China emprende una transformación que podría salvar al planeta

Miguel Artime
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El presidente chino Xi Jinping interviniendo en un foro internacional en 2017. (Imagen creative commons vista en Wikimedia).
El presidente chino Xi Jinping interviniendo en un foro internacional en 2017. (Imagen creative commons vista en Wikimedia).

Durante la última reunión “virtual” de la Asamblea General de las Naciones Unidas (el COVID impone sus restricciones) el presidente chino Xi Jingping hizo un anuncio inesperado: su país se fijaba como objetivo ser neutro en emisiones de carbono antes de 2060. El reto ha sorprendido a propios y extraños (incluyendo a algunos expertos chinos en energía) dado que el gigante asiático es hoy por hoy el mayor emisor de CO2 del planeta. Ahora la pregunta que todos nos hacemos es: ¿de verdad es posible alcanzar un objetivo tan valiente?

En Nature acaban de publicar un informe especial, examinando los cambios que la gran potencia asiática debería emprender en campos como: las energías renovables, nuclear y captura de carbono para alcanzar este ambicioso objetivo. De tener éxito, la iniciativa china podría arrastrar a otras potencias renuentes a tomar medidas para recortar las emisiones de gases invernadero. Entre ellas los Estados Unidos, gobernados actualmente por un negacionista del cambio climático.

Obviamente el plan chino debería comenzar por generar la cantidad mayor posible de energía a través de fuentes con cero emisiones, y luego expandir el uso de esta “energía limpia” allá donde sea posible. ¿Por dónde comenzar? Acabar con los vehículos movidos por motores de explosión, sustituyéndolos por eléctricos sería un gran comienzo. Además, haría falta invertir en tecnologías capaces de capturar el CO2 liberado por la quema de los combustibles fósiles (o biomasa) para almacenarlo bajo tierra. A estos dispositivos se les conoce por las siglas CCS (del inglés “captura y almacenajes de carbono”).

Según los cálculos realizados por Zhang Xiliang, experto en modelos climáticos de la Universidad Tsinghua en Pekín (realizados en colaboración con el prestigioso MIT), para alcanzar el objetivo en 2060 habría que doblar la producción energética hasta alcanzar 15.034 teravatios horas, lo cual habría que hacer principalmente a través de fuentes limpias.

Suena sencillo, pero para llegar a esas cifras habría que revolucionar las fuentes renovables durante las próximas 4 décadas, de modo que se multiplicara por 16 la energía obtenida a través del sol, y por 9 la eólica. Además, la energía obtenida a través de centrales nucleares debería de sextuplicarse, y habría que duplicar así mismo la obtenida por presas hidroeléctricas.

Una vez obtenidos todos estos logros, se seguiría necesitando ocasionalmente de sistemas de generación basados en combustibles fósiles, incluyendo carbón, petróleo y gas, pero el porcentaje obtenido de este modo sería de solo el 16%, que además debería venir acompañado siempre de dispositivos CCS para impedir que el CO2 liberado de este modo alcanzase la atmósfera. Puede gustar más o gustar menos, pero lo cierto es que el viento y el sol tienen la mala costumbre de ser impredecibles, por lo que también hay que contar con formas de generación a demanda en el pack.

Por detalles como este, el plan suena bastante realista, aunque habrá que ver cómo reacciona la sociedad china a la construcción de nuevas centrales nucleares. La tecnología ahora es muy segura, y se ha reducido mucho el volumen de residuos generados, pero lo cierto es que los costes de construcción se han incrementado tremendamente y desde el accidente de Fukushima no es que sea muy popular apostar por ella. No obstante todos sabemos que el gobierno chino es “hábil” imponiendo su parecer a la población.

Y luego está el problema de recolocar a los 3,5 millones de trabajadores que actualmente se ganan la vida con el carbón. Cabe recordar que el 65% de la energía consumida por el gigante asiático se obtiene por la quema de este mineral. De hecho en estos momentos se construye, o se planea la construcción, de 200 plantas térmicas nuevas.

Pero a pesar de los innumerables obstáculos, como digo el plan chino no parece un brindis al sol. Para comenzar al gobierno no le duelen prendas en reconocer que los resultados no serán inmediatos, y que en el corto plazo el problema de las emisiones incluso seguirá empeorando.

Así, las emisiones ascenderán inicialmente de las 9,8 gigatoneladas de CO2 que se liberarán este 2020, hasta las 10,3 gigatons que se alcanzarán en el año 2025.Tras eso, se llegará a una especie de meseta que durará entre 5 y 10 años, tras lo cual las emisiones comenzarán a caer de forma continua a partir del año 2035 hasta alcanzar el nivel cero en 2060.

Sin duda contar con la potencia de fabricación de la que goza China en paneles solares, baterías (fundamentales para almacenar el exceso energético de las renovables cuando no haya demanda), acero, y prácticamente cualquier cosa que puedas imaginar, le da una enorme ventaja. Todo ello además sin miedo a que los precios se desboquen... “ventajas” de contar con un gobierno intervencionista, que desde luego no envidiamos en occidente.

Vamos, que todo pinta muy bien de cara al éxito de este plan verde chino. Cierto, en otros lugares lo tendremos más difícil, pero tal vez la iniciativa de Xi Jingping sea lo que necesita el mundo para que los habitantes del planeta comencemos a ver a nuestros políticos moviéndose en el campo de las acciones, y no solo en de las declaraciones demagógicas.

El reto sin duda merece la pena, así que ¡buena suerte! el planeta entero os estará mirando.

Me enteré leyendo Nature.

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