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Qué puede hacer Chile para gestionar su crisis de incendios y adaptarse a los siniestros como lo hizo con los terremotos

Una familia mira lo que quedó de su casa tras los incendios
Miles de familias lo han perdido todo en los incendios que azotan a la región de Valparaíso, en Chile.

Más de 120 personas han muerto ya en los incendios que asolaron la región central de Chile.

Desde finales de la semana pasada, el país sudamericano vive una de las peores tragedias de su historia reciente.

De acuerdo con el presidente Gabriel Boric, los incendios forestales que afectan suelo chileno son la emergencia más grande desde el terremoto de 2010.

Las cifras lo confirman.

Además de las decenas de fallecidos, miles de hectáreas de terreno han quedado devastadas y más de 15.000 viviendas afectadas, lo que ha dejado a familias enteras desplazadas.

Ante la situación, Boric decretó Estado de Catástrofe y un toque de queda para las comunas de Viña del Mar, Villa Alemana, Limache y Quilpué.

Personal de emergencia en Chile
Los equipos de emergencia se han desplegado en las poblaciones afectadas para atender a las víctimas

La emergencia aún no ha terminado. Y lo más desalentador es que, aun cuando cesen los incendios actuales, podrían volver a ocurrir en un futuro cercano.

Los fuegos de gran magnitud son ya un fenómeno común para los chilenos, algunos ocurridos tan reciente como el pasado 2023, pero los de este fin de semana tienen una dimensión sin precedentes por el número de víctimas.

Son potenciados por una abarcadora y extensa sequía, así como por las altas temperaturas registradas durante el verano austral, vinculadas al cambio climático y al fenómeno de El Niño.

A esto se suma que la región de Valparaíso es un lugar densamente poblado, donde algunas de las áreas quemadas no tenían patrones de planificación ni conectividad adecuadas ni muros de contención.

Ante las proyecciones de los expertos, que auguran un aumento en la frecuencia y magnitud de este tipo de fenómenos extremos por la crisis climática, Chile tiene la enorme tarea de adaptarse para proteger a su población, como lo hizo en el pasado para reducir el riesgo por los constantes terremotos que le afectan.

Y es que a pesar de ser uno de los países más sísmicos del mundo, en Chile rara vez se desploma un edificio.

Según los expertos, en esto las normas de construcción han sido fundamentales. Exigen el uso de materiales y estudios que encarecen mucho la construcción.

Talcahuano, Chile, en 2010
La destrucción que dejó el terremoto en Chile en 2010 fue dado principalmente por el tsunami que vino después.

Una clave está en la estructura de hormigón armado y acero, suficientemente flexible y resistente para dejar que el edificio se mueva, se balancee y no se caiga.

También se incorporan aisladores y disipadores sísmicos que permiten que el movimiento de la tierra no se transmita al edificio. Otro elemento crucial es el estudio del suelo para que los cimientos sean los adecuados.

La normativa sísmica es revisada constantemente, en especial después de un gran evento. El terremoto de 1985 llevó a publicar una estricta regulación que fue puesta al día y profundizada en 1996, 2009 y también en 2010.

¿Podría ser este un modelo relativamente replicable en el caso de los incendios? ¿Se podría establecer alguna normativa que le permita al país responder mejor ante estos catastróficos eventos?

De esto conversamos con el profesor Miguel Castillo, doctor en Recursos Naturales y Sostenibilidad y profesor titular y director del laboratorio de Ingeniería de Incendios Forestales de la Universidad de Chile.

Pobladores de Quilpé
La comuna de Quilpé, en Valparaíso, es una de las más afectadas.

¿Qué debe hacer Chile para adaptarse a la amenaza de los incendios forestales que, según los expertos, se convertirá en algo común por la crisis climática?

Todos los mecanismos de atención y primera respuesta se están adaptando.

Los programas de preparación y de combate han tenido que adaptarse al nuevo escenario del cambio climático.

También se deben modernizar aquellos aspectos que se relacionan con la primera respuesta y la respuesta oportuna de los fuegos forestales, como los planes de pre-ataques. O sea, poder adelantarnos a los focos de incendios.

Valparaíso, Viña, Villa Alemana (zonas afectadas por los incendios), comprenden un territorio muy distinto al de otras regiones de nuestro país, por lo que los mecanismos de preparación son distintos.

Aquí hay mucha densidad poblacional, con lo cual la conducta humana [en relación con provocar un incendio] debe ser trabajada fuertemente. Ha habido muchos proyectos e iniciativas, pero no ha sido suficiente. Hay que seguir trabajando en esa materia.

Mucha de la responsabilidad de estos incendios recae sobre la acción humana. ¿Cómo podría Chile abordar esta problemática?

Desde hace más de 40 años, Chile posee una estadística muy completa de la ocurrencia y causa de incendios forestales.

Siempre se ha hablado de que prácticamente el 100% de una u otra manera es atribuible a la actividad humana, eso no ha cambiado.

Lo que sí ha aumentado sostenidamente es la intencionalidad, el acto doloso de provocar un incendio y eso es un tema que crea mucha preocupación entre las autoridades.

¿Por qué los incendios actuales se propagaron tan rápido?

Los incendios se propagaron muy rápido básicamente por la alta disponibilidad de combustible seco y fino.

Se trata de la ignición de pavesa y fragmentos incandescentes que traslada el aire caliente, que viajan largas distancias y caen.

Acá en Valparaíso, después del mediodía, siempre se levanta un viento muy fuerte, un viento oceánico que traslada todo el material cuando hay un incendio.

Cuando logras controlar un sector que se está quemando, los mismos fragmentos incandescentes arrastrados por el viento te generan un foco secundario. Eso es parte de las condiciones para la rápida propagación.

El fuego normalmente se inicia donde el combustible es muy fino y donde hay mucho abastecimiento de oxígeno, como pastizales, matorrales, basurales y desechos de explotación que son alimento para el incendio en sus primeras etapas de desarrollo.

Gabiel Boric desde Quilpé
El presidente Gabriel Boric visitó la zona afectada por los incendios.

En el caso de la región de Valparaíso, se habla de que la magnitud del incendio guarda relación con el tipo de viviendas construidas en la zona…

Las zonas metropolitanas de Valparaíso y Viña sufren incendios desde el año 1843. Por ejemplo, otro gran incendio ocurrió en 1906. Luego nos saltamos 100 años hasta 2014, entre medio de muchos otros incendios.

¿Pero qué sucede? Ahora ha habido una fuerte ocupación inmobiliaria en sectores donde hay terrenos que no necesariamente están preparados para construir debido a que son zonas proclives para la propagación del fuego.

En muchos de los sectores que se quemaron no debería haber casas y estaban destinados a ser fajas de defensa contra los fuegos. Eso es un tema normativo, aquí hay muchos actores involucrados, como los municipios, el Legislativo, la conducta de la gente y las agencias de emergencia no pueden hacer mucho.

¿Cómo un cambio en los planos reguladores del país podría ayudar a Chile a combatir incendios?

El plan regulador es un instrumento que regula el desarrollo urbanístico del territorio. Especialmente en los centros poblados y los sistemas de espacios públicos. Debe responder a los tipos de suelo de ese territorio.

Y dentro de ese uso del suelo están los de construcción, los de explotación, los de defensa y resguardo. Dentro de todo eso, se encuentran los espacios que son normativamente aprobados para ser habitables.

Esos sectores habitables tienen que estar en concordancia con las normas para prevenir los incendios forestales. Eso es un asunto que no se ha gestionado de la mejor forma en la zona de la emergencia.

En términos de la crisis hídrica, ¿qué se puede hacer, si algo, para que no impacte tanto al país?

Sobre la crisis hídrica, hay aspectos que se pueden manejar y otros que no. Lo que se puede manejar es que el Estado impulse una mayor licitación de obras para captación y acopio de agua, perfeccionar los sistemas de desalación de agua, algo que ya se está haciendo en Chile.

Son sistemas caros, pero debe haber una línea de desarrollo en ese ámbito y, por supuesto, el uso responsable del agua en términos de que haya buena concordancia entre el uso agrícola, ganadero y forestal e industrial.

Hay algunas ideas que están instaladas, pero no ejecutadas. Por ejemplo, la construcción de carreteras hídricas, aprovechar al máximo el agua que cae en invierno y se va al mar. Ahí hay temas que no son por el cambio climático, sino por la eficiencia en el uso del agua.

Un camión con agua
La comunidad ha asistido a las autoridades en las tareas de ayuda a los afectados por los incendios.

Algunos expertos plantean que las plantaciones forestales, con especies introducidas como el eucalipto o el pino, hacen que el paisaje sea más vulnerable a los incendios. ¿Comparte esa visión?

Hay una idea de que los culpables de los incendios son las plantaciones. Esa tesis podría defenderse en otros territorios donde tenemos una alta continuidad de vegetación.

Pero en una zona donde hay muchas construcciones, son otras las razones. En este caso la cantidad de viviendas, el tipo de materiales con los que se construyeron, la topografía.

Hace 70 u 80 años, cuando Valparaíso era una zona que también tenía empresas forestales, había una actividad productiva en ese ámbito, pero ya no es así.

Existen bosques adultos que han sido gradualmente reemplazados por otros usos del suelo.

Ahí el problema de los incendios es por la cantidad de combustible fino y muerto, por la basura que se genera en las quebradas, eso es básicamente lo que provoca los incendios y que quemen más rápido.

¿Cómo valora la respuesta del Estado chileno ante la emergencia? Por ejemplo, ¿se necesitan mejores naves para transportar agua? ¿Funcionan los planes de evacuación?

La disponibilidad de aeronaves es un aspecto destacable que se ha ido fortaleciendo fuertemente, tanto en adquisición como en arriendo. Lo que pasó en Valparaíso y Viña no fue un tema de falta de aeronaves, esa es una evaluación que habría que hacer a posteriori, no ahora en el momento.

La dotación de recursos va en concordancia con la magnitud de la emergencia. En ese sentido se ha avanzado mucho. Faltan otros aspectos que tienen que ver más con la organización.

Respecto a los mecanismos de evacuación, hay un sistema establecido pero muchas veces no garantiza que la gente haga caso a los mensajes de alerta temprana.

Muchas personas han decidido quedarse en sus hogares esperando que el viento cambie y que no afecte su casa o también por miedo a que le saqueen la residencia. En estas situaciones mucha gente ha muerto porque el fuego los encerró.

¿Qué va a pasar ahora? ¿Cómo será el proceso de recuperación y reconstrucción para las víctimas?

Lo que viene ahora es una labor muy fuerte de conteo de víctimas.

El Servicio Médico Legal ha estado centralizando la información para que cada institución tenga su rol claro y no se cruce con el resto de la logística.

Ahora se está en fase de remoción de escombros y eso va a tardar un buen tiempo porque fue mucha la cantidad de infraestructura que se dañó.

Luego habrá evaluaciones y será la oportunidad para poder repensar con los constructores y con los municipios una nueva forma de distribuir el espacio defendible y el espacio habitable a raíz de esta emergencia.

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