En la caótica Birmania las vacunas son armas de guerra

Singapur, 9 jun (EFE).- Con menos de la mitad de su población vacunada contra la covid-19, Birmania necesita vacunas urgentemente. Pero la situación de conflicto y semianarquía que vive el país hace probable que, aunque se reciban las dosis, se conviertan en un arma arrojadiza entre el Ejército y los rebeldes y no lleguen a todos.

En un país que en poco más de un año, desde el golpe de Estado del 1 de febrero de 2021, ha pasado de ser una de las grandes promesas de apertura asiáticas a un estado en guerra alejado de la comunidad internacional, la falta de vacunas contra la covid-19 es el enésimo ejemplo de la disfuncionalidad de la junta de Min Aung Hlaing.

“La pandemia de covid-19 ha amplificado la crueldad de la junta militar. La covid-19 arrambla con todo de un modo imparable”, asegura a Efe Salai Maung Taing San, conocido como doctor Sasa, portavoz internacional del Gobierno de Unidad Nacional (NUG).

Formado por miembros de la derrocada Liga Nacional para la Democracia de Aung San Suu Kyi, que gobernó entre 2015 y 2021, el NUG se autoproclama el poder legítimo de Birmania, donde una gran parte de la población no reconoce a la junta y ha salido a las calles a enfrentarse a los generales desde la asonada.

SISTEMA SANITARIO COLAPSADO

Una situación de conflicto que ha sumido al país en la anarquía y ha colapsado múltiples servicios, entre ellos el sistema sanitario.

En este último caso, por un motivo añadido: los médicos han sido una pieza clave del movimiento de desobediencia civil surgido tras la asonada, a lo que los militares han respondido deteniendo a más de un centenar de facultativos, según una oenegé local, y cerrando centros sanitarios desleales al régimen militar.

En ese contexto, según fuentes humanitarias en el terreno que piden preservar el anonimato, “la covid-19 en Birmania ha hecho todo menos desaparecer” en Birmania.

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que los casos registrados semanalmente han bajado a cifras de dos dígitos, datos poco fiables debido a la falta de test, alerta en un comunicado a Efe de que la mitad de sus 54 millones de habitantes aún no ha tenido acceso a vacunas, necesitándose millones de dosis.

VACUNAS CONVERTIDAS EN ARMAS

El doctor Sasa, galeno reconvertido en político, denuncia además que los generales “han convertido las vacunas en armas”, decidiendo a quién llegan y a quién no “para quebrar la resistencia de la gente”.

Desde su entorno afirman que la junta bloquea en particular la llegada de vacunas a los miembros de su gobierno, de las fuerzas de defensa popular (la guerrilla formada para combatir al Ejército), y a los presos políticos y sus familiares.

Fuentes humanitarias consultadas desde el terreno, que prefieren preservar su identidad por seguridad, indican mientras que “mucha gente ha preferido no recibir las vacunas distribuidas por la junta para, o bien mostrar su oposición política o bien porque no quieren dosis chinas (muchas de las que llegan)".

Según estas fuentes, la junta sí habría accedido a vacunar a minorías étnicas como los rohinyá (cuyo acoso por parte del Ejército en 2017 llevó al éxodo de 725.000 y es investigado por el Tribunal Internacional de Justicia de la ONU por constituir un posible genocidio), y aquellos sin inocular estarían en los estados donde hay mayor conflicto y que los militares apenas controlan.

DÍFICIL ACCESO A LAS ZONAS EN CONFLICTO

El NUG, que no es reconocido oficialmente por ningún país y es perseguido por la junta, lamenta que, pese a sus peticiones a la ONU y otras instituciones, no se les haya incluido en los procesos de distribución de vacunas, normalmente donadas a través del COVAX (la iniciativa dirigida por la OMS para el reparto equitativo de dosis).

Preguntado al respecto, la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (UNOCHA) en Birmania, asegura a Efe en un comunicado que "nos comunicamos con todas las partes para entregar la ayuda necesaria a la población vulnerable, sobre todo en las áreas en conflicto del sureste y el noroeste".

Son esas áreas a las que más difícil resulta hacer llegar las vacunas por su lógica inestabilidad y falta de instituciones que ayuden en su reparto, para lo que el NUG, que sí está en contacto con la comunidad diplomática pese a no ser reconocido oficialmente, se presta a ayudar.

Desde Birmania las fuentes consultadas dudan de la capacidad operativa actual del calificado como gobierno en la sombra, con muchos de sus miembros en el exilio pero que busca alianzas con grupos en el terreno como las guerrillas de minorías étnicas, mientras la OMS destaca las barreras logísticas y de seguridad.

“La ayuda humanitaria debe llegar a la población más vulnerable, pero acceder a ciertas zonas entraña riesgos muy elevados”, subraya el organismo en el comunicado a Efe.

“Sin embargo, continuaremos dialogando con todas las partes para identificar las formas de proceder y salvar vidas”, agrega.

Pese a la intrincada situación, el doctor Sasa reitera su mensaje. “Estamos desesperados por conseguir vacunas. Se trata de salvar vidas, no es una cuestión política o estratégica”, añade a Efe.

Paloma Almoguera

(c) Agencia EFE

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