Los científicos intentan seguir el ritmo de la evolución acelerada del coronavirus

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La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) debe decidir, basándose en una información que cambia rápidamente, contra qué variantes dirigir las vacunas actualizadas. (Alisha Jucevic/The New York Times)
La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) debe decidir, basándose en una información que cambia rápidamente, contra qué variantes dirigir las vacunas actualizadas. (Alisha Jucevic/The New York Times)

La evolución rápida del coronavirus que se ha convertido en una sopa de letras de subvariantes presenta un reto difícil para las autoridades de salud: deben tomarse decisiones de gran envergadura con base en poca certeza biológica de cuál variante será la dominante este otoño o invierno.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) de Estados Unidos dijo a finales de junio que actualizaría las vacunas contra el virus para una campaña de refuerzo en otoño dirigida a las subvariantes de ómicron que son altamente contagiosas. Pero es como caminar en arena movediza.

En tan solo ocho semanas, la subvariante conocida como BA.5 ha pasado de ser algo insignificante en el recuento de casos en Estados Unidos a ser la versión dominante del virus, pues ahora representa más de tres cuartas partes de los casos nuevos. Tal vez sea la subvariante más transmisible hasta el momento y está haciendo que aumenten las pruebas positivas, las hospitalizaciones y los ingresos en las unidades de cuidados intensivos de todo el país.

No hay pruebas de que la BA.5 provoque una enfermedad más grave, pero los últimos datos ciertamente acaban con el mito de que el virus se vuelve más leve a medida que evoluciona.

“Ninguno de nosotros tiene una bola de cristal, así que intentamos aprovechar hasta la última gota del modelaje predictivo y de los datos que tenemos para tratar de adelantarnos a un virus que ha sido muy astuto”, afirmó Peter Marks, uno de los principales reguladores de vacunas de la FDA, después de que un comité asesor recomendara que la agencia diera prioridad a las vacunas específicas contra las subvariantes de ómicron. “Para algo que solo mide unos cuantos nanómetros, es bastante listo. Estamos intentando tomar la mejor decisión”.

La variante ómicron y sus descendientes llevan unos seis meses dominando y es más probable que cualquier iteración del virus subsiguiente esté ligada a la familia ómicron que a las versiones anteriores, dijo Jerry Weir, un alto regulador de la FDA.

Esa suposición es el mejor cálculo que puede hacerse en este momento, según expertos externos que no forman parte del panel de especialistas de la FDA.

“Los virus como el SARS-CoV-2 siempre están evolucionando y es casi seguro que aparecerán nuevas mutaciones en cualquier plazo de seis meses”, dijo Jesse Bloom, del Centro Oncológico Fred Hutchinson de Seattle. “Pero mientras estos virus mutantes sean descendientes o parientes cercanos de BA.2 o BA.4/BA.5, un refuerzo de la vacuna basado en BA.4/BA.5, como ha recomendado la FDA, debería adaptarse mucho mejor a ellos que la vacuna actual, aunque no sea una correspondencia perfecta”.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) autorizaron el martes una cuarta vacuna, de Novavax, para su uso en Estados Unidos, pero sus ensayos se realizaron antes de la aparición de la ómicron y su eficacia contra la variante podría ser limitada.

El árbol genealógico de la ómicron ha crecido rápidamente desde que se detectó por primera vez la subvariante BA.1 a finales de noviembre. El martes nuevas estimaciones federales mostraron que, hasta la semana pasada, BA.5 constituía alrededor del 78 por ciento de los casos nuevos en Estados Unidos.

Emma Hodcroft, epidemióloga molecular e investigadora de la Universidad de Berna, Suiza, dijo que el patrón de evolución de la ómicron ha divergido de las variantes anteriores.

“Los vástagos de la delta no fueron dominantes, pero los de la ómicron están peléandose con sus hermanos, por así decirlo”, explicó. “Eso es un indicio de que la ómicron está en la cima y habrá cambios menores”.

Aunque haya nuevos vástagos de la ómicron, Hodcroft y otros científicos enfatizaron que eso no evitaría el surgimiento de otra variante.

“Demasiadas veces hemos hecho predicciones sobre cómo creemos que evolucionará el SARS-CoV-2 y luego nos hemos equivocado rotundamente”, admitió Nathan Grubaugh, investigador de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Yale.

El otoño pasado, Grubaugh predijo correctamente que surgiría una subvariante inmunoevasiva, pero su expectativa de que provendría de la variante delta fue errónea.

“Obviamente, ahora mismo estamos viendo cómo surgen nuevas variantes dentro de la ómicron, BA.2, BA.4 y BA.5, y eso quizá siga ocurriendo”, afirmó. “Pero no debemos dejar de ser imaginativos y pensar que eso continuará”.

El año pasado, Sarah Cobey, bióloga evolutiva de la Universidad de Chicago, estaba casi segura de que la siguiente variante descendería de delta.

“No obstante, creo que es muy probable que la próxima variante descienda de la ómicron”, expresó la semana pasada y añadió que esta podría tener un mayor grado de evasión inmunológica o una mayor transmisibilidad. “Es probable que la siguiente variante haya surgido ya, pero que evada la vigilancia durante algún tiempo”.

Un preocupante primo de la ómicron, BA.2.75, ya está haciendo presencia en algunas partes del mundo.

© 2022 The New York Times Company

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