Rafael: la agitada vida sexual de un genio renacentista

Desde el pasado 12 de junio y hasta el próximo 16 de septiembre, el Museo del Prado acoge una exposición que repasa los últimos años de la magnífica producción artística de Rafael Sanzio, el otro gran genio — junto a Leonardo y a Miguel Ángel— del Renacimiento italiano.

Y es que, aunque quedan sólo unos años para que se cumpla el 500 aniversario de su muerte, el célebre pintor de Urbino sigue cautivando con sus obras como el primer día.

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Con el anuncio de la exposición en la pinacoteca madrileña, han sido muchos los medios que coincidían en preguntarse hasta dónde podría haber llegado el genio de Rafael de no haber muerto prematuramente a los 37 años, como también le sucedió a otro gran artista italiano, Caravaggio, fallecido en extrañas circunstancias sin haber cumplido los 40.

Aunque sin tanto misterio, la muerte de Rafael —y buena parte de su vida y obra— tampoco escapa a los interrogantes. Fue el artista y biógrafo Giorgio Vasari quien, en sus célebres 'Vidas', sugirió que había sido la agitada vida sexual del pintor la que terminó por llevarle a la tumba.

Según explica Vasari, Rafael cayó enfermo a causa de unas "fiebres violentas" causadas por los excesos derivados del sexo junto a su amante y, tras dos semanas de padecimientos, falleció el 6 de abril del año 1520.

Hoy ningún historiador considera probable que la enfermedad que llevó a la tumba a Rafael tuviera su origen en una "sobredosis" de sexo, pero no parece haber dudas en cuanto a los relatos sobre sus devaneos sentimentales y sexuales.

En una carta escrita a su tío Simone Ciarla en 1514, el propio Rafael se alegraba de condición de soltero y de haber rechazado las distintas propuestas de matrimonio planteadas por su familiar:

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"Respecto del matrimonio, respondo que estoy contentísimo y eternamente agradecido a Dios porque no acepté ni la primera [esposa] que me queríais dar ni ninguna otra (…) Estoy seguro de que jamás hubiera llegado a donde estoy, con 3.000 ducados de oro ahorrados en Roma".

Sin duda alguna, el joven Rafael prefería la libertad de la soltería, y Vasari recogió unos cuantos ejemplos en este sentido, refiriéndose al pintor de Urbino como "una persona apasionada, muy aficionado a las mujeres y siempre dispuesto a servirlas".


Vasari recoge una anécdota muy esclarecedora al respecto. En la segunda década del siglo XVI, Rafael recibió el encargo de decorar varias estancias de la Villa Farnesina, propiedad de su amigo Agostino Chigi.

Sin embargo, y para desesperación de éste, los trabajos no parecían concluir nunca, pues el artista pasaba más tiempo entre las sábanas retozando con su amante que usando los pinceles.

Para poner fin a aquella situación, Chigi tomó una decisión realmente singular: ordenó que la dama se trasladara a vivir a la Farnesina, de forma que al menos Rafael la tuviera cerca de su lugar de trabajo, y no perdiera tiempo con sus idas y venidas para 'encamarse' con ella.

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Esta anécdota podría parecer un chismorreo exagerado al que Vasari concedió credibilidad, pero lo cierto es que se conservan algunos documentos históricos que dan fe del carácter enamoradizo de Rafael.

Así, en unos dibujos preparatorios de las pinturas que debía realizar en la Estancia de la Signatura, en los palacios vaticanos, el pintor dejó escritos varios poemas "picantes" dedicados a una anónima amante.

Este detalle nos lleva hasta una última cuestión: ¿quién era la dama (o damas) por la que suspiraba el genio de Urbino?

En el siglo XIX, en pleno apogeo del movimiento romántico, los eruditos llegaron a la conclusión de que el objeto de sus desvelos era una joven llamada Margherita Luti, apodada 'la Fornarina' por ser hija de un conocido panadero del barrio del Trastevere, Francesco Luti.

Aunque esta hipótesis no cuenta con ningún tipo de respaldo documental, y por tanto no está probada históricamente, desde entonces se ha venido identificando a la joven como amante de Rafael, e incluso ha sido relacionada con dos retratos femeninos pintados por el artista.

El primero de ellos es 'Retrato de una joven', más conocido como 'La Fornarina', precisamente por la tradición que la identifica con Margherita Luti.

Se trate de ella o no, lo cierto es que el gesto de la joven llevándose la mano derecha hasta su seno izquierdo, en el lado del corazón podría aludir al amor que profesaba al pintor. Un hecho que quedaría reforzado por el brazalete con la firma del artista que lleva la dama en el brazo izquierdo.

No han faltado autores, sin embargo, que han querido ver en este gesto evidencias de otra índole. Así, en el año 2002 el médico Carlos Hugo Espinel publicaba en la prestigiosa revista 'The Lancet' un trabajo en el que sugería que la joven estaba señalando la presencia de un tumor de mama en su pecho.

Aunque sugerente, lo cierto es que la hipótesis de Espinel —no es el único trabajo que busca evidencias de enfermedades en obras de arte— parece algo endeble en este caso, pues el gesto de la dama se repite en un gran número de obras del Renacimiento, siempre como alusión al amor o a la generosidad materna.

En cuanto a la segunda pintura, conocida como "La Velata" o "Dama Velada" parece que, en efecto, representa a la misma joven que el lienzo anterior, aunque de nuevo desconocemos el nombre de la retratada.

¿Es esta hermosa joven de rasgos delicados Margherita Luti? ¿Fue ella quien compartió los últimos años junto a Rafael de Urbino y el objeto de su amor apasionado? Ese es un enigma para el que, por desgracia, quizá nunca tengamos respuesta.



Fuente: Yahoo! España
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