Cosas que te gustan pero que dañan la salud de tu pene y empeoran el desempeño sexual

Igual no has caído, pero hay ciertos hábitos poco saludables que pueden arruinar tu vida sexual

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Más allá del tamaño, lo que (de verdad) les preocupa a los hombres es no dar la talla, pero en otro sentido. En el del gatillazo y la eyaculación precoz. Dos temas arduo delicados en los que intervienen un montón de factores desde los psicológicos (baja autoestima y estrés) hasta los dietéticos. 

Bueno, en realidad, todo influye a la hora de demostrar tus dotes amatorias… y por cierto, hablamos de hombres con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años, así que ¡ojito! 

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1. Engullir comida basura

No pasa nada por admitirlo. Todos disfrutamos comiendo pizza, bocatas, hamburguesas y cualquier tipo de comida basura, porque está hecha para que caigamos. Es atractiva a la vista (a pesar de ser grasienta), sabrosa, saciante y ¡barata!

Pero una dieta desequilibrada influye de forma negativa en la capacidad para mantener una actividad sexual satisfactoria. El exceso de peso y la obesidad causan desórdenes metabólicos que pueden desembocar en enfermedades relacionadas directamente con la disfunción eréctil como la diabetes o problemas cardiovasculares. 

Entre otras cosas, no comer de manera saludable puede hacer que se bloquee la circulación de sangre debido a la ingesta excesiva de grasas y el colesterol; uno de los factores determinantes en la disfunción eréctil.

Aquí lo tenemos fácil porque la dieta mediterránea contiene todos los nutrientes necesarios para el organismo funcione a pleno rendimiento. Los alimentos más recomendados para ‘asegurar’ la virilidad son: plátanos, cebolla, ajos, huevos, ácidos omega y vitamina B1.

2. Ser fumador

¿Sabías que más del 60% de los fumadores padece disfunción eréctil? “El que ha fumado muchos años tiene cambios ‘irreversibles’ en el sistema cardiovascular que afectan también a su función sexual”, nos cuentan desde la Asociación Española de Urología (AEU). 

Además, la producción de espermatozoides se deteriora con el hábito de fumar, lo cual produce alteraciones en la fertilidad. 

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Otro dato: El 16.5% de los hombres menores de 35 años que padecen disfunción eréctil se debe al excesivo consumo de tabaco.

Los especialistas advierten de que la nicotina está directamente relacionada con la incapacidad del hombre para conseguir una erección, debido a que funciona como un vasoconstrictor que afecta al sistema vascular del pene, reduciendo el flujo sanguíneo que recibe. 

Esta obstrucción progresiva que provoca el tabaco en las venas y las arterias acaba produciendo un significativo deterioro de los vasos sanguíneos que termina por originar impotencia. 

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El riesgo se incrementa cuanto mayor es la cantidad de cigarros consumida y el número de años fumando.

Para que se produzca una erección es necesario que grandes cantidades de flujo sanguíneo penetren en las arterias del pene. Entonces, el sistema venoso del pene se comprime para retener la sangre, que queda atrapada en unas cavidades denominadas senos cavernosos, y así es como se mantiene la erección. Un proceso que se ve alterado en los fumadores por efecto del tabaco, y por esto tienen dificultades no solo para iniciar la erección, sino también para mantenerla el tiempo necesario. 

Por este motivo es muy importante que el fumador tome conciencia de su situación y consulte al urólogo a fin de descartar cualquier posible complicación.

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3. ¡No hacer nada! 

Qué placer tan grande tener tiempo libre para malgastarlo, ¿verdad? Sin embargo, la falta de actividad física está entre las causas de impotencia, según un estudio del American College of Physicians. 

Tras analizar los estilos de vida de más de 30 mil hombres, los investigadores subrayaron que sentarse a ver televisión diariamente durante varias horas es la “actividad” más perniciosa y nociva para la erección.

Por el contrario, permanecer delgado y activo (con una actividad física moderada o intensa) es lo más saludable, puesto que el pene funciona en los momentos de erección de forma muy parecida al corazón (demandando una gran cantidad de sangre), con lo que cuanto más ejercicio y menos grasas se consuman, mejor será el flujo de la misma, y estos órganos tendrán también una mejor respuesta.

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El sedentarismo es un factor de riesgo para desarrollar una disfunción eréctil mientras que practicar ejercicio regularmente tiene numerosos beneficios ya que disminuye las posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares, y prevenir este tipo de dolencias supone una protección adicional contra la disfunción sexual.

4. Salir hasta las tantas (y no parar de beber)

Solemos aprovechar cualquier excusa para tomar una cañita y alternar por ahí con los amigos (forma parte de nuestra cultura), pero hay que saber dónde está el límite.

El alcohol produce una interrupción de la erección, independientemente de la dosis tomada, ya que inhibe el buen funcionamiento del sistema nervioso central, el cual está implicado directamente en la respuesta del estímulo sexual.

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Según concluye un estudio de Boston Medical Group, clínicas médicas especializadas en el tratamiento de disfunciones sexuales masculinas: “ El alcohol retarda, distorsiona y enlentece la percepción y respuesta de nuestros sentidos como reflejos, visión, audición o respuesta sexual, ya que deprime el funcionamiento del sistema nervioso central”.

Y esto ocurre tanto en bebedores ocasionales como habituales. Así que dejémonos de falsos mitos como creer que el alcohol mejora la capacidad sexual. Lo cierto es que el consumo de alcohol provoca trastornos en los mecanismos de la erección, produciendo disfunción eréctil transitoria o crónica.

Vale que tomar una copita te ayuda a entonarte, calma los nervios previos y produce sensaciones positivas porque desinhibe y puede despertar ciertos estímulos eróticos, pero estas sensaciones se producen con un consumo moderado, lo que equivale a dos copas. Sobrepasar estos límites puede dificultar las relaciones interpersonales e interfiere en la capacidad de mantener una erección adecuada.

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Dicho lo cual, esperamos que sigas disfrutando (y mucho) de los pequeños placer de la vida, pero con moderación.