma de atraerlos de nuevo.

En Nuevo Hampshire, el 44 por ciento de los electores que votaron en las primarias republicanas fueron independientes: Haley obtuvo la mayoría de sus votos, el 58 por ciento contra el 39 por ciento.

Las encuestas hacen pensar que muchos de esos electores no solo prefirieron una cara nueva, sino que votaron específicamente para hacer constar su oposición a Trump. Cuatro de cada diez electores que votaron a favor de Haley afirmaron que el desagrado que sienten por Trump fue más importante para definir su voto que su aprobación de Haley, según las encuestas de salida. Más del 90 por ciento indicó que no les gustaría que Trump ganara la nominación por tercera vez.

Trump tuvo algunas de estas batallas con los electores clasificados como independientes en las reuniones electorales de Iowa, contienda en la que por lo regular participan electores más conservadores de la base republicana. Las encuestas de salida en ese lugar muestran que el 55 por ciento de las personas que se identifican como independientes apoyaron a alguno de los oponentes de Trump.

Sin duda, Trump se ganará a muchos de estos electores en noviembre. Por desgracia, el porcentaje de electores que votaron por Haley y les dijeron a los encuestadores que apoyarán a Biden (aproximadamente el 40 por ciento, según algunas encuestas estatales y nacionales) es impresionante. Incluso si algunos de esos electores nunca votaron por Trump, esta cifra indica que es posible que un gran número de personas que eran o son republicanas no se mantengan fieles al partido.

Newhouse advirtió del peligro de exagerar la interpretación de los resultados de Nuevo Hampshire, pues hizo notar que ese estado, al igual que sus independientes, son más bien de izquierda. Nuevo Hampshire ha votado por los demócratas en todas las reelecciones presidenciales desde 2004. De cualquier manera, advirtió que su partido debe asegurarse de que las elecciones no sean un referendo en torno a Trump.

“Cuando los electores a veces están contentos con Trump y otras veces descontentos, en realidad es un voto negativo”, aseveró.

Los resultados de Nuevo Hampshire enfatizaron otras debilidades para Trump. Perdió frente a Haley entre los electores con estudios universitarios y los miembros del partido con mayores ingresos, lo que subraya las dificultades que ha tenido para conservar a los electores que en cierta época constituyeron la base de su partido.

Las peores derrotas de Trump en Nuevo Hampshire parecen haber sido Hanover, Lyme y Lebanon, poblaciones ricas y de escolaridad elevada cercanas a Dartmouth College y el Centro Médico Dartmouth Hitchcock.

Incluso en Iowa, donde los asistentes a las reuniones electorales tienen más lazos con el movimiento MAGA, Trump lució más débil en los suburbios de mayores ingresos. En el condado de Dallas, el área suburbana pendular cerca de Des Moines donde Trump obtuvo una victoria cerrada en 2020, solo cuenta con el apoyo del 39 por ciento de los republicanos que asistieron a las reuniones electorales.

Trump no les ha dado importancia a algunos cuestionamientos sobre su capacidad de recuperar a los republicanos que lo han rechazado. “No me parece que necesitemos tantos”, les dijo a los periodistas el martes en Nuevo Hampshire. “Todos van a regresar”.

En su discurso tras obtener la victoria el martes, que era una oportunidad para dirigirse a la audiencia de las elecciones generales, Trump aprovechó la atención para atacar a Haley en vez de convocar al partido a unirse como hizo tras las reuniones electorales de Iowa. Luego, criticó en su plataforma Truth Social el vestido que ella llevaba. “No me enojo demasiado, me desquito”, dijo.

Los asesores de Trump y los funcionarios del supercomité de acción política consideran que la campaña de Biden es un oponente más fuerte que cualquiera de los rivales de Trump en las primarias.

A diferencia de DeSantis y Haley, que en general no quisieron o no pudieron responder a las agresiones de Trump, la campaña de Biden no cederá terreno.

Budowich indicó en su solicitud de fondos que Trump podría vencer a Biden si su equipo logra que los electores se concentren en temas como la economía, la seguridad nacional y la criminalidad.

Sin embargo, mantener la atención en temas específicos no se le da bien a Trump. En su discurso de victoria el martes, repitió mentiras sobre su derrota de 2020 y añadió una nueva: que ganó Nuevo Hampshire ese año (Biden ganó). Este comentario fue otra señal de alarma para cuando Trump salga del entorno seguro del universo MAGA.

Su fijación con las elecciones anteriores, su papel en la revuelta en el Capitolio el 6 de enero y los 91 cargos en su contra, la mayoría vinculados con las medidas que tomó para aferrarse al poder, ponen en riesgo sus posibilidades, y no solo entre los independientes y electores en disputa que ya se muestran cautelosos.

Incluso en el estado conservador de Iowa, alrededor del 10 por ciento de sus propios partidarios comentaron que no considerarían votar por él en noviembre si lo declaran culpable de un delito.

c.2024 The New York Times Company