Cepillarse los dientes con 2,5 centímetros de pasta; esta y otras obsesiones íntimas del rey Carlos III

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El recién pasado sábado, un vídeo captado por las cámaras del Westminster, en el Palacio de Buckingham, retrataron al Rey Carlos III un tanto molesto por la presencia de un tintero que estorbaba en una de sus actividades de la realeza: firmar un documento oficial. Él, visiblemente estresado, pidió a un ayudante que realizara esa tarea por él.

Rápidamente, las redes sociales cuestionaron el comportamiento del monarca, al aseverar que él mismo pudo haber retirado el tintero sin requerir la asistencia de un subordinado. Algunos aseguraron, sin bases, que el rey tiene un TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo); aunque existen otras personas que convivieron con él, que sí dan cuenta de ese probable diagnóstico.

Se trata del exmayordomo de la princesa Diana, Paul Burrell, quien reveló que la pijama del ahora rey Carlos III es planchada todas las mañana; y no solo eso, también los cordones de sus zapatos. En el documental “Serving the Royals: Inside the Firm”, Burrell también confesó que, inclusive, la temperatura de la ducha del rey tiene que ser “simplemente tibia”.

Apegado a una serie de normas cuando estuvo al servicio de la familia real, Burrell detalló que para lavarse los dientes, el rey Carlos III no manipulaba la pasta dentífrica; sus ayudantes se encargaban de dotar de 2,5 centímetros de esta sobre su cepillo, antes de que él llegara a su tocador para asearse.

Las obsesiones del ahora monarca van más allá de temas de limpieza personal. De acuerdo con la periodista Tina Brown, exdirectora de The New Yorker y Vanity Fair, cuando fungía como el príncipe de Gales, envió su cama ortopédica a algunos de sus viajes; además del asiento del inodoro y hasta cierto tipo de papel higiénico.

Todo los detalles están contenidos en el libro The Palace Papers: Inside the House of Windsor-The Truth and the Turmoil (Los papeles de palacio: dentro de la Casa de Windsor-la verdad y la tormenta).

Otras peticiones a destacar fueron dadas a conocer por el chef real, Darren McGrady, quien contó que cada mañana colocaba dos ciruelas y jugo en un tazón. El entonces príncipe de Gales únicamente comía una de las ciruelas y dejaba otra para que esta fuera devuelta al frasco. Cuando McGrady decidió enviarle solo una, el ahora rey le reclamó y exigió otra pieza... aunque nuevamente dejara una en el plato.