Tom y Jerry, una historia que sufrió críticas, censura y cuestionamientos

Guillermo Courau
·8  min de lectura
Tom y Jerry, un clásico
Tom y Jerry, un clásico

Un gato persiguiendo a un ratón, acechándolo, jugando con él. Una imagen cotidiana en cualquier parte del mundo y también la piedra filosofal de una serie animada que ya cumplió 80 años y acaba de estrenar una nueva película. ¿Cuál es el secreto de la vigencia de Tom y Jerry? ¿Será lo anárquico de su propuesta, la renovación que atravesaron las historias y los dibujos a lo largo de las décadas o en su éxito hubo “algo más”?

Aunque cueste creerlo los personajes no fueron siempre los mismos, ni en el trazo ni en sus intenciones hasta sufrieron críticas, censura y cuestionamientos por apología de la violencia. De los Estados Unidos a Praga, del cine a la televisión, de Gene Kelly a Los Simpson, el juego del gato y el ratón primero sorprendió, después fascinó y luego se transformó en leyenda.

Entre Porky, Mickey y Chaplin

La etiqueta “Hannah-Barbera” fue garantía de lo mejor de la animación televisiva para los que hoy tienen más de cuarenta. Sin embargo, la fascinación infantil no llegaba a decodificar que detrás de esa marca había dos seres humanos. 

En la segunda mitad de la década del 30, los dibujantes veinteañeros William “Bill” Hannah y Joseph “Joe” Barbera se conocieron trabajando en los estudios de la Metro Goldwyn Mayer. Por entonces la Warner Bros. ya tenía a Porky como punta de lanza, y Walt Disney al ratón Mickey y al pato Donald, por eso para MGM era imperante no quedar rezagados. 

Barbera tuvo una idea para un cortometraje y se la contó a su amigo: se trataba de un gato que perseguía a un ratón, tenía que ser muy movido y con gags en base a golpes y caídas, muy al estilo del cine mudo de Charles Chaplin. Hannah se sumó y entre los dos convencieron a sus jefes. Puss gets the Boot, protagonizado por el gato Jasper y el ratón Jinx, se estrenó en febrero de 1940. El reconocimiento fue inmediato y los estudios obtuvieron gracias a él una nominación al Oscar. Sin embargo, se dudó en continuar con el proyecto y el dúo animado estuvo a punto de quedar olvidado en un cajón.

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Meses después y con un destino todavía incierto, en MGM recibieron la carta de un importante distribuidor y empresario de Texas que preguntaba cuándo iba a recibir “más de esas maravillosas caricaturas del gato y el ratón”. El pedido terminó de convencer a los directivos de que había interés en el producto. Tom y Jerry, rebautizados con los nombres que los identificarían para siempre, tuvieron una segunda oportunidad.

Bailando hasta el anochecer

En los siguientes veinte años se produjeron más de cien cortos, uno mejor que el otro: dibujados a mano, con una riqueza de colores y texturas que ni la tecnología digital pudo superar. En cada guión se reformulaba la idea original con Tom intentando atrapar a Jerry a partir de los planes más estrambóticos y fallando sistemáticamente. Esta primera etapa animada -la mejor para los entendidos- fue la responsable de cimentar la fama mundial de los personajes. 

La fama en ascenso también les abrió a estos dibujos animados la puerta del cine. Jerry fue invitado por Gene Kelly a bailar en Leven anclas (Anchor Aweigh, 1945), y junto a Tom nadaron bajo el mar con Esther Williams en Dangerous When Wet (1953).

En la segunda mitad de la década del 50, un recorte presupuestario llevó a MGM a suspender la producción de muchos de sus cortos de animación, entre ellos los de Tom y Jerry. Hannah y Barbera decidieron renunciar y abrir su propia compañía de producción de material original para televisión. Fue una etapa muy prolífica para la flamante empresa, de la que emergieron series icónicas como Los Picapiedras (y su versión futurista, Los Supersónicos), Don Gato y su pandilla y Tiro Loco McGraw, entre otros.

¿Pero qué había pasado con Tom y Jerry? Los derechos de los personajes seguían en poder de Metro Goldwyn Mayer y por eso en 1961 decidieron producir nuevas aventuras con una empresa en Praga al mando del animador norteamericano Gene Deitch. Y así, el gato y el ratón entraron en su etapa más oscura.

Trece episodios y una amenaza de muerte

Solo trece capítulos alcanzaron para que Deitch y sus colaboradores se ganaran el odio de los fans, de la prensa y del público en general. Los motivos de semejante fracaso nunca fueron del todo claros. Algunos dicen que los animadores checos no conocían el material, otros que no entendían la idiosincrasia de los personajes o que el presupuesto era ridículamente bajo como para hacer algo digno.

De tan criticado (Deitch llegó a recibir una amenaza de muerte en su casa para que deje de producir episodios), el material se convirtió en objeto de culto. En 2015 se editó el DVD Tom and Jerry, Gene Deitch Collection y fue un éxito de ventas. El público quería volver a verlos, probablemente para poder odiarlos cómodamente desde su casa.

La tercera etapa de los personajes llegó en 1963 de la mano de Chuck Jones. Su fama había sido acuñada en los estudios Warner, merced a su trabajo con muchos personajes de Looney Tunes como Bugs Bunny, Elmer o El correcaminos.

A pesar de la experiencia, de retomar características de la primera etapa de Tom y Jerry aportándole mucho de su incorrección estilística, los resultados fueron irregulares. A la hora de recibir los aplausos de los seguidores de la serie tampoco ayudó que, luego de un cuarto de siglo, Jones decidiera cambiar la imagen de Tom agregándole cejas gruesas y cambiando su contextura, como una suerte de primo lejano del gato Silvestre. Jerry tampoco se salvó, le crecieron las orejas y se suavizaron sus facciones. Pero no todas las decisiones artísticas fueron negativas, a esta época corresponden los inolvidables títulos de apertura, en los que Tom reemplaza al icónico león de la MGM.

Chuck Jones continuó su trabajo hasta 1967, año en que la serie entró en un nuevo limbo, pero esta vez no fueron problemas de presupuesto sino de algo peor: acusaciones de racismo y de apología de la violencia que pusieron muy nerviosos a los ejecutivos de los estudios. La decisión que tomaron fue hacer desaparecer lo ya hecho, como si nunca hubiera existido.

Enemigos públicos de la infancia

Que Tom y Jerry fueron acusados de promover la violencia en los chicos es una historia conocida, los ecos del escándalo llegaron incluso a nuestro país. Pero menos popular fue que también se tildó al material de racista. El personaje de la polémica era la dueña de Tom, una criada obesa de la que solo se conocían sus piernas, sus chancletas y el característico grito con el que retaba a su mascota. Para no herir susceptibilidades, a partir de 1965 los cortometrajes originales se reeditaron, recortándoles las escenas más “violentas”. También se cambió el personaje de la criada, que en su versión original pasó de tener un acento sureño a un refinado irlandés.

Con repeticiones de los viejos capítulos pero recortados a la medida de una nueva normalidad, la serie se mantuvo vigente por una década más.

En 1975 Hannah-Barbera retomó el control del programa y a tono con los nuevos tiempos antiviolencia y en pos de la conquista de un público aún más joven cometió el peor pecado que podía cometer: convirtió a los protagonistas en amigos. Sin asignaturas pendientes, ahora Jerry iba sentado en el hombro de Tom, usaba un moño rojo y formaba equipo con él a la hora de vivir aventuras. Es decir, del espíritu del original habían quedado solamente en los nombres.

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Las modificaciones continuaron, pero manteniéndose por carriles similares poniendo el acento en una animación cada vez más sofisticada y al mismo tiempo sin rastros de la transgresión del original. Ni hablar de olvidables subproductos como Los pequeños Tom y Jerry (Tom and Jerry Kids Show) que, en concordancia con una moda muy presente en los años 90, que consistía en infantilizar a los personajes. Por suerte, esta tendencia no prosperó.

De la misma época es el homenaje más brutal que recibieron Tom y Jerry con sus parientes lejanos Tomy y Daly, que desde Los Simpson, se burlan de aquellas acusaciones de violencia multiplicándolas hasta el infinito.

Más acá en el tiempo apareció el primer proyecto que intentó volver a las fuentes. En marzo de este año se estrenó Tom y Jerry: la película, cuyo relato recupera el viejo antagonismo de la pareja mientras interactúan con estrellas como Chloë Grace Moretz y Michael Peña. La intención fue buena, el problema fue que todos los gags del film están calcados de los capítulos originales. Algo que si bien sirve para tocar una cuerda nostálgica, también revela una profunda pereza creativa.

Con 80 años a cuestas, Tom y Jerry continúan desafiando lo políticamente correcto y rompiendo estructuras, con reglas propias y sin pensar en las consecuencias. Será por eso que cada día están más jóvenes.

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