Coronavirus en la Argentina. De odontólogo a vender frutas y verduras: los que tuvieron que reconvertirse durante la cuarentena

Carolina Otero
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El aislamiento social y obligatorio que se decretó en la Argentina desde mediados de marzo generó que muchos profesionales independientes de distintos rubros estén sin trabajo por el nuevo coronavirus Covid-19 y tuvieran que idear alternativas laborales para afrontar la situación.

Un caso emblemático es el de Adrián Rodríguez, de 53 años. Es odontólogo y, al no poder ejercer su profesión y, por lo tanto, no tener ningún ingreso, aceptó la sugerencia de un amigo que trabaja en el Mercado Central y comenzó a vender bolsones de frutas y verduras. "Mi situación económica no es holgada, yo alquilo el consultorio y el departamento donde vivo con mi mujer y mis dos hijos más chicos de 9 y 5 años", dice.

Con la idea en marcha, Rodríguez lo comunicó a todos sus amigos y grupos de WhatsApp y en solo cinco horas ya tenía 61 pedidos. "No tenía ninguna experiencia en el rubro ni en ventas, yo siempre fui odontólogo. Me recibí a los 22 años y siempre trabajé de mi profesión así que es todo nuevo para nosotros", cuenta el dentista que, junto con su esposa, también odontóloga, arman los bolsones en el departamento donde viven en el barrio porteño de Recoleta y reparten los pedidos en su auto.

"Las condiciones no están dadas para volver a ejercer la profesión, por eso proyectando de acá a mínimo tres meses o hasta que haya una vacuna, pensé que tenía que hacer algo y se me ocurrió esto", amplía Rodríguez.

Sin saber cuándo volverá a la rutina de atender a sus pacientes en el consultorio, el odontólogo afirma que el éxito de su nueva actividad laboral lo atribuye al apoyo que sintió de la gente y también porque tiene precios moderados. "También hago prepizza, panes caseros, berenjenas en escabeche y vendemos bastantes condimentos por peso. Y eso sí, en comparación a un comercio, son muy económicos. Y la fruta es de primera calidad", dice Rodríguez.

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Como técnica en diseño de indumentaria, Carolina Díaz, de 29 años y del barrio CGT Rawson de la provincia de San Juan, creó su emprendimiento "sublimaciones_dthe" donde se dedicaba al estampado de telas, polímero y cerámica. Debido a la suspensión de las clases presenciales por el Covid-19, todos los pedidos de sets para jardín de infantes que tenía encargados fueron cancelados y su trabajo se paralizó.

"Comenzaron las clases online y una vecina me pidió si le imprimía unas cosas para sus hijos", señala Díaz. Ese pedido fue el puntapié inicial para empezar con esta nueva actividad. "Tenía una impresora guardada que no usaba porque no me dedicaba a imprimir ni a sacar fotocopias. Y entonces la desempolvé y comencé", dice la diseñadora, a quien también le solicitan imprimir fotos y dibujos para que los chicos pinten y realicen actividades.

La iniciativa tuvo una gran repercusión y hoy recibe muchos pedidos por WhatsApp de personas que, sin conocerla, le envían las tareas de sus hijos por chat y luego las pasan a buscar por su taller. "Con lo que gané haciendo las copias estoy por comprar una impresora nueva para dar un mejor servicio", anticipa Díaz.

Ventas por Internet

El turismo es otra de las áreas perjudicadas a causa de la pandemia mundial y de la suspensión de todos los vuelos nacionales e internacionales que rige en nuestro país hasta el 1° de septiembre. A raíz de esta situación, la agencia de viajes que Emiliana Elaghiozian, de 36 años y licenciada en turismo, tiene junto a su marido y una amiga no tiene ventas desde el comienzo de la cuarentena, en marzo último.

"En mi casa el ingreso viene de la agencia, así que teníamos que reinventarnos y no dejarnos estar. Uno puede vivir de ahorros, pero todo tiene un límite. Tenemos que mantener la casa, a mis hijos, y el jardín", dice Elaghiozian, que, junto a su esposo y su socia, decidieron emprender un nuevo proyecto laboral vendiendo ropa para chicos por internet.

"Empezamos hace un mes y estamos viendo resultados muy de a poco. Es un mundo nuevo porque lo nuestro era la venta de viajes y el placer de organizarle las vacaciones a la gente. Y, de repente, estamos en un nuevo rubro, aprendiendo de telas, confección, talles y qué prenda puede ir mejor. Es un mundo nuevo, nos gusta, estamos contentos y con mucho entusiasmo porque de a poco vamos creciendo y aprendiendo", explica.

También anticipa que, cuando se permita la reactivación de la actividad turística y pueda reabrir la agencia con su esposo y su socia, evalúan seguir con el nuevo emprendimiento para tener ingresos de sectores diferentes.

Diseños webs

"Se decretó la cuarentena obligatoria y me encontré sin ingresos, por lo cual tuve que reinventarme para poder subsistir", dice Damián Oliva, de 31 años y dueño de People Coworking, esapcio ubicado en el barrio porteño de Caballito. Sin saber cuándo podrá reabrir las puertas de su local y ante la necesidad de trabajar, Oliva creó un emprendimiento abocado al diseño de páginas webs.

"Cuando abrimos debíamos tener una página web y no contábamos con los fondos económicos para mandar a hacerla, entonces vi muchos videos, practiqué mucho e hice la web de mi negocio", explica el ahora dueño de Oliva diseños, que al comenzar el aislamiento social obligatorio se dio cuenta que podía utilizar lo aprendido como una nueva herramienta laboral y aplicarlo fácilmente en cualquier negocio.

"Empecé a ofrecer mi servicio de hacer páginas webs, pero dando una vuelta de rosca, no una web común y corriente. Estoy haciendo tiendas online para las personas que tienen productos físicos para vender. Como la gente no puede ir a los locales, mi idea es ofrecer una tienda para que puedan vender sus productos en línea, que puedan hacer cobros, configuren métodos de envíos y demás", explica Oliva.

Al igual que Elaghiozian, cuando se reanude su actividad planea mantener activos ambos negocios.