Cocinera oaxaqueña lucha contra comida chatarra

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OAXACA, Oax., septiembre 17 (EL UNIVERSAL).- Fresvinda Eduviges Hernández Cadena dejó la primaria por la violencia que ejercían sus profesores sobre ella, después escapó de su comunidad para evadir un matrimonio arreglado y también fue víctima de violencia familiar, quedando a cargo de sus hijos.

Hoy es la protagonista y autora de un libro de recetas para promover una alimentación sana frente al alto consumo de ultraprocesados. La tía Edu, como la llaman, se hizo conocida cuando comenzó a participar en una campaña para difundir las modificaciones a la Ley de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes sobre la prohibición de la distribución, venta, regalo y suministro de bebidas azucaradas y alimentos chatarra a menores.

Organizaciones de la sociedad civil, principalmente el Centro Calpulli, iniciaron esta campaña para generar conciencia sobre la importancia de consumir alimentos sanos, luego de que el Congreso de Oaxaca aprobara la reforma el 5 de agosto de 2020. Cada semana, ella grababa un video en el que enseñaba sus recetas de cocina, las cuales fueron recuperadas en el libro Recetario de la tía Edu.

Un largo camino Nació en Olleras de Bustamante, localidad de Santiago Chazumba en la Mixteca de Oaxaca. "Es muy seco y árido, llueve muy poco, pero algo muy bonito es la naturaleza. Ahí se realiza la Feria de la Pitaya", dice.

A los cuatro años, quedó al cuidado de sus abuelos porque sus padres viajaron a Veracruz para trabajar; a su regreso, la inscribieron en la escuela primaria que luego abandonó, asegura, porque los profesores "eran puro pegar y pegar"; ni siquiera aprendió a leer ni a hacer cuentas.

La violencia, sin embargo, no terminó ahí. A los 12 años se escapó de Olleras porque no quería un matrimonio arreglado y su abuela y un tío la ayudaron y apoyaron para viajar a la Ciudad de México, a casa de una tía. Ahí se casó con un hombre violento, luego quedó viuda y tuvo que trabajar limpiando casas particulares y lavando ropa ajena.

En 1990 regresó a la ciudad de Oaxaca y se estableció con sus hijos en Lomas de San Jacinto, que entonces era una colonia sobre el cerro; no tenían energía eléctrica y diariamente recorría unos 100 metros para acarrear agua: "Me compraba mis cajas de velas para nunca quedarme sin luz".

En esta colonia conoció al maestro Felipe Sánchez Rodríguez, fundador del Centro Calpulli, que en coordinación con la primaria apoyaba a las madres de familia trabajadoras.

La tía Edu llevaba a sus hijos al Centro Calpulli después de clases, sin costo, en donde recibían apoyo con sus tareas y alimentos. A cambio, ella colaboraba en los tequios de la asociación civil. Aún recuerda que cuando se inauguró el primer salón de clases en el centro, le dieron una mesa por su participación en los tequios. "Cuando llegué con una mesa a la casa, mis niños estaban felices porque no teníamos".

Un día, una de sus hijas le dijo que estaba citada en el Centro Calpulli. Acudió preocupada, pues creía que sus hijos habían hecho algo malo; en cambio, le ofrecieron un trabajo de limpieza y de ayuda en la cocina.

Así empezó a desarrollarse en la cocina, la lectura y las sumas, porque ella recibía las cooperaciones de madres y padres de familia, además de administrar el subsidio que recibía el centro para comprar los alimentos.

Una vida sana

Con siete hijos y 10 nietos, Eduviges Hernández presume su primer libro de recetas, editado con organizaciones de la sociedad civil que participaron en la campaña "Para una vida sana, Oaxaca sin chatarra", como la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), CAMPO, El poder del consumidor y Piña Palmera.

El libro contiene 30 recetas para guisados, elaboración de agua de sabores y postres; destacan, por ejemplo, los quintoniles y verdolagas con pollo, los huauzontles capeados, el mole de olla, los tamales de chepil y el arroz a la jardín.