El "Che Guevara" hongkonés que inspira las tácticas radicales de los manifestantes

Andrew Higgins

HONG KONG.- Hace más de un año que se encuentra recluido en una isla-prisión, pero el preso Edward Leung, de 28 años, es lo más parecido a un líder que tiene el tumultuoso y anárquico movimiento de protesta de Hong Kong.

Leung acuñó la consigna más cantada -y que más irrita a Pekín- en las protestas; fue también pionero de algunas de las tácticas más violentas que usan hoy los manifestantes, y puso en palabras la idea central de una lucha que ya ingresó en su décima semana: evitar que Hong Kong se convierta en una ciudad china como cualquier otra, gobernada por el Partido Comunista.

Las protestas se desataron en junio como consecuencia de la indignación popular que causó un proyecto de ley que habilitaba la extradición de residentes de Hong Kong para ser juzgados en China continental. Desde entonces, la protesta se ha ido ampliando a una gran cantidad de reclamos acuciantes, como el prohibitivo costo de la vivienda, la ausencia de elecciones justas y la supuesta brutalidad policial.

Pero las raíces del movimiento hay que buscarlas en el drástico giro que vivió el archipiélago desde el retiro de los británicos, en 1997. La creciente influencia del gobierno de Pekín sobre las islas y la porción de continente que constituyen el territorio semiautónomo de Hong Kong, que los manifestantes consideran una intrusión, ha logrado encolumnar a una gran mayoría de jóvenes de la generación de Leung, que rechazan esos vínculos con China continental y que reafirman ferozmente lo que para muchos es una identidad completamente aparte.

"Soy hongkonés, no chino", dice Kapo Chen, un estudiante de 20 años que se sumó a la protesta en el aeropuerto de la ciudad. "Por supuesto que mi sangre es china, pero eso no depende de mí".

Kapo lleva prendido en la espalda un papel impreso con el mayor aporte del encarcelado Leung al movimiento de protesta, un eslogan ahora grafiteado por toda la ciudad, vociferado por los manifestantes encapuchados que el martes último sumieron en el caos uno de los aeropuertos más activos del mundo y entonado en las ordenadas marchas alrededor de la ciudad.

Leung acuñó la consigna "recuperar Hong Kong, la revolución de nuestro tiempo" en 2016, poco antes de ser arrestado por pelearse con la policía cuando era candidato a un escaño en la Legislatura de Hong Kong.

Pero la interpretación diametralmente opuesta del significado de las palabras de Leung -un incendiario llamado a romper con China y también un llamado a defender los valores centrales de Hong Kong- ha dejado expuesto el abismo que separa a ambos bandos. El gobierno del archipiélago tiene el apoyo de Pekín, pero no solo está luchando por el control de las calles, sino también por lo que Hong Kong significa como lugar, como cultura y como entidad política.

La jefa del ejecutivo de Hong Kong, Carrie Lam, y los funcionarios de Pekín han denunciado repetidamente que el eslogan de Leung es un llamado a la traición para que la ciudad se separe de China y rompa con la fórmula de "un país, dos sistemas" que Hong Kong adoptó al reintegrarse al país comunista.

Pero los manifestantes jóvenes y quienes los apoyan señalan que la palabra china que usan para "recuperar" significa literalmente "devolver a la luz". Insisten en que su lema es un llamado a recuperar las libertades y el sistema imparcial de justicia que, según ellos, se ha ido degradando de manera sostenida.

Chu Hoy-dick, legislador electo de la asamblea de la ciudad y activista de las protestas que ha visitado varias veces a Leung en la cárcel, dice que el preso nunca fue un militante desaforado, como lo pinta la maquinaria de propaganda china, y que desde que está en la cárcel ha moderado algunas de sus posturas más radicales.

Sin embargo, describe a Leung como "el Che Guevara de la revolución de Hong Kong", y agrega: "Lo rodea esa misma aura y es un ícono para los jóvenes".

Chu, también conocido como Eddie Chu, tiene 41 años y es un defensor de la primera hora del movimiento "localista", una causa enfocada en preservar la identidad del archipiélago. Chu nunca compartió las tácticas a veces violentas de Leung, pero comparte su visión de que Hong Kong debe resguardar su identidad diferencial, que tiene sus raíces en el imperio de la ley, los amplios derechos individuales y las tradiciones locales.

Tras un fugaz auge de sentimientos patrióticos durante los Juegos Olímpicos de Pekín, de 2008, el afecto y hasta el interés de los hongkoneses por lo que ocurre en China continental se desplomaron abruptamente, sobre todo después del encumbramiento de Xi Jinping como líder máximo, en 2012.

Luego, la feroz represión de China contra los uigures y otras minorías musulmanas en la nominalmente autónoma región occidental de Xinjiang no hizo más que confirmar los peores temores de los jóvenes de Hong Kong.

"Queda claro que desde que Xi llegó al poder China se ha ido alejando cada vez más de cualquier idea de democracia liberal", dice Alan Tse, antropólogo de la Universidad China de Hong Kong y estudioso del movimiento "localista". "La gente de Hong Kong lo sabe, como también sabe que la llegada de una verdadera democracia es sumamente improbable, y eso desespera a los jóvenes".

Anteayer por la noche, el presidente Donald Trump, decidió meterse en la disputa y manifestó por Twitter su confianza en que Xi resolvería la situación de manera pacífica.

"Conozco bien al presidente Xi", tuiteó Trump. "Es un gran líder que cuenta con el gran respeto de su pueblo. También es un buen hombre y un duro negociador. Tengo cero dudas de que el presidente Xi quiere resolver de manera rápida y humana el problema de Hong Kong. Puede hacerlo. ¿Encuentro personal?".

Según Geremie Barmé, editor de China Heritage, una publicación especializada en cultura china, hasta que Pekín se plantó y decidió no hacer ninguna concesión a los manifestantes "'Recuperar Hong Kong...' era la consigna de una minoría infinitesimal e irrelevante", y agrega que fue "la obcecación de los halcones de uno y otro lado la que convirtió ese lema en grito de guerra para toda una generación".

The New York Times

Traducción de Jaime Arrambide