Los bioplásticos no son realmente tan "verdes" como muchos creen: ¿cuál es la mejor alternativa?

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POR Emilio López Romero/Nueva York-. Están presentes en nuestra vida cotidiana desde hace más de dos décadas en multitud de formas y dimensiones. Desde cápsulas de café sostenibles o bandejas biodegradables para la venta de alimentos en los supermercados hasta corchos para botellas de vino a partir de materiales renovables o zapatillas con suelas fabricadas con propanediol, un compuesto libre de petróleo elaborado con biomateriales derivados del maíz. Son los bioplásticos, están cada vez más en auge y su principal carta de presentación es que son una alternativa "verde" que ayuda a mitigar el impacto ambiental que causa el plástico convencional.

Para entender dónde está el mito y la realidad sobre los bioplásticos hay que saber primero qué son exactamente: una familia de los plásticos convencionales hechos a base de plantas y otros materiales biológicos en lugar del petróleo que se distinguen no solo por la materia prima que se utiliza para fabricarlos sino por su modo de descomponerse. 

Los defensores del llamado plástico "verde" aseguran que ayuda a disminuir la huella de carbono reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero. Un material que se ha colado en nuestras vidas como una de las soluciones a la crisis del calentamiento global, pero que esconde detrás una gran verdad: también causan efectos adversos al medio ambiente.

La realidad es que no es oro todo lo que reluce, un refrán muy popular al que recurren desde las organizaciones ambientalistas para explicar a la gente que el uso de los plásticos biodegradables y de otro tipo de productos de un solo uso solo alimenta falsas soluciones que impiden resolver de raíz la crisis de contaminación a la que se enfrenta el planeta. En este sentido, recuerdan que los bioplásticos deben ser expuestos a altas temperaturas para poder degradarse, un proceso que no tiene lugar en el medio natural y que, por lo tanto, siguen causando los mismos daños a la fauna marina que los plásticos convencionales.

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Según un estudio del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que fue publicado en el 2020, cada año terminan en los océanos de los cinco continentes cerca de ocho millones de toneladas de residuos plásticos, con los consiguientes daños irreparables que causan en la vida marina. Lo cierto es que no existen garantías de que los bioplásticos se degraden completamente en la naturaleza y lo preocupante es que su uso está cada vez más descontrolado: desde el 2000, el mundo ha producido la misma cantidad que en todos los años anteriores y se estima que para el 2025 el mercado mundial de los bioplásticos alcance un valor total por encima de los 35.000 millones de dólares.

EL USAR Y TIRAR SE TIENE QUE ACABAR

Desde Greenpeace lo tienen meridianamente claro. "No, absolutamente no, los bioplásticos no son la solución, son un engaño. Siguen siendo objetos de usar y tirar y están presentes en todos los ecosistemas del planeta, desde el Ártico al Antártico, y ya sean biodegradables o no, al final siguen siendo plásticos", aseguró a Yahoo Noticias Julio Barea, responsable de la campaña de residuos de Greenpeace, quien advirtió que en vez de ser un remedio para el problema de la contaminación, lo que se está haciendo es apostando por "falsas soluciones" que no van a resolver el problema de raíz.

Para Barea, detrás de esta campaña de desinformación sobre los bioplásticos están desde los mandamases de la industria del plástico y el petróleo hasta las marcas y los grandes supermercados. La solución real pasa, a su juicio, por priorizar la reducción de los residuos y la reutilización de todo tipo de envases. 

"El usar y tirar se tiene que acabar", asegura este experto, quien apunta a la necesidad de impulsar una legislación que sea más "clara y contundente" y que no permita seguir creando falsas expectativas, además de hacer más y más campañas de educación ambiental para que los consumidores entiendan que los bioplásticos no son la solución.

Por eso es fundamental, insiste, en que los consumidores entiendan que el hecho de que un envase sea biodegradable no significa que automáticamente se va a desintegrar, y repite una y otra vez que hay que volver a apostar por sistemas como el retorno de envases en grandes supermercados que premien al buen consumidor para que "dejen de ser una basura y se conviertan en un valor". 

"Estamos ante un problema de escala global, y si seguimos por este camino solo va a ir a peor, pero lo bueno es que está en nuestras manos tomar conciencia y consumir de una manera más responsable, exigiendo a los políticos que tomen medidas eficaces para luchar en contra de este tipo de contaminación", sentenció.

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