Día del Medio Ambiente: cuál es la principal amenaza biológica para la vida en la Antártida

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Focas cangrejeras descansando sobre hielo flotante
Gentileza Cancillería

En la década de 1950, se hizo un experimento en la costa oeste de la Península Antártica, donde tiempo después funcionaría la Base Primavera: se trasplantaron ejemplares de Nothofagus, que es un árbol bien adaptado al ambiente andino patagónico. Como era de esperar, los ejemplares no sobrevivieron.

Sin embargo, junto con la tierra de los plantines fueron llevadas involuntariamente semillas de Poa pratensis, que es un pasto también de origen patagónico que pudo reproducirse con éxito y crecer en un espacio confinado. En 1995, se advirtió un aumento en el área de cobertura a expensas de una de las dos plantas vasculares nativas, Deschampsia antarctica, en parte atribuido a que el clima antártico era menos riguroso.

Frente a esta situación progresiva, se decidió erradicar el Poa pratensis y en el verano de 2014 y de 2015 se extrajeron más de 500 kg de suelo y material vegetal. Al año siguiente, se comprobó que no había rebrotes de la planta exótica y que la población de hierba nativa antártica daba indicios de recuperación.

En Punta Cierva, donde actualmente funciona la Base Primavera, se produjo la invasión de pasto patagónico
Gentileza Cancilleria


En Punta Cierva, donde actualmente funciona la Base Primavera, se produjo la invasión de pasto patagónico (Gentileza Cancilleria/)

Este caso muestra los riesgos que plantean las especies exóticas. Particularmente en la Antártida, que es un continente valorado por su carácter prístino, es decir, que mantiene en alto grado las condiciones originales, previas a los cambios producidos por el ser humano.

Vida excepcional

Debido a su aislamiento, la Antártida constituye lo que se conoce como una zona de vida. Es decir, es un espacio que contiene conjuntos de animales, vegetales y microorganismos que durante millones de años han compartido su historia evolutiva ejerciendo influencias recíprocas unos sobre otros, moldeando –junto con las características físicas del ambiente– las propiedades, las formas, los comportamientos, la anatomía y la fisiología del resto de los organismos. Ese espacio está cercado por una serie de barreras a la dispersión, en especial, por el Frente Polar que rodea al continente.

El aumento de las actividades humanas en la Antártida –turísticas, logísticas, científicas, pesqueras y recreativas– implica que ese límite natural sea cruzado con mayor frecuencia por los medios de transporte, facilitando que algunas especies franqueen una barrera que por sí misma no podrían atravesar.

Las principales rutas de comunicación antártica se establecen entre América del Sur y la Península
Las principales rutas de comunicación antártica se establecen entre América del Sur y la Península


Las principales rutas de comunicación antártica se establecen entre América del Sur y la Península

Además, la distancia entre América del Sur y el norte de la Península Antártica es de apenas 1000 kilómetros. Es una posibilidad que las rutas marítimas y aéreas a través del Pasaje Drake funcionen como el principal puente biológico entre la Antártida y el resto de los continentes.

Por esta razón LA NACION consultó a la oceanógrafa Irene Schloss, que es investigadora del Instituto Antártico Argentino, del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic-Conicet) y de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego. “El Frente Polar es una barrera oceánica que transporta enormes cantidades de agua alrededor del continente Antártico, lo que dificulta el intercambio de aguas entre la región subantártica y la antártica y determina condiciones contrastantes al norte y al sur. Una especie, para invadir exitosamente la Antártida, no solo tiene que poder atravesar ese límite natural sino, una vez arribado, sobrevivir a las condiciones australes y reproducirse. Son muchas las instancias que tiene que superar. En la medida que el Frente se desplace hacia el sur o que las aguas antárticas se calienten y disminuya la diferencia de temperatura entre el norte y el sur, esa barrera se irá debilitando. Entonces habrá especies que podrían atravesarla, algunas de las cuales luego también podrían prosperar y convertirse en lo que conocemos como especie exótica invasora”.

Casa móvil congelada en Península antártica, de Greg Lecoeur de Niza , Francia
bigpicturecompetition.org


Las especies antárticas están evolucionaron en forma conjunta, adaptándose a condiciones ambientales únicas (bigpicturecompetition.org/)

El Convenio sobre Diversidad Biológica, que es uno de los marcos referentes más importantes para la conservación de la biodiversidad a nivel mundial, define a las especies exóticas invasoras como plantas, animales, agentes patógenos y otros organismos que no son nativas de un ecosistema, y que pueden causar daño económico o medioambiental o afectar negativamente a la salud humana.

