Razones para no celebrar el día de la madre

Madre e hija

A veces parece que hace falta que nos recuerden las cosas. Y no sólo hablo de apuntarnos comprar café para el desayuno, o no olvidarnos que es miércoles, los niños tienen karate y hay que meter la cosa esa blanca con cinturón en sus mochilas.

No. A veces parece que hace falta que nos recuerden, por ejemplo, que tenemos que querer a las personas que más han hecho por nosotros en la vida. ¿A qué viene, si no, el Día de los centros comerciales, perdón, el día de la Madre? Descastados hijos que nunca llaman a sus mamás, ni les dicen que las quieren, ni las invitan a una bolsa mediana de palomitas con Coca-Cola en el cine; saben que el primer domingo de mayo les toca apoquinar.

También hay un día del orgullo zoombie, de los vuelos espaciales tripulados, de los zurdos, o de hablar como un pirata, por cierto.

¿Saben una cosa? El mejor regalo que me ha hecho nunca mi hija ha sido una piedra. íbamos caminando por la calle cuando de repente se paró, se agachó y cogió algo del suelo. "Mira, mamá, un regalo para tí. Eres mi mejor amiga y te quiero mucho. Toma". Y alargó la mano con una sonrisa en la cara de placer extasiado y felicidad total. Yo me derretí, evidentemente, porque esa piedra -y ese gesto al dármela- encierra todo el amor que mi hija siente por mí.

Espero que nunca, nunca, nunca, mi hija necesite un Día de la Madre para acordarse, y recordarme, todo lo que me quiere.

Y que me siga regalando muchas más piedras. No el día que le marque el calendario. No, por favor. Sino cuando a ella le salga del alma y a mí me pille desprevenida. Porque el amor no no sabe de fechas en el calendario. El amor, o es espontáneo, o no es.

#MiMadreEslaMejor

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