Las clases ya empezaron... con o sin electricidad

Una piyamada durante la última jornada escolar antes del inicio de las vacaciones invernales en Kiev, la capital de Ucrania, el 22 de diciembre de 2022. (Laura Boushnak/The New York Times)
Una piyamada durante la última jornada escolar antes del inicio de las vacaciones invernales en Kiev, la capital de Ucrania, el 22 de diciembre de 2022. (Laura Boushnak/The New York Times)

KIEV, Ucrania — Cuando el sonido de la sirena se escuchó por el altavoz, los estudiantes de una escuela en el centro de Kiev, Ucrania, se levantaron con rapidez de sus escritorios, empacaron sus cosas y marcharon en fila con tranquilidad por las escaleras detrás de sus maestros. Pero esto no era un simulacro.

Entre la oscuridad, acurrucados en el pasillo estrecho de su refugio en el sótano, los estudiantes conversaron entre ellos. Algunos utilizaron las luces de sus celulares para seguir trabajando en tareas escolares.

Permanecieron en el refugio durante casi dos horas hasta que la amenaza de un posible ataque aéreo pasó. Es la nueva realidad para los 430 niños y jóvenes estudiantes, cuyas edades oscilan entre los 6 y los 18 años, que todavía asisten a clases de manera presencial en esta primaria y bachillerato públicos de gran tamaño en la capital de Ucrania. Aunque las clases se reanudaron en septiembre, los bombardeos incesantes rusos dirigidos a la ciudad desde octubre han dañado la red eléctrica del país, han causado apagones continuos en Kiev y representan el desafío más reciente para la educación en tiempos de guerra.

Olena Romanova, de 50 años, quien ha sido la directora de la escuela durante la última década, expresó: “Esperemos que esto no dure mucho. Además, tenemos un generador, pero dado que la escuela es grande, no puede cumplir con las necesidades de toda la institución”.

Comentó que, al inicio, la escuela tuvo dificultades para adaptarse y las calificaciones de algunos alumnos se vieron afectadas, pero la escuela está haciendo su mayor esfuerzo para ajustarse a los obstáculos nuevos. Escuelas en toda la capital ucraniana han cerrado durante enero en medio de apagones continuos y Romanova señala que los maestros han impartido clases particulares en línea para intentar mantener al corriente a los estudiantes.

No obstante, una visita a una escuela en la ciudad a finales de diciembre, antes de las vacaciones de invierno, ofreció un vistazo a las dificultades que estos niños deben superar y su determinación para continuar, con padres y maestros que hacen todo lo que pueden para proporcionar a los jóvenes alguna sensación de normalidad.

Por lo general, hay 850 alumnos inscritos en este plantel. Sin embargo, en diciembre, algunos salones estaban solo a media capacidad, ya que muchos estudiantes optaron por estudiar en línea y algunos padres creen que es más seguro para sus hijos estudiar desde casa. Algunos alumnos viven en el extranjero tras huir junto a millones de otros ucranianos, pero continúan conectándose a las clases.

Estudiantes aguardan su turno para jugar baloncesto en una cancha oscura en Kiev, la capital de Ucrania, el 21 de diciembre de 2022. (Laura Boushnak/The New York Times)
Estudiantes aguardan su turno para jugar baloncesto en una cancha oscura en Kiev, la capital de Ucrania, el 21 de diciembre de 2022. (Laura Boushnak/The New York Times)

Por otro lado, algunos estudiantes nuevos se han unido a los salones de clase, desplazados de comunidades afectadas más cerca del frente de batalla en el este de Ucrania. La escuela solicitó que su nombre exacto no se publicara por motivos de seguridad y privacidad.

No obstante, pocos aspectos del proceso educativo no han sido afectados por la guerra. Con la constante amenaza de los ataques aéreos ucranianos, los estudiantes de bachillerato reciben clases de primeros auxilios en el plantel. Durante la visita del mes pasado, un grupo de mujeres jóvenes de bachillerato practicaron la aplicación de torniquetes y vendas entre ellas.

No obstante, por ahora, los apagones siguen siendo la preocupación más apremiante.

Romanova indicó que la electricidad que puede proveer el generador de la escuela es limitada.

La directora agregó: “Es suficiente para las clases en línea. Es suficiente para mantener encendidas las luces y el internet”. Sin embargo, no es suficiente para operar la cafetería escolar, ya que las estufas son eléctricas y el generador no es lo suficientemente poderoso para hacerlas funcionar.

A medida que se quedaron sin electricidad, los estudiantes hambrientos en la escuela se sintieron decepcionados cuando la chef, Olena Sulyma, de 42 años, les dijo que la comida todavía no llegaba.

Sulyma ha trabajado en esta cafetería durante años. Pero, en fechas recientes, ha tenido que ser más creativa sobre cómo brinda comidas calientes a cientos de estudiantes entre apagones constantes. Ella y los chefs de otras escuelas cercanas que tienen problemas similares se han asociado con otra escuela local donde aún hay electricidad.

Pueden cocinar las comidas ahí y después llevarlas a sus propias escuelas.

Romanova afirmó: “Los ucranianos somos creativos con las cosas que nos molestan; es por eso que los chefs de nuestras escuelas intentan adaptarse. Así que nos adaptamos y no es un problema en este momento. Los chicos siempre están satisfechos”.

A pesar de las adversidades, muchos de los estudiantes prefieren asistir a la escuela. Una chica, Taisia, de 17 años, aseguró que prefiere estar con sus compañeros de clase, incluso si eso significa hacer viajes frecuentes al refugio en el sótano.

La adolescente opinó: “No puedo quedarme sola en casa. Pero cuando hay una alerta aérea y estoy en la escuela, al principio me siento tranquila, pero cuando veo en las noticias que algo se aproxima, me siento inquieta y vamos al refugio”.

Sus padres también se angustian. Aunque esta escuela en particular no ha sido blanco de ataques, una gran cantidad de instituciones educativas en toda Ucrania lo han sido. Cuando se activan las sirenas, la advertencia de un posible ataque aéreo, muchos padres corren para recoger a sus hijos de la escuela.

Más de 2600 instituciones educativas han resultado dañadas por los bombardeos y los ataques con misiles hasta la última semana de diciembre, según datos del Ministerio de Educación de Ucrania, y otros 406 quedaron destruidos por completo.

A pesar de todo esto, transcurre la vida escolar de siempre. Los maestros llevaron a cabo una piyamada para los estudiantes más jóvenes el último día de clases antes del inicio del receso invernal. Los menores abrazaron animales de peluche y se rieron en sus mamelucos. Los estudiantes de mayor edad también organizaron una fiesta y compartieron bocadillos y té.

Romanova, la directora, señaló que para ella es importante mantener este positivismo en la escuela presencial. Expresó que lo ve como el frente de batalla personal de cada estudiante y cada maestro en Ucrania.

Romanova concluyó: “Todos nos acercamos más a nuestra victoria con nuestros logros educativos. Estamos aquí en este momento y vamos a superarlo. Vamos a superar los problemas que afectan a nuestros niños”.

© 2023 The New York Times Company