Especies exóticas invasoras

“Las invasiones biológicas son como grandes incendios, pero incendios que no se apagan. Una vez que una especie consigue establecerse en un lugar, hay que actuar rápidamente para frenar su expansión. En estos casos el tiempo está del lado del problema. Además, una invasión biológica es un daño que no se percibe como tal y, por lo tanto, es una amenaza doblemente grave”, señala el biólogo Sergio Zalba, docente en la Universidad Nacional del Sur y en la Universidad Tecnológica Nacional, e investigador principal del Conicet. Además, integra el Grupo de Especialistas en Especies Invasoras de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Zalba aclara: “No todas las especies introducidas se vuelven invasoras y, de hecho, muchas de las especies que utilizamos en producción agrícola, forestal, ganadera, o las especies que tenemos en nuestros jardines son especies exóticas, que no tienen la capacidad de escaparse de la cría o el cultivo y de colonizar ambientes naturales o seminaturales. Es por eso que, en realidad, el problema no es el origen de las especies. No se trata de una suerte de nacionalismo biológico que discrimina las especies que llegan de otra región por sobre las que son propias de nuestros ecosistemas. Lo que nos preocupa es ese subconjunto de especies exóticas que consiguen transformarse en invasoras, que escapan de los lugares donde nosotros las introducimos y que, por sus propios medios, son capaces de colonizar y afectar los ecosistemas nativos”.

Una de las razones por la que las especies pueden tornarse invasoras es porque sus enemigos naturales quedan en sus áreas de origen. Los predadores, los parásitos, los patógenos, no viajan con las especies introducidas, por lo tanto, su capacidad de reproducirse y de avanzar se ve multiplicado porque no hay un freno biológico que las contenga y que reduzca su potencial de dispersión. Este comportamiento con frecuencia afecta negativamente a las especies nativas, que corren el riesgo de extinguirse, de perderse o disminuir su tamaño poblacional.

Las invasiones biológicas constituyen en todo el mundo una amenaza a la biodiversidad, ya que ponen en riesgo la supervivencia de las especies y son responsables de grandes cambios en la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas. Son un asunto de tal magnitud que la Meta 9 de Aichi para la Diversidad Biológica y una cláusula del Objetivo de Desarrollo Sostenible 15 de la ONU: Vida en la Tierra están dedicadas a este problema.

En la Antártida, más del 99% del continente está cubierto de hielo. El 1% restante es parcialmente ocupado por especies vegetales, hongos y por animales que cumplen su ciclo anual de migración, apareamiento y cría. Algunos de estos lugares también son elegidos para instalar bases científicas, actividades turísticas y son sensibles al cambio climático en las que se pueden crear nuevas condiciones para el establecimiento de especies oportunistas.

En los últimos años se observó que las mayores temperaturas están haciendo retroceder los glaciares, liberando las costas y facilitando la formación de suelo. La posibilidad de que una semilla llegue, germine y prospere es mayor a que si la costa estuviera cubierta de hielo.

Son escasas las zonas emergidas libres de hielo donde aves y mamíferos pueden formar colonias y tener acceso al alimento marino
Fernando Gutierrez


Son escasas las zonas emergidas libres de hielo donde aves y mamíferos pueden formar colonias y tener acceso al alimento marino (Fernando Gutierrez/)

Estudios recientes demuestran que la cantidad de posibles nichos disponibles para la colonización de especies exógenas en la Antártida, especialmente en la Península, es superior a lo previsto. Lo cual, en un contexto de cambio climático, agrava el problema “porque en caso de que esa especie llegue, sobreviva y se reproduzca, va a tener que competir por los recursos con las especies nativas. Si la especie invasora es buena competidora va a tener características que le permitan reproducirse mejor que las especies locales, que tal vez están adaptadas a un rango estrecho de temperaturas o a condiciones ambientales muy precisas. En consecuencia, una especie que es más generalista y que es capaz de adaptarse a un amplio rango de condiciones, las termina desplazando”, detalla Schloss.

En respuesta a las mayores presiones concentradas en el noroeste de la Península Antártica, la Argentina y Chile propusieron en forma conjunta que se creara un Área Marina Protegida que actualmente está a consideración de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (Ccrvma).

Hasta la fecha, solo 11 especies de invertebrados no nativos, incluidos colémbolos, ácaros, una mosquita y una lombriz de tierra, se han establecido en distintos lugares en las islas Orcadas y el norte de la Península.

Cambio de hábitos

Toda la Antártida está bajo presión. El Sistema del Tratado Antártico debate sus asuntos ambientales en el Comité de Protección Ambiental (CPA), donde se establecen medidas y normas según una agenda de trabajo. El punto de máxima prioridad de esa agenda corresponde a las especies exóticas.

Sin embargo, esta preocupación es bastante reciente. Recordemos las imágenes de los ponis manchurianos usados como medio de transporte o los perros siberianos tirando de trineos. El Ejército Argentino criaba una raza específica para expediciones antárticas. Según comentan Agustina Larrea y Tomás Balmaceda en su libro Antártida. Historias desconocidas e increíbles del continente blanco, “un viejo dicho popular sostiene que la patria ‘se hizo a caballo’. Los antárticos más avezados probablemente difieran y sumen al perro como otro de los factores clave para el armado y la ampliación de la soberanía argentina en un terreno por momentos muy hostil”.

Los pioneros. Primer cruce de la península antártica, realizado en 1952 por la dotación de la base San Martín
Instituto Antártico Argentino


Los pioneros. Primer cruce de la península antártica, realizado en 1952 por la dotación de la base San Martín (Instituto Antártico Argentino/)

Recién con el Protocolo de Madrid, firmado en 1991 y puesto en vigencia en 1998, se prohíbe la introducción intencional de especies no nativas a la Antártida, excepto que sea permitido por autoridad competente (Anexo II). Ese acuerdo internacional marca un antes y un después. Se pasa de una situación, en la que está permitido el traslado de cualquier especie, a otra, en la que está prohibido o muy restringido.

La autoridad argentina que supervisa la aplicación del Protocolo de Madrid es el Programa de Gestión Ambiental y Turismo de la Dirección Nacional del Antártico (DNA) cuyo Jefe, Martín Díaz, ofrece detalles sobre una de las solicitudes que tienen en estudio. “Actualmente en la Base Marambio se está terminando de construir, junto al INTA [Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria] Río Gallegos, un módulo para cultivar frutillas, tomates, lechuga y otros vegetales de hoja para la gente que está en la Antártida y pasa un año sin poder comer una ensalada fresca. Eso tiene un valor muy alto. Cuando esté terminado el módulo, con todas las medidas de bioseguridad, recién se va a autorizar que se lleven semillas que no son nativas”.

Rábanos cultivados en el módulo de la base alemana Neumayer Station III en la Antártida, que simula las condiciones que podría experimentar un cultivo en una estación extraterrestre
DLR


Rábanos, madurando en un módulo de cultivo, como fuente de alimentos frescos para el personal antártico (DLR/)

Existe un acuerdo general en el uso limitado de los permisos. El problema está en la introducción no intencional de organismos. Para controlarlo, se redactaron manuales con procedimientos para cruceros turísticos y buques logísticos, directrices para visitantes, listas de chequeo para limpieza de equipaje personal, y métodos de embalaje de suministros para las bases, entre otros.

Desde la firma del Protocolo de Madrid, en 1991, también hubo cambios. “En 30 años pasamos de ‘no traer nada exótico’ a la situación actual de ‘no traer nada exótico y ser más estrictos en los cuidados, porque el problema es lo que se trae inadvertidamente’”, señala Díaz.

Que en una base antártica aparezca una polilla en un envase de harina o colémbolos en una granja hidropónica o una semilla de Poa pratensis, pasó de ser algo inocente a ser algo serio, que puede llevar mucho esfuerzo erradicar.

El Área del Tratado Antártico está constituido al sur de los 60º de latitud sur. Dentro de ese perímetro la Dirección Nacional del Antártico puede aplicar medidas de prevención. Sin embargo, el problema de la introducción de especies exóticas se origina fuera de ese límite, donde existen otras autoridades de aplicación y no siempre se usan los mismos protocolos.

“La amenaza de las especies invasoras sobre la biodiversidad es tan fuerte, tan grande, que no puede haber conservación efectiva si no tenemos una estrategia, una política pública para enfrentarla”, señala Zalba. En ese sentido, el actual desafío que enfrenta la Dirección Nacional del Antártico es implementar un programa de gestión ambiental aplicable a todos los medios de transporte, a sus cargas y pasajeros, previamente a su ingreso al Área del Tratado; porque los riesgos existen y hay numerosos indicios de que aumentarán.

Postal antártica: pingüinos y un gran paisaje helado.
Rafael Calviño


Los medios de transporte deben cumplir normas estrictas para reducir las posibilidades de introducción de especies exóticas (Rafael Calviño/)

Los investigadores consultados coinciden en que hay evidencia de un aumento de las presiones de origen humano sobre los ecosistemas y que, en consecuencia, hay una migración de especies a distintas velocidades hacia los polos y hacia zonas más altas. Es razonable preguntarse hasta qué punto el esfuerzo por conservar a las comunidades antárticas libres de invasiones no es una nueva presión humana aunque, esta vez, en sentido contrario.

Cada vez será más difícil diferenciar cuándo una especie recién llegada es producto, por ejemplo, del transporte accidental auxiliado por los humanos, de cuándo esa especie responde por sus propios medios a los cambios antrópicos del clima y prospera en un nuevo ambiente. La respuesta que se dará en los dos casos seguramente será distinta aunque alineada con los principios consagrados en el Sistema del Tratado Antártico: uso exclusivo del continente para fines pacíficos, cooperación internacional en la investigación científica y protección ambiental.

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