La crisis global de alimentos pone a prueba la determinación de Occidente para mantener las sanciones a Rusia

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Almacén de granos cerca de Leópolis, Ucrania, el 17 de mayo de 2022. Rusia y Ucrania juntas exportan cerca del 30 por ciento del trigo del mundo. (Diego Ibarra Sanchez/The New York Times)
Almacén de granos cerca de Leópolis, Ucrania, el 17 de mayo de 2022. Rusia y Ucrania juntas exportan cerca del 30 por ciento del trigo del mundo. (Diego Ibarra Sanchez/The New York Times)

WASHINGTON — La semana que Rusia invadió Ucrania, el precio del pan aumentó el 35 por ciento en Yemen. Durante los últimos meses, la falta de granos motivó la paralización de la actividad en los molinos de trigo y el cierre de las panaderías en Líbano. Y, en Kenia, hay una escasez de aceite de cocina.

Mientras Estados Unidos y Europa planean su siguiente ronda de sanciones para dejar a Rusia sin los ingresos que financian su guerra, hay una preocupación cada vez mayor de que las repercusiones estén acrecentando un alarmante problema de seguridad alimentaria en todo el mundo que no será fácil de revertir. Los legisladores han estado trabajando con celeridad a fin de diseñar planes para crear cadenas de suministro y ofrecerles a los países en desarrollo financiamiento para sus alimentos, pero los elevados costos de los energéticos junto con las limitadas exportaciones de Rusia y Ucrania amenazan a algunas de las poblaciones más vulnerables del mundo.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha aprovechado y agravado la crisis al detener las exportaciones de alimentos y granos de esa región y usa el desabasto como presión sobre Occidente para que suspenda sus sanciones. Hasta ahora, altos funcionarios de Estados Unidos y Europa han rechazado esa opción al mismo tiempo que también debaten cómo ampliar las sanciones sin aumentar los daños colaterales.

La participación fundamental de esa región en la cadena de suministro de alimentos ha tenido un efecto en cascada al impulsar el aumento de los precios de los alimentos a nivel mundial. Gran parte de los granos y fertilizantes del mundo proceden de Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Rusia y Ucrania juntas exportan cerca del 30 por ciento del trigo del mundo y el 75 por ciento de su aceite de semillas de girasol. La reducción de esos suministros, junto con la incertidumbre acerca de la duración y el alcance de las sanciones de Occidente, ha hecho que otros gobiernos detengan las exportaciones para que los países puedan acumular sus mercancías.

Este mes, el presidente Joe Biden mencionó que estaba trabajando en un plan para construir graneros temporales en las fronteras de Ucrania y Polonia, de tal modo que el grano que Rusia no deja que se traslade por el mar Negro pueda transportarse por ferrocarril a Europa y otros lugares.

“Estoy trabajando mucho con nuestros socios europeos para llevar al mercado 20 millones de toneladas de grano que están detenidas en Ucrania con el fin de contribuir a que bajen los precios de los alimentos”, señaló Biden en una convención de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales. “Pero eso se lleva algún tiempo”.

En su último informe de las Perspectivas Económicas Mundiales, el Banco Mundial señaló que casi la mitad de la población de los países de bajos ingresos enfrenta un desabasto de alimentos, lo cual casi siempre conduce a una inestabilidad social.

Descarga de fertilizantes de un buque carguero ruso en el puerto de Santos en São Paulo, Brasil, el 27 de abril de 2022. El incremento de precios de los fertilizantes está aumentando la magnitud del desabasto de alimentos. (Victor Moriyama/The New York Times)
Descarga de fertilizantes de un buque carguero ruso en el puerto de Santos en São Paulo, Brasil, el 27 de abril de 2022. El incremento de precios de los fertilizantes está aumentando la magnitud del desabasto de alimentos. (Victor Moriyama/The New York Times)

“En algunas regiones, hay un enorme riesgo de desnutrición y de una situación de hambre cada vez más profunda e, incluso, de hambruna”, explicó David Malpass, presidente del Banco Mundial, cuando a principios de junio advertía acerca de una estanflación a nivel mundial.

Por lo general, la población de las economías emergentes gasta casi todo su presupuesto diario en alimentos y ese gasto está aumentando. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en mayo, los precios de los alimentos aumentaron casi un 30 por ciento de lo que costaban hace un año y se elevaron todavía más por los precios al alza del cereal y la carne.

Los precios en aumento de los fertilizantes, inducidos por las sanciones a Rusia y Bielorrusia, junto con los elevados precios de los energéticos en el mundo, están agravando la magnitud del desabasto alimentario al hacer que resulte más caro producir y transportar alimentos en todo el mundo.

“Sin fertilizantes, el desabasto irá del maíz y el trigo a todos los cultivos básicos, como el arroz, y tendrá un impacto demoledor para miles de millones de personas en Asia y también en Sudamérica”, señaló António Guterres, secretario general de la ONU.

El incremento de los precios está provocando nuevas oleadas de proteccionismo. Países como Indonesia, la India y Malasia han restringido sus exportaciones de aceite de cocina, trigo y pollo a fin de proteger sus mercados internos. De acuerdo con el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, alrededor de 20 países tienen algún tipo de control de sus exportaciones para reducir el efecto de los elevados precios de los alimentos.

Este problema es preocupante sobre todo porque gran parte de la crisis alimentaria se puede atribuir al sabotaje de Rusia.

“Es la guerra la que está provocando que esto suceda”, dijo en una entrevista Paschal Donohoe, ministro de Finanzas de Irlanda. “Pero los legisladores de Europa, Estados Unidos y del Grupo de los Siete son muy conscientes de los peligros; en especial, los que, posteriormente en este año, podrían enfrentar los países en desarrollo con respecto a la seguridad alimentaria”.

Donohoe, quien también es presidente del Eurogrupo, un grupo de ministros de Finanzas europeos, mencionó que los legisladores están trabajando para diseñar las sanciones del tal modo que se reduzca al mínimo la inflación alimentaria. En Estados Unidos, el Departamento del Tesoro ha emitido varias excepciones a las sanciones, o licencias generales, que tienen como fin permitir que siga habiendo exportación de alimentos.

A pesar de estos esfuerzos, hay quienes temen que las iniciativas de castigar a Rusia estén teniendo efectos colaterales no deseados.

Este mes, la Unión Europea aprobó un nuevo paquete que prohibirá las importaciones de la mayor parte del petróleo ruso. Con el fin de endurecer las restricciones, también está introduciendo de manera progresiva un veto de las aseguradoras marítimas de los barcos cargueros de Rusia, que es una medida destinada a entorpecer la capacidad de Rusia de reorientar su petróleo a otras partes del mundo.

A medida que la guerra en Ucrania se rezaga y el desabasto de alimentos empeora, es probable que sea mayor el debate sobre la posibilidad de reducir algunas sanciones, si esto puede evitar hambrunas.

Ian Mitchell, del Centro para el Desarrollo Global, afirmó que Ucrania se había convertido en un imán de la ayuda humanitaria a nivel global en perjuicio de los países de bajos ingresos en Medio Oriente, África y Centroamérica que ya estaban enfrentando inseguridad alimentaria y que ahora deben hacer frente a precios más elevados. Mitchell sostuvo que se debería hablar sobre una exención de las sanciones.

“Se debe considerar con seriedad si hay algunas concesiones al margen que combatan esa adversidad, incluso cuando es evidente quién es el agresor en la guerra”, señaló Mitchell. “¿La reducción de algunas de estas sanciones en verdad tendrá una incidencia drástica en los cálculos de Rusia?”.

Según los analistas, ese dilema es precisamente con lo que está contando Putin.

“Es reprobable que Rusia mantenga secuestrado el suministro de alimentos”, señaló Alex Zerden, exfuncionario del Departamento del Tesoro en los gobiernos de Obama y Trump. “El hecho de que estén tratando de negociar la reducción de sanciones para que haya algunas exportaciones de granos demuestra que Rusia puede aumentar de manera unilateral el suministro de alimentos a nivel mundial para ayudar a quienes están en mayor peligro”.

© 2022 The New York Times Company

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