La macabra leyenda de la Casa del Sultán en Nueva Orleáns

Jesús Del Toro

La historia no es nueva, y en realidad está ya sumergida en las neblinas del mito en una ciudad tan plena de leyendas y misterios como la antigua Nueva Orleáns. Algunos incluso dudan que haya sucedido realmente, o al menos en la forma como hoy es contada. Pero sigue causando sorpresa y a algunos aún les causa algún escalofrío.

Una vieja casona, llamada la mansión Gardette-LaPrete, guarda una historia de amor, traición, horror y muerte con conexiones transcontinentales. Por ello, se le conoce también como el Palacio del Sultán.

La historia ha sido muchas veces contada por los guías de turistas en el ‘French Quarter’ de Nueva Orleáns, pero no por ello dejó de sorprender y perturbar un poco a la actual propietaria del edificio cuando se enteró de ella y se interesó inicialmente por esa propiedad, según relata la televisora local WGNO.

La casona fue construida hacia 1836 y entonces era un edificio de gran porte y lujo en Nueva Orleáns. Tiempo después un hombre turco, según él un sultán, la compró e inmediatamente cubrió las ventanas y añadió numerosos candados a las puertas y cadenas a las rejas exteriores. No se sabía bien a bien lo que sucedía en su interior aunque, al parecer, por las noches la casa se encendía de fiesta, llena de jóvenes mujeres, música y sugerencias inquietantes.

Pero un día todo cambió trágicamente. Una persona vio sangre escurrir de la casa, la policía llegó, entró y halló dentro una masacre. Hombres, mujeres y niños asesinados y sus cuerpos desmembrados esparcidos por toda la casa. Y en el patio hallaron una tumba recién cavada de la que solamente una mano sobresalía al exterior: al parecer allí yacía el supuesto sultán, enterrado vivo por sus atacantes. 37 muertos en total se cuentan en el relato.

La dueña actual de la mansión, Nina Neivens, contó a la WGNO que la casa le gustó desde la primera vez que la vio, pero que la historia le inquietó inicialmente e incluso pensó que el valor de la propiedad podría verse afectado por el cuento macabro asociado a la mansión. Pero luego se lo tomó con calma.

La historia de los asesinatos no terminó con el descubrimiento de los cuerpos. Se cuenta que, en realidad, el sultán no era tal, sino un hermano de un sultán que escapó a Estados Unidos llevándose consigo a las mujeres y los hijos del harem de su hermano. La casona en Nueva Orleáns había sido su refugio, hasta que el verdadero sultán se enteró y ordenó liquidar a todos los habitantes.

Neivens no cree que en la casa se hayan cometido tales muertes y considera que la historia se ha sensacionalizado a lo largo de las décadas. En realidad no hay manera de saber qué fue lo que sucedió, si es que realmente hubo tal masacre y quién la perpetró y quiénes fueron sus víctimas.

Con todo, para el turismo y para ciertos inquilinos, vivir en una mansión con esa leyenda a cuestas resulta atractivo. Hoy la mansión está dividida en varios apartamentos, e incluso algunos quedan vacantes y se ofrecen en renta de vez en cuando.

La dueña dice que, con todo, a veces se siente una presencia extraña en esa mansión, algo que hace pensar a quien la siente que no se encuentra solo aunque no haya nadie más en el lugar.

Seguramente será el vaporoso calor de Nueva Orleáns, y el perdurable efecto de las fiestas de Mardi Gras.