Crisis a la italiana: Conte renuncia para intentar sobrevivir políticamente

Elisabetta Piqué
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ROMA.- Debilitado después de la salida la semana pasada de Italia Viva, el pequeño partido de Matteo Renzi de su coalición de gobierno, el primer ministro, Giuseppe Conte, presentará mañana su renuncia ante el presidente italiano Sergio Mattarella. Conte abrirá, así, formalmente una crisis política que muchos esperan sea "piloteada" o relámpago, en la que buscará recibir del presidente un tercer encargo para formar un "Conte Ter" -un tercer gobierno liderado por él, quizás de "salvación nacional"-, pero basado en una mayoría sólida, que incluiría otras fuerzas políticas.

Aunque esperada después de haber sobrevivido al filo de la navaja a una votación de confianza en el Parlamento que certificó que ya no tenía en el Senado una mayoría absoluta, la decisión de Conte significó un nuevo terremoto en Italia.

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El país, en efecto, se encuentra en plena pandemia de coronavirus -que hoy se cobró otras 420 vidas-, con una campaña de vacunación que comenzó bien pero ahora semi-paralizada por un retraso en la entrega de las dosis de las grandes multinacionales farmacéuticas y de rodillas por una crisis económica cada vez más devastadora. Un marco explosivo, en el cual la opinión pública y la Unión Europea (UE) asisten atónitas a una inexplicable división entre las fuerzas políticas, en momentos en que deberían concentrarse en la emergencia sanitaria y en buscar consensos.

La UE ya advirtió la semana pasada que veía con preocupación la inestabilidad política de Italia, justo en momentos en que debe preparar un plan detallado sobre cómo y cuándo gastará el extraordinario fondo de 209.000 millones de euros prometidos para la reconstrucción de la post-pandemia por el bloque.

Conte, un abogado de 56 años, salió del anonimato en junio de 2018 para liderar un primer gobierno formado por una alianza contranatural entre el antisistema Movimiento Cinco Estrellas (M5E) y la derechista Liga. Esta colapsó un año más tarde, por lo que en septiembre de 2019 Conte pasó a liderar un segundo gobierno (el "Conte bis"), esta vez basado en una inédita alianza entre el M5E y el Partido Democrático (PD) de centroizquierda.

Ahora, Conte se vio obligado a decidirse por la carta de la "dimisión" en un intento de sobrevivir políticamente. Conte, en efecto, sabía que en una votación en el Senado prevista para este miércoles, en la que su ministro de Justicia, Alfonso Bonafede, tenía que dar un informe anual, su gobierno iba a colapsar. A diferencia del martes pasado, cuando en el Senado, después de una jornada de suspenso y gracias a la abstención de Italia Viva, logró sumar 156 votos -mayoría relativa- para superar una moción de confianza, esta vez no lo iba a lograr. Bonafede y sus reformas, de hecho, son más que cuestionados y algunos senadores que el martes decidieron actuar responsablemente y votar en su favor, esta vez no iban a poder hacerlo.

Como esa votación iba seguramente a hundir a su gobierno y obligarlo a renunciar, es decir, como indican los ritos de la liturgia parlamentaria de Italia, iba a tener que "subir" al Palacio del Quirinal para presentar su dimisión, aconsejado por el PD y el M5E, Conte se anticipó a los hechos.

"Ha sido convocado para mañana a las 9 el consejo de ministros en el curso del cual el presidente del consejo, Giuseppe Conte, comunicará a los ministros la voluntad de ir al Quirinal para presentar su dimisión. Acto seguido, el presidente Conte se reunirá con el presidente de la República, Sergio Mattarella", indicó, pasadas las 19 locales, un comunicado de Palazzo Chigi, sede del gobierno, que demostró que Conte va a pelear hasta el final para seguir en el poder.

Se espera que Mattarella, el gran árbitro en situación de crisis y con quien Conte estuvo la semana pasada después de superar la moción de confianza en el Parlamento, le de otra oportunidad. Como nadie quiere el escenario de elecciones anticipadas -consideradas irrealizables en plena pandemia y en las que ganaría la derecha soberanista de Matteo Salvini, de la Liga y de Giorgia Meloni, de Hermanos de Italia-, la apuesta es que Mattarella le de a Conte un nuevo encargo. El objetivo es formar otro gobierno de coalición, más sólido, sumando a otras fuerzas políticas -de centro, aunque también de derecha moderada- al extraño matrimonio entre el M5E y el PD.

La idea es sellar un "pacto de fin de legislatura", es decir, un programa consensuado de gobierno hasta 2023 -cuando terminan los 5 años de legislatura-, en el que la prioridad será la emergencia sanitaria y el denominado Recovery Plan, el plan para gastar la cifra colosal prometida por la UE, considerada a todas luces una ocasión única para Italia.

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En un marco de enorme incertidumbre por lo que vendrá, el gran interrogante es qué hará Renzi, el expremier florentino y líder de Italia Viva -partido que no cosecha más del 2% de las adhesiones, según sondeos-, el gran culpable de esta crisis. Tanto Conte, como el PD y el M5E no quieren saber más nada con él, porque ya no es confiable. Pero la tropa de su pequeño partido, ante el fantasma de elecciones anticipadas, podría cambiar de idea. Y también el propio Renzi, que siempre quiso la renuncia de Conte, podría dar un giro. En el seno del PD, el partido original del exalcalde de Florencia, en efecto, hay quienes apuestan a un fin de las hostilidades y una reconciliación.

Habrá que esperar. Lo único cierto es que en la intrincada política italiana nunca hay que decir nunca y que todo es posible.