Carla Morrison no tuvo miedo de volverse pop, y eso la ayudó a controlar su ansiedad

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“Estaba de gira y lo odiaba” Carla Morrison. (Foto: The New York Times)
“Estaba de gira y lo odiaba” Carla Morrison. (Foto: The New York Times)

La cantautora mexicana Carla Morrison tenía una carrera próspera en 2017. Con su registro soprano puro, sus canciones abiertamente vulnerables y sus constantes giras, había construido una audiencia sólida entre los oyentes de habla hispana en América y Europa. Sus canciones habían ganado premios Grammy Latinos y sus dos primeros álbumes de larga duración, “Déjenme llorar” (2012) y “Amor Supremo” (2015), habían recibido nominaciones a los premios Grammy. Morrison no paraba de dar conciertos en todas partes. Se presentaba en teatros y festivales tras el lanzamiento de “Amor Supremo Desnudo”, un disco con versiones acústicas radicalmente alteradas de las canciones de “Amor Supremo”. El público en sus conciertos cantaba junto a ella cada palabra. Pero, a pesar de todo eso, Morrison se sentía miserable.

“Estaba de gira y lo odiaba”, afirmó. “Quería hacer música y odiaba hacerlo. Simplemente no tenía canciones para ofrecer”.

Esa es la razón por la que Morrison ha tardado cinco años en lanzar su nuevo disco. Este viernes 29 de abril saldrá finalmente el álbum, titulado “El renacimiento”. En sus nuevas canciones, Morrison, de 35 años, revela tanto su ansiedad paralizante como su nueva fuerza. La canción que abre el disco, “Hacia dentro”, comienza con Morrison cantando “Un día me desperté entumecida / sin el deseo de seguir adelante” y concluye con la inspiradora “Encontrarme”, en la que promete: “Aunque duela cuando toco / sanaré con el tiempo”.

Morrison estaba relajada y sonriente en una videollamada desde su casa en un suburbio de Los Ángeles, donde se estableció en 2021 tras casarse con su novio de toda la vida y coproductor, Alejandro Jiménez. El piano en el que escribe canciones se podía ver justo sobre su hombro. Pero en 2017, recordó: “Pensaba cosas como ‘¿Qué soy?’, todas esas preguntas que como seres humanos nos hacemos: ‘¿Para qué estoy aquí? ¿Para qué nací? ¿Cuál es mi propósito?’ Me sentía tan desinteresada de todo, y en algún punto también hasta un poco suicida”, confesó.

“Recuerdo haber pensado que no sabía cuál era mi valor en absoluto”, continuó. “Sentí que todos solo querían una parte de mí, pero nadie en realidad quería conocerme”.

Las canciones de Morrison nunca han contenido las emociones. Su primer EP —el esquelético y autoproducido “Aprendiendo a aprender”, de 2009— abre con “Lágrimas”, presagiando así un catálogo de canciones repletas de soledad, añoranza, devoción y despecho.

Los primeros álbumes de Morrison la presentaron como una cantautora de pop-folk que se apoyaba en la guitarra y los teclados. Su primer álbum de larga duración, el mayormente acústico “Déjenme llorar” de 2012, fue disco de platino en México y ganó un Grammy Latino como mejor álbum de música alternativa. Solo tres años después, Morrison transfiguró su sonido con “Amor Supremo”, en el que desplegó fuertes ritmos de rock y teclados reverberantes para canciones sobre el amor obsesivo. Alcanzó el primer lugar en la lista de álbumes de pop latino de Billboard. Mientras promovía el disco, Morrison accedió a tocar versiones acústicas de las canciones en estaciones de radio y webcasts; al final decidió rehacer todas las canciones y agregar dos nuevas, para “Amor Supremo Desnudo”.

