Qué son los interferones y por qué se han descubierto como posible arma contra el Covid-19

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Microfotografía que muestra 4 virones del SARS-CoV-2 en primer plano. (Crédito imagen: NIAID-RML, vista en Wikipedia).
Microfotografía que muestra 4 virones del SARS-CoV-2 en primer plano. (Crédito imagen: NIAID-RML, vista en Wikipedia).

Mientras distintos equipos de inmunólogos se dejan la piel en los múltiples proyectos de vacunas contra el COVID-19, activos en todo el mundo en estos momentos, muchos otros médicos intentan dar con tratamientos que puedan mitigar los efectos de este mal en aquellos que ya se han infectado.

Y es que la estrategia de este “astuto” virus para evitar el azote del sistema inmunológico, parece que pasa por anular la acción de unos vigías especiales a los que llamamos interferones. Estas proteínas señalizadoras, que forman parte de nuestro escudo contra las infecciones, interfieren en el ciclo vital de los virus, y de ahí viene su nombre precisamente.

Además de sus propiedades antivirales, los interferones son especialmente importantes por su poder de convocatoria de ciertos “soldados letales” que engrosan las filas de nuestro sistema inmunológico: las así llamadas células NK (del inglés “Natural Killer”).

La función de estas células asesinas (en realidad una variedad de glóbulo blanco del tipo linfocito) es la de destruir a las células infectadas y cancerosas, atacando para ello su membrana plasmática.

Como el coronavirus es especialmente hábil debilitando a los interferones, el sistema inmunológico de algunos infectados (especialmente los que sufren síntomas más severos) se ve privado de la ayuda de las células NK. En nuestro cuerpo, este sistema es tanto la sirena que alerta de un ataque aéreo, como el cuerpo de protección civil que se acerca a socorrer. Sin duda esta es una de las claves del éxito de estrategia del SARS-CoV-2.

En base a este conocimiento, en la actualidad se están llevando a cabo varios estudios encaminados a averiguar una cosa: ¿se podría evitar que el COVID-19 se agrave administrando interferón a pacientes en fase temprana de infección?

Existen varios estudios recientes que parecen reforzar esta tesis, ya que se ha descubierto que los niveles de interferón son especialmente bajos en los pacientes que muestran los peores cuadros de COVID-19. De hecho, tal y como sostiene Benjamin Terrier (miembro del equipo francés responsable de un trabajo publicado en Science el mes pasado): “cuanto menos interferón de tipo-1 producía un paciente, más grave era su estado”.

Otro microbiólogo estadounidense llamado Benjamin tenOever, participó en un trabajo con conclusiones similares publicado en la revista Cell. En su opinión: “este virus es muy activo reprimiendo tanto la producción como la secuenciación de inteferones”.

Molécula del interferón β-1a. (Crédito ilustración: Wikipedia).
Molécula del interferón β-1a. (Crédito ilustración: Wikipedia).

Por eso, muchos especialistas en medicina comienzan a preguntarse si no podrán utilizar este conocimiento para contrarrestar la estrategia del virus, administrando versiones sintéticas del interferón a los infectados en cuanto sea posible. ¿Os acordáis de mi historia sobre los tres profesores que se hicieron millonarios con el interferón beta? Pues seguro que están de lo más interesados en que este enfoque funcione.

De hecho, los primeros trabajos realizados por la empresa fundada por ellos, Synairgen, sugieren que la administración de interferón inhalada, reduce las opciones de desarrollar casos graves de COVID-19 en comparación con lo visto en aquellos que recibieron un placebo.

En los Estados Unidos, el NIH (institución pública centrada en la investigación médica) comenzará este mes un ensayo clínico con inyecciones de interferón a pacientes infectados por COVID-19. La idea es administrarles a diario la versión sintética del interferón, durante la primera semana de hospitalización. Por lo que puedo leer, pretenden que en el ensayo participen 1.000 pacientes de un centenar de hospitales de todo el mundo que estén enfermos, pero que no estén conectados a respiradores.

Además, algunos pacientes recibirán así mismo Remdesivir, el antiviral del que tanto se oye hablar últimamente. El objetivo de este estudio, que durará hasta noviembre de 2023, es determinar si el interferón beta-1a es realmente útil.

Pero ojo, que tenga potencial no significa que vaya a ser la panacea. Al igual que el Remdesivir, que provoca daños en los riñones, el interferón también tiene sus puntos débiles. En primer lugar, parece que solo es útil en las fases tempranas de la enfermedad, una ventana de oportunidad breve y que suele darse antes de que un enfermo sea hospitalizado. Y sí, también tiene efectos secundarios: provoca dolores musculares, fiebre y otros síntomas relacionados con las infecciones por gripe. La buena noticia es que es muy abundante ya que se usa en el tratamiento contra varias enfermedades, como la esclerosis múltiple.

En fin, sea como sea, la ciencia continúa su batalla contra el COVID en esos dos frentes, el preventivo (las vacunas) y el activo (fármacos atenuadores de sus síntomas). Solo nos queda esperar y confiar en el trabajo de todos los científicos, y ya sabes... el primer paso es seguir las indicaciones de las autoridades: ponte la mascarilla, lávate las manos frecuentemente y evita aglomeraciones.

Me enteré leyendo Washington Post.

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