Bill Weld lanza un osado desafío contra Trump para quitarle la candidatura presidencial

La apuesta política de Bill Weld es osada, de resultado muy incierto pero de significado enorme. El exgobernador de Massachusetts se ha convertido en el solitario retador de Donald Trump por la candidatura presidencial del Partido Republicano rumbo a las elecciones de 2020.

Weld, de 73 años, es un abogado y político conservador que gobernó Massachusetts entre 1991 y 1997 y fue candidato a vicepresidente por el Partido Libertario en 2016. Fue nominado por Bill Clinton en 1997 para ser embajador en México, pero oposición en el Senado frenó esa opción, y compitió sin éxito por la candidatura republicana a gobernador de Nueva York en 2006.

Su posición es conservadora, sobre todo en el aspecto de reducción de impuestos, del gasto público y de la intervención estatal, y en años recientes ha sido muy activo dentro del Partido Libertario, una formación que aunque independiente tiene lazos comunes y frecuentes trasvases con el Partido Republicano y defiende los mencionados postulados, junto a un rechazo al intervencionismo estadounidense en el extranjero.

El exgobernador de Massachusetts Bill Weld anunció que se postula en pos de la candidatura presidencial del Partido Republicano, en directo reto interno al presidente Donald Trump. (Reuters)

En todo caso, Weld no es muy conocido a escala nacional, aunque mantiene prestigio en círculos conservadores. Por ello, su decisión de retar a Trump para tratar de frenar su aspiración a la reelección en la primaria republicana resulta notable por su osadía pero también por su carácter, hasta el momento, solitario y con enorme desventaja en términos financieros, propagandísticos, operativos y políticos.

Pero también es cierto que Weld ha dado un paso que una parte menor pero significativa del Partido Republicano, la que ha rechazado a Trump, deseaba pero no se había atrevido a hacer, en parte por el enorme peso ganado por el presidente dentro de su partido, por las ventajas en ciertos aspectos de la agenda conservadora que provee Trump y por el temor o disgusto de que su rechazo al mandatario acabe propiciando la victoria del Partido Demócrata en 2020.

Con todo, para algunos, y Weld lo ha dicho así, es imperativo reemplazar a Trump con un político conciliador y capaz de trabajar con espíritu bipartidista (algo en lo que Trump es ciertamente incapaz o incompetente), que reduzca la inmensa tensión y polarización política y social que sufre el país con la presente administración y que, desde la perspectiva ideológica, retome una senda conservadora en lo fiscal.

Y Weld ha dicho que aunque aspira a ganar la candidatura republicana y luego la Presidencia, no competiría como independiente en caso de que Trump lo derrote en la primaria (una posibilidad que no podría descartarse de parte de Trump en el aún improbable pero posible caso de que no fuese el nominado republicano), lo que sugiere que preferiría la unidