El cerebro pudo aparecer dos veces durante la evolución

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El estudio del cerebro es apasionante. Desde cualquier enfoque en que se indague, nunca dejan de aparecer cuestiones asombrosas – y pocos lugares mejores hay para empezar a descubrirlo que el blog de nuestro compañero Antonio Martínez Ron. La última sorpresa que ha dado la ciencia sobre este órgano tiene que ver con su evolución.

En realidad, si queremos hablar con propiedad nos estamos refiriendo al sistema nervioso. Este tejido únicamente aparece en animales, y es por una parte necesario para que existan – o existamos – estos seres vivos, y por otra una de las razones de su éxito. Pero, ¿dónde está la sorpresa de la que hablábamos? En que, según un artículo científico reciente, ha podido aparecer dos veces a lo largo de la evolución.

Y esto resulta difícil de explicar. En ciencias se trabaja siempre con el principio de parsimonia: de entre todas las posibles explicaciones, siempre se escoge la más simple. La que requiera menos pasos. En este caso, que el sistema nervioso ha aparecido una vez, y sólo una, durante la evolución. Y siempre se escoge la más simple, salvo que otra demuestre ser más cierta.

Que es lo que parece demostrar el artículo publicado nada menos que en Nature, una de las revistas más importantes y prestigiosas. Pero para entenderlo lo que significa e implica, hay que explicar primero el artículo.

Los seres vivos que denominamos animales – los que pertenecen al grupo biológico denominado Animalia – se pueden dividir a grandes rasgos en dos grupos. Según cómo se desarrolle su embrión, pueden ser diblásticos o triblásticos – tener dos o tres capas de células embrionarias.

Los humanos pertenecemos al grupo de los triblásticos, junto con los anélidos (gusanos), los artrópodos (insectos, arañas, crustáceos y ciempiés) y otros muchos grupos. Hoy en día sólo hay tres grupos de animales diblásticos: Porifera – esponjas –, Cnidaria – pólipos y medusas–, y Ctenophora.

El sistema nervioso aparece, más o menos desarrollado, en todos los animales triblásticos. Las esponjas y las medusas carecen de ellos. En cambio, los ctenóforos sí que poseen nervios y un cerebro, aunque muy reducido.

Hasta ahora se pensaba que el primer animal, ese organismo del que descendemos todos los demás, tanto los diblásticos como los triblásticos, tenía sistema nervioso. Y, simplemente – por decirlo de alguna manera – tanto los poríferos como los cnidarios lo perdieron.

Esta es una explicación mucho más simple a la alternativa. Que es la que se defiende en el artículo, que los ctenóforos desarrollaron un sistema nervioso por su cuenta, y que el primer animal triblástico lo consiguió de manera independiente.

La base para considerar esta idea es bastante amplia. Por una parte, la manera en la que se desarrolla el tejido nervioso de ctenóforos y el resto de animales es completamente distinta, empezando porque los ctenóforos no emplean células madre. Y en segundo lugar, porque los genes implicados son totalmente diferentes.

Los resultados de este estudio dibujan un escenario que resulta incómodo para muchos biólogos. La convergencia evolutiva – la aparición de soluciones similares para el mismo problema, como las alas de murciélagos, aves y dinosaurios voladores – siempre es complicada. Pero si la cuestión toca al cerebro, es aún peor.

Porque, entre otras cosas, implica que es la única solución posible. Que un sistema nervioso formado por neuronas, que se agrega para dar un centro de control – el cerebro – es no un éxito evolutivo, sino una necesidad. Y, llevándolo hasta un extremo, que si existiese una forma de vida “xenomorfa”, algún tipo de animal alienígena, también habría llegado a la misma solución.

Fuente: Yahoo España
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