¿Por qué Cuba intervino militarmente en otros países?

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Angola fue otro campo de batalla de la Guerra fría: la URSS y Cuba de un lado, y EEUU y Suráfrica del otro.

Hubo una época en la que Cuba se comportaba como una potencia militar. La isla enviaba soldados, armamento y asesores a países del Medio Oriente, África y Asia. En la retórica del gobierno de La Habana se trataba de “misiones internacionalistas”, operaciones para liberar a los pueblos de la opresión. En la realidad de la política mundial, las acciones del régimen comunista tenían un fin menos altruista.

Un análisis superficial de la Guerra Fría nos conduciría a una conclusión simple: Fidel Castro actuaba como un peón de la Unión Soviética en el enfrentamiento con Estados Unidos. Pero el líder cubano demostró muy pronto a Moscú que no aspiraba a un papel secundario. Como un celoso alfil, el líder de la Revolución cubana se movió por el planeta para apuntalar los intereses ajenos y también los propios.

Entre la geopolítica y el mesianismo

Castro apoyó durante más de tres décadas a las guerrillas en América Latina con entrenamiento y pertrechos. Uno de los iconos de la izquierda, Ernesto Guevara, murió en una de esas abortadas revoluciones en Bolivia. El respaldo de la nación caribeña permitió al nicaragüense Daniel Ortega sostenerse en el poder hasta su derrota electoral en 1990. Sin embargo, América Latina nunca sintió la fuerza del ejército cubano.

Fue en la distante África donde la isla desplegó un nutrido contingente y obtuvo sus más resonantes victorias militares. ¿Por qué un pequeño estado latinoamericano invirtió tantos recursos humanos y económicos en las guerras africanas?

Aunque las primeras tropas regulares cubanas habían desembarcado en Argelia en 1963 –para combatir en la breve Guerra de las Arenas—la intervención a gran escala se inició en 1975, en Angola.  Hasta la retirada en 1991, más de 300.000 uniformados participaron en la contienda del lado del izquierdista Movimiento para la liberación de Angola (MPLA).

La guerra sirvió a Castro para reforzar su propaganda interna y como plataforma para consolidar sus intereses geopolíticos en África. De acuerdo con el discurso oficial, los jóvenes reclutas y reservistas que partían a combatir por dos años se elevaban a la condición de héroes, protagonistas de una nueva epopeya revolucionaria. Negarse al llamado a filas condenaba al ostracismo.

Cuba no recibió importantes beneficios económicos por el respaldo militar a Angola, a pesar de sus abundantes recursos petroleros. Se estima que Luanda llegó a pagar hasta 500 millones de dólares anuales a la isla por el mantenimiento de las tropas y el trabajo de profesionales civiles, antes de la caída de los precios del petróleo a mediados de los años 80. Pero en el momento más intenso de la guerra, las unidades cubanas protegían los pozos petroleros estadounidenses en Cabinda. ¡Ironías de la historia!

La estrategia que Castro condujo en África no produjo beneficios económicos, pero sí duraderas alianzas políticas.

En cambio, el sacrificio de miles de hombres y mujeres se tradujo en una creciente influencia de Cuba en la política africana. La victoria en la batalla de Cuito Cuanavale, en 1987, aseguró el prestigio de la isla a lo largo y ancho del continente negro. El desenlace de ese combate contribuyó al derrumbe del régimen del Apartheid en Sudáfrica, reconoció Nelson Mandela años después.

Desde entonces Castro ha contado con el apoyo incondicional de la mayoría de los países africanos en la arena internacional. Además, miles de jóvenes africanos se formaron en escuelas técnicas y médicas de Cuba, donde recibieron una educación impregnada por la ideología comunista. En lugar del petróleo, los minerales o los diamantes, el líder cubano apostó por la lealtad política de sus distantes vecinos. Y ganó su envite.

Por otra parte, las hazañas militares en Angola y Etiopía hicieron brillar la aureola mesiánica de Castro. Sobre la vida de miles de militares y la gestión desastrosa de la economía cubana, el Comandante en Jefe construyó su sueño de libertador de los pueblos del Tercer Mundo, oprimidos por el imperialismo. Ese delirio no solo costó vidas, sino también comprometió la subsistencia del régimen comunista cuando la Unión Soviética y sus aliados desaparecieron.

De Siria a Mozambique

País donde Cuba ha desplegado tropas regulares, asesores militares, guerrillas u oficiales de inteligencia.

Cuba envió una brigada de tanques a Siria, pero no para apoyar a Bashar al-Assad como reportaron algunos medios de prensa hace unos días, sino como parte de las unidades sirias y egipcias que atacaron a Israel durante la Guerra de Yom Kippur en 1973.

Militares y asesores cubanos trabajaron también en la desaparecida República Democrática Popular de Yemen, Libia y Argelia, además de respaldar a las guerrillas del Frente Polisario en el Sahara Occidental.

A mediados de 1987 la isla mantenía personal militar en 13 países y especialistas civiles en 27, la mayoría en el África Subsahariana. Además de Angola, las tropas cubanas combatieron en Etiopía y Mozambique, para sostener a regímenes ideológicamente cercanos al bloque comunista. 

Según cifras oficiales, 2.398 cubanos murieron en las campañas “internacionalistas”. El costo humano y económico de esas aventuras militares jamás ha sido calculado.