Bolsonaro y Moro, envueltos en una disputa de consecuencias inciertas

Marcelo Silva de Sousa

RÍO DE JANEIRO.- El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, desactivó ayer una bomba de relojería que él mismo había fabricado. Luego de haber evaluado desdoblar en dos el actual Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, actualmente a cargo del Sergio Moro, vaciando la cartera del exjuez, Bolsonaro confirmó que desistió de la idea y alejó el fantasma de una posible salida de Moro del gobierno.

La marcha atrás de Bolsonaro, comunicada por él mientras se encontraba en un viaje oficial en la India, llegó luego de una creciente presión de parte de aliados del ministro que filtraron a través de la prensa brasileña que la división del ministerio decantaría en la renuncia de Moro. "En este momento la posibilidad [de desdoblar el ministerio] es cero. ¿Está bien? No sé mañana, en la política todo cambia", dijo Bolsonaro a periodistas al desembarcar en Nueva Delhi.

La posibilidad de que Moro perdiera la cartera de Seguridad había tomado forma anteayer, cuando Bolsonaro admitió que evaluaba recrear el Ministerio de Seguridad, cerrado por su administración, en respuesta a un pedido de secretarios estatales. En ese caso, el exjuez de Curitiba se quedaría solo con la cartera de Justicia, debilitado para cumplir con las dos banderas con las que llegó al cargo: la lucha contra la corrupción y el crimen organizado. La cesión del Ministerio de Seguridad hubiera implicado la pérdida de la jefatura de la Policía Federal, una fuerza clave en la investigación de delitos de corrupción en Brasil.

El ministro estrella de Bolsonaro acompañó la crisis gubernamental en silencio. Su secretario de comunicación dijo a LA NACION que no comentaría el asunto, y tampoco habló con medios brasileños.

En el plan de Bolsonaro ya había trascendido incluso un firme candidato a liderar ese nuevo ministerio: Alberto Fraga, un exdiputado del partido Demócratas (DEM).

Rodrigo Maia, presidente de la Cámara, es miembro del DEM. La designación no hubiera sido más que un gesto de Bolsonaro al denominado bloque del Centrão en el Congreso, aliado circunstancial del presidente para avanzar en la agenda de reformas.

"Hay interés de sectores de la política. Nosotros simplemente aceptamos recoger las sugerencias, educadamente dijimos que vamos a estudiarlos, y los ministerios continúan sin problemas", agregó Bolsonaro, intentando dar vuelta la página.

Bolsonaro evitó una crisis mayor. Sin embargo, la solución no es definitiva: apenas postergó hacia el futuro una convivencia que seguirá guiada por la tensión, según analistas consultados por LA NACION.

"Hay una disputa por prestigio y poder político entre ambos", dijo Paulo Calmon, politólogo de la Universidad de Brasilia. "Bolsonaro teme que Moro se lance como candidato. Sabe que tiene gran popularidad y es potencialmente una gran amenaza que le disputaría el mismo electorado".

El desgaste sobre el ministro estrella de Bolsonaro llega en un momento inmejorable para el exjuez: las últimas encuestas lo muestran como el político más popular de Brasil y algunos analistas lo consideran un natural candidato a presidente para 2022. El ministro brasileño construyó su popularidad tras condenar a Lula por corrupción en 2017. A pesar de las filtraciones que el año pasado comprometieron su actuación como juez anticorrupción al frente del Lava Jato, caso en el que presuntamente habría extrapasado sus funciones a la acusación, en un capítulo conocido como Vaza Jato, y de algunas derrotas legislativas en 2019, la popularidad de Moro se mantiene más alta que la del propio Bolsonaro.

Según una reciente encuesta de Datafolha, publicada en diciembre pasado, Moro es el político más popular de Brasil, con un 53% de aprobación. Bolsonaro aparece con 30%.

"Creo que Moro quiere estar en las urnas", dijo ayer el líder del Partido de los Trabajadores, en una entrevista con la radio brasileña Itaiaia, haciendo leña del árbol caído.

Para Mauricio Santoro, politólogo de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, la salida de Moro hubiera significado "un golpe muy duro en un año de elección".

"La crisis se resolvió, pero deja abierta la posibilidad concreta de que haya nuevos capítulos".

Denuncia de indígenas por una frase racista

La principal organización indígena de Brasil, que representa a 300 tribus, anunció que demandará por racismo al presidente ultraderechista Jair Bolsonaro, quien dijo que los indígenas están "evolucionando" y volviéndose más humanos. "Necesitamos detener a este hombre perverso", escribió en su cuenta de Twitter Sonia Guajajara, líder de la Asociación de Pueblos Indígenas de Brasil (APIB). "Iremos a los tribunales contra Jair Bolsonaro por el delito de racismo". Brasil tiene unos 850.000 indígenas. "El indio ha cambiado, está evolucionando y convirtiéndose cada vez más en un ser humano como nosotros", dijo Bolsonaro en un video difundido anteayer en las redes sociales. "Lo que queremos es integrarlo a la sociedad para que pueda ser dueño de su tierra", agregó el mandatario.