Si la Corte Suprema da marcha atrás en el tema del aborto, estará corrigiendo graves errores | Opinión

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Gracias a las decisiones judiciales Roe v. Wade y Casey v. Planned Parenthood, vivimos en una nación en la que las leyes sobre el aborto se encuentran entre las más liberales de las democracias occidentales.

Si la opinión “filtrada” es correcta y la Corte Suprema está dispuesta a revocar tanto Roe v. Wade como Casey v. Planned Parenthood, la corte corregirá por fin dos decisiones erróneas. Como señaló el profesor de derecho de la Universidad de Notre Dame, O. Carter Snead: “La jurisprudencia de la corte sobre el aborto ha impuesto durante décadas a la nación, sin justificación constitucional, un régimen extremo, incoherente y profundamente injusto, de acuerdo con un razonamiento engañoso y con reglas, normas y fundamentos que cambian constantemente”.

El caso ante la más alta corte de la nación, Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization, es una apelación de Mississippi para mantener su prohibición de los abortos después de las 15 semanas de embarazo. La Corte Suprema escuchó los argumentos orales de este, su mayor caso sobre el aborto en décadas, el 1ro. de diciembre de 2021.

La decisión “oficial” de la corte no se espera hasta junio o julio de 2022. Los defensores del actual régimen del aborto están prediciendo histéricamente “la perdición y la oscuridad” si la corte se pone del lado de Mississippi como sugiere el documento filtrado. Aunque los activistas provida se alegrarán si se anula Roe, esta eventualidad no acabará con el aborto en Estados Unidos. Pero devolvería la toma de decisiones sobre la política del aborto al pueblo y a sus representantes elegidos. Los activistas provida esperan que el desmantelamiento de Roe permita que la legislación que protege al no nacido avance y sobreviva a los desafíos constitucionales en el futuro.

En 1973, la Corte Suprema ignoró los hechos de la vida humana en el útero, así como los hechos sobre los efectos negativos del aborto en las mujeres, para encontrar un “derecho” constitucional al aborto.

La legalización del aborto fue una consecuencia de la revolución sexual de los años 60, que ha causado estragos en nuestra cultura contemporánea. Dos generaciones crecieron con la noción, alimentada constantemente por los mensajes de los medios de comunicación, de que el sexo es una mera “actividad recreativa” que puede practicarse sin pensar en posibles consecuencias como el embarazo o el daño emocional.

El aborto no es una solución

La “revolución sexual”, al separar el vínculo entre la actividad sexual y la procreación, provocó la ruptura de las familias y la devaluación de la vida del niño no nacido. El aborto fue visto como la solución a un problema imprevisto, una posición de repliegue si la anticoncepción fallaba o no se usaba. Pero el aborto no es una solución, ni un derecho. Es un error, un grave error que ha acabado prematuramente con la vida de más de 60 millones de almas solo en este país desde 1973.

Sin duda, anticipándonos a la revocación de Roe, los “provida” debemos redoblar nuestros esfuerzos para acompañar a las mujeres y parejas que se enfrentan a embarazos inesperados o difíciles. La protección legal del no nacido debe ir acompañada también de una mayor atención a las madres y a sus hijos, para que quede claro que optar por la vida no es un obstáculo para la felicidad ni una carga para la sociedad. Una sociedad que opta por la vida mira al futuro con esperanza. Puede ser una sociedad en la que una mujer nunca se vea obligada a elegir entre su futuro y la vida de su hijo.

Mientras esperamos el verano y el fallo de la corte, seguimos rezando para que se ponga fin al aborto legalizado; y pedimos a Dios que sane y reconcilie a quienes han quedado marcados por el aborto, especialmente a las madres que vieron erróneamente el aborto como una “solución” a un problema.

La Santa Madre Teresa de Calcuta dijo, en un Desayuno Nacional de Oración en 1994, en presencia de Bill Clinton, entonces presidente de Estados Unidos: “Cualquier país que acepte el aborto no está enseñando a su pueblo a amar, sino a usar cualquier violencia para conseguir lo que quiere”. Por eso, el mayor destructor del amor y la paz es el aborto”.

Mons. Thomas Wenski es arzobispo de la arquidiócesis de Miami.

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