Cártel de Sinaloa, la empresa criminal más grande y poderosa de México

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No se podría entender el narcotráfico en México sin referirse al estado de Sinaloa, la génesis del contrabando, producción y comercialización de estupefacientes en el país azteca y, en al menos los últimos 50 años, uno de los principales exportadores de enervantes en el mundo. De simples proveedores de marihuana, los mafiosos sinaloenses han diversificado su negocio de millones de dólares al tráfico de cocaína, metanfetamina y, recientemente, fentanilo.

Una de las organizaciones criminales que se benefició del tráfico de drogas fue el Cártel de Sinaloa, a la que le preceden las cuadrillas del valle de Culiacán en los años veinte y treinta, conformadas por soldados o pistoleros que proveían de marihuana y amapola a los soldados estadounidenses adictos. Algunos sociólogos aseguran que los registros de aquellos años en México, dan cuenta de la existencia de fumaderos de opio ubicados en la Ciudad de México, en Ciudad Juárez, Chihuahua; en Mexicali, en Tampico e, inclusive, en Tijuana, muy cerca de la frontera con EE.UU.

En el libro “Una vida en la vida sinaloense” escrito por Manuel Lazcano Ochoa, quien fuera el procurador de justicia de Sinaloa en 1945, en 1963 y en 1987, se detalla que, cuando la expansión de ciudadanos chinos en territorio sinaloense había proliferado, en el año 1924, ellos comenzaron a dedicarse a actividades de la droga, entre estas, al cultivo de amapola; aunque también muchos de los inmigrantes optaron por establecer casinos como parte de sus negocios pujantes.

En aquellos años, se consumó un odio injustificado hacia los chinos con la creación del Comité Antichino en Sinaloa, que a menudo eran ‘cazados’ con el objetivo de encerrarlos, trasladarlos en furgones de ferrocarriles y reubicarlos en otras ciudades como Acaponeta, en el estado mexicano de Nayarit. Sin embargo, al convertirse en una gran población inmigrante, los nayaritas optaron por ‘reetiquetar’ los “cargamentos de chinos” y los reubicaron aún más abajo del mapa de la República Mexicana, en el estado de Chiapas. En aquella región, los chinos comenzaron a dedicarse al cultivo y procesamiento de plantíos de café y, nuevamente, fueron migrando a su país de origen o, simplemente, murieron, refieren los documentos de la época.

Lazcano Ochoa refiere en su obra que no solo fueron chinos sino también estadounidenses los que llegaban a México para adquirir o cultivar drogas. El negocio de los estupefacientes estaba íntimamente ligado a los negocios de la guerra en EE.UU. El exprocurador de justicia también añade que los sinaloenses contribuyeron a la expansión del tráfico de drogas en la entidad, debido a que muchos de ellos –la mayoría amapoleros– cultivaban este opioide y viajaban a Nogales, en Arizona, con un pequeño cargamento y cruzaban la frontera entre México y EE.UU de ‘forma legal’. En aquellos años, la aduana norteamericana permitía el libre tránsito de los campesinos con los pequeños paquetes de drogas bajo el brazo.

La siembra y cosecha de marihuana y amapola –también conocida como ‘adormidera’ por sus efectos de somnolencia– provocó que EE.UU. actuara en consecuencia y promulgara la ‘Marihuana Tax Act’, una ley que sigue vigente hasta hoy día y que prohíbe el consumo, posesión y comercio de la planta verde en todo el territorio. Cabe mencionar que hubo reiterados intentos de uno de los líderes mafiosos estadounidenses, conocido como Benjamin Siegel, alias “Bugsy”, de consolidar un imperio de las drogas en consenso con autoridades mexicanas y estadounidenses, pero falló. Por el contrario, EE.UU. y México emprendieron una persecución no solo contra ciudadanos chinos –los presuntos iniciadores del narcotráfico en ambos lados de la frontera– sino contra estadounidenses y mexicanos, a quienes consideraban “viciosos en general”.

El tiempo transcurrió y, de acuerdo con algunos estudiosos, a finales de los años sesenta, Pedro Áviles Pérez se convirtió en el primer gran narcotraficante de Sinaloa, pionero en el comercio de drogas –específicamente de marihuana– y en el uso de aeronaves para trasladar enervantes de México hacia EE.UU. Poco cambió durante los tiempos de la denominada ‘prohibición en EE.UU.’. La actividad de los ‘marihuaneros’ y ‘amapoleros’ era común en Sinaloa, y Áviles aprovechó el mercado para explotarlo a su conveniencia.

Durante la década de los ochenta, una segunda ola de narcotraficantes surgió y era encabezada por Roberto Moreno, Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Carrillo “Don Neto”, Miguel Ángel Félix Gallardo “El Jefe de Jefes”, Ismael “El Mayo” Zambada; y el sobrino de Áviles Pérez, Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, entre otros. El negocio de las drogas comenzaba a dar frutos, presuntamente con la venia del Gobierno de México, quien mantenía una ‘pax narca’ y sometía a las organizaciones criminales a su antojo y de acuerdo a sus intereses políticos. Hasta ese momento, el Poder Ejecutivo Federal regía sobre los nacientes cárteles de la droga, en específico, del Cártel de Guadalajara.

No obstante, un episodio marcó el rumbo de las organizaciones criminales en México. El que era considerado el único modelo de cártel, el de Guadalajara, vio caer su liderazgo, luego de que en 1985, Rafael Caro Quintero, “Don Neto” y “El Jefe de Jefes” ordenaran y, presuntamente, ejecutaran el asesinato del exagente de la DEA (Agencia Antidrogas de EE.UU), Enrique Camarena, mejor conocido como “El Kiki”. Los tres principales líderes fueron aprehendidos y, Guillermo González Calderoni, quien a finales de la década de los ochenta fungía como jefe de la Policía Antinarcóticos de la administración del entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, organizó una junta para ‘repartir’ los territorios de la República Mexicana con el fin de redistribuir las labores del narcotráfico y obtener jugosas ganancias de EE.UU.

Durante la reunión, según algunos testimonios de aquellos años, González Calderoni ‘repartió’ el territorio mexicano a las nuevas organizaciones criminales de la siguiente manera: A la familia Arellano Félix, se le asignó Tijuana, en Baja California; Tecate, en Baja California, a “El Chapo” Guzmán; San Luis Río Colorado, en Sonora, a Héctor “El Güero” Palma; Nogales y Hermosillo, en Sonora, a Emilio Quintero Payán; Ciudad Juárez, en Chihuahua, para la familia Carrillo Fuentes y, finalmente, el estado de Sinaloa para Ismael Zambada García, “El Mayo”.

La globalización trajo cambios significativos para las empresas criminales. Tras adquirir mayor poder y peso que el Estado mexicano, y tras la entrada en vigor del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) entre México, EE.UU. y Canadá, los cárteles comenzaron a pelearse más territorios entre ellos. El Cártel de los Arellano Félix comenzó a cobrar cuotas al “Chapo” y al “Mayo” por dejar pasar sus cargamentos de droga al otro lado de la frontera, lo que provocó que ambos capos se unieran y consolidaran el poderoso Cártel de Sinaloa.

Tras una lucha contra los Arellano Félix y contra los propios primos de Guzmán Loera, conocidos como “Los Beltrán Leyva”, la organización sinaloense fue adquiriendo mayor relevancia y apoderándose de cientos de municipios, localidades y una veintena de estados de la República Mexicana. “El Güero” Palma se uniría más tarde a las filas de “El Chapo”, al igual que Juan José Esparragoza Moreno, alias “El Azul”. Todos los capos crearon un sistema de túneles para exportar marihuana y, años después, cocaína a EE.UU. Las autoridades norteamericanas están convencidas de que “El Chapo” Guzmán fue el primer criminal en contrabandear bajo tierra cerca de 200 toneladas de enervantes entre 1990 y 2008.

Pese a su primera captura en Guatemala en el año 1993 y sus dos fugas de centros penitenciarios de máxima seguridad en México, en 2001 y 2015, “El Chapo” Guzmán siempre mantuvo su liderazgo y hegemonía al frente del Cártel de Sinaloa. Y, aunque se dice que “El Mayo” Zambada fue y sigue siendo el jefe máximo de la organización, lo cierto es que Guzmán Loera posicionó al cártel como la empresa criminal más pujante, con diversas franquicias alrededor del mundo, al estilo de una cadena de restaurantes de comida rápida como McDonald’s.

De acuerdo con algunos estudios, los tentáculos del Cártel de Sinaloa se extienden desde Nueva York, en EE.UU., hasta Buenos Aires, en Argentina. Algunos analistas sugieren que la influencia de la organización sinaloense llega hasta países como China o Japón y, actualmente, opera en 50 naciones del mundo y en 17 de los 31 estados de la República Mexicana. Se tiene la creencia de que el Cártel de Sinaloa adoptó el ‘modus operandi’ del Cártel de Cali, en Colombia, el cual estableció alianzas gubernamentales y empresariales para consolidar su poder penetrando a las fuerzas de seguridad, a veces optando por la violencia y, otras tantas, por las amenazas y sobornos.

Actualmente, el CJNG (Cártel Jalisco Nueva Generación) –liderado por Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”– es el principal enemigo del Cártel de Sinaloa, como en su momento lo fueron el Cártel de Juárez, el Cártel de los Arellano Félix, Los Zetas, Los Caballeros Templarios, el Cártel de los Beltrán Leyva, Cártel del Golfo, entre muchas organizaciones más. Recientemente, grupos criminales que están adquiriendo notoriedad en el mapa delictivo como La Unión Tepito o el Cártel de Tláhuac, han disputado parte del territorio del narco en la Ciudad de México aventajando a las organizaciones lideradas por “El Mencho” y “El Mayo”.

Y, aunque las ganancias del Cártel de Sinaloa son inciertas, algunos reportes elaborados en 2012 aseguraban que las jugosas sumas podrían equipararse a las de Facebook, Amazon o UPS. Cuando aún permanecía en cárceles de máxima seguridad en México y previo a su extradición y enjuiciamiento en EE.UU., la Fiscalía General de EE.UU. reveló que la fortuna de “El Chapo” Guzmán ascendía a los 14.000 millones de dólares, cerca de 266.000 millones de pesos mexicanos, según el tipo de cambio vigente a 19 pesos por dólar.

Hasta el día de hoy, no existe una organización criminal como el Cártel de Sinaloa, que haya resistido la constante lucha contra el gobierno mexicano, los cambios de estrategia de seguridad, el involucramiento activo de fuerzas de inteligencia de EE.UU. e, inclusive, la globalización, las crisis económicas y las guerras. Nada ha impedido que la empresa criminal –liderada por “El Mayo” Zambada y los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán– sea considerada el ‘narcoholding’ por antonomasia. Como si se tratara de un monstruo o una figura mitológica, al Cártel de Sinaloa le pueden cortar una cabeza, pero le saldrán cinco o diez o quince más.

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