Carla Morrison, cuyo nuevo álbum
Carla Morrison, cuyo nuevo álbum "El Renacimiento" es el primero que hace en cinco años, en Los Ángeles, el 18 de abril de 2022. (Foto: Carlos Jaramillo/The New York Times)

Pero cuando terminó su gira de 2017, Morrison cambió todo. Dejó la compañía mexicana que la manejaba y dejó de hacer giras por primera vez desde su debut. Junto a Jiménez, se mudó de México a París en 2019. Aprobaron audiciones y se inscribieron en un conservatorio de música en un suburbio de París, donde Morrison estudió canto de jazz; fue su primera educación musical formal tras una década como compositora galardonada. Se sumergió en Ella Fitzgerald y Billie Holiday y, rodeada de compañeros músicos, también volvió a componer canciones.

En París, mientras trabajaba en canciones durante el aislamiento de la cuarentena, Morrison estaba lista para cambiar su sonido de nuevo. “Durante muchísimo tiempo me sentí muy presionada por mantener mi guitarra siempre cerca”, afirmó. “Me sentí muy presionada por ser la clásica cantautora, porque sé que a la gente le encanta esa parte de mí. Pero a la vez pensé: ‘¡No! Yo escucho Adele, Sam Smith, Billie Eilish, Ariana Grande, Dua Lipa. Realmente quiero canalizar eso. Quiero virar hacia el pop. Y no quiero tener miedo’”.

Mientras que “Amor Supremo” usó la gravedad y amplitud del rock, “El Renacimiento” tiene las profundidades surrealistas y la transparencia asistida por computadora del pop del siglo XXI, con voces íntimas, “beats” programados y ambientes envolventes: el tipo de música que podría crearse mientras se trabaja durante un confinamiento en París. “Tuvimos una perspectiva completamente diferente”, aseguró Jiménez. “No estábamos compitiendo contra nadie, solo queríamos hacer lo nuestro”.

En septiembre de 2020, Morrison lanzó el primer sencillo de “El Renacimiento”: “Ansiedad”. Con acordes palpitantes y misteriosos, Morrison canta sobre ataques de pánico: “Quiero hablar y no puedo / respirar y no puedo”.

Pero la progresión de acordes asciende y el ritmo es fresco y seguro de sí mismo. “Pensé que si tuviera que escuchar la canción me gustaría que el ritmo me hiciera olvidar que estoy teniendo un ataque de ansiedad”, dijo Morrison. “Me gustaría que el ritmo me hiciera pensar: ‘OK, voy a superar esto’”.

Morrison sobrellevó otro episodio de depresión en 2021 tras perder a su padre por COVID-19. Recibió un tratamiento con infusiones de ketamina en una clínica en Los Ángeles. “Tuve un montón de epifanías”, aseguró. “Al día siguiente desperté y pensé: ‘¿Qué me falta? me falta algo. ¡Dios mío! ¡No tengo miedo, no estoy triste!’. Me sentí en paz”.

Los fanáticos le han dicho a Morrison que están agradecidos por poder escuchar canciones sobre sus luchas. “No hay muchas canciones sobre salud mental en español”, afirmó Morrison. “En la comunidad latina no nos permitimos ser vulnerables, porque entonces somos vistos como débiles. O si piensas en la salud mental es porque estás loco: ‘Solo bébete una cerveza, cálmate, relájate’. No enfrentamos estos problemas porque no nos enseñaron a hacerlo”.

Morrison también ha regresado a los escenarios. El año pasado realizó un concierto entero a través de una emisión en directo. Y como preparación para el lanzamiento del álbum esta primavera, ha estado presentándose en estadios en México, abriéndole a la que llama su “banda favorita”: Coldplay.

En el escenario, de gira, con los fans cantando junto a ella, Morrison volvió a sentir la alegría. “Dentro de la industria tengo este espacio en el que soy muy honesta, muy vulnerable, muy intensa a ratos”, afirmó. “Siento que la gente obtiene eso de mi música. Siento que realmente he tratado de ser ese espacio de libertad. Y mientras sea honesta, seré feliz”.

© 2022 The New York Times Company

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