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La isla donde los hombres se hablan silbando

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El paisaje montañoso de La Gomera —después de El Hierro, la más pequeña de las islas del archipiélago Canario— es tan misterioso como la antigua lengua desarrollada por el pueblo guanche; una tradición atesorada por los isleños de hoy.

El Silbo Gomero, una modalidad silbada del castellano, fue desarrollado por los primeros habitantes de la isla colombina (La Gomera fue la última escala de Cristóbal Colón antes de partir al Nuevo Mundo en 1492) y adoptada más tarde por los colonos españoles. Este mecanismo fónico articulado constituye una de las manifestaciones culturales tradicionales vivas más singulares que, aparte del gomero, solamente mantienen poquísimos grupos humanos del planeta, como el pueblo mazateco, en México, los habitantes del Valle del Kusköy, en Turquía, y algún que otro pueblo bereber, en el norte de África.

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Transmitido de maestros a discípulos a lo largo de siglos, muchos lo ven como un primitivo legado cultural o una habilidad estrafalaria y campesina, pero el silbo sigue siendo realmente una técnica lingüística útil en determinadas circunstancias de la vida moderna y a pesar de su actual decadencia, se mantiene su uso en el mundo rural. Los gomeros puede comunicarse con fluidez sobre cualquier tema, se anuncian desde nacimientos, romerías y matrimonios hasta funerales, y el precio de una cabra puede negociarse desde lo alto de un monte hasta lo más profundo del valle.

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Y es que al silbo le viene como anillo al dedo el paisaje de La Gomera lleno de acantilados y barrancos, por eso un mensaje silbado puede darle la vuelta a la isla en apenas una hora ya que su alcance es de hasta tres kilómetros de distancia. No obstante, el silbo (inscrito desde el 2009 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO) está luchando por su vida en contra de la telefonía móvil y otras tecnologías de la comunicación. En un esfuerzo por salvar el lenguaje y mantener la tradición, se ofrecen clases nocturnas de silbo y se incluyó desde 1999 en el programa de las escuelas primarias para que siga siendo parte integral de la comunidad isleña.

La industria turística también ha sabido aprovechar la originalidad de este mecanismo de comunicación, ofreciendo exhibiciones a cargo de silbadores profesionales que intercambian y “traducen” al silbido cuanto se les ocurra a los turistas, que casi siempre se van con la idea de que lo que acaban de escuchar no es un lenguaje… sino unos complicados trucos que ellos no logran descubrir.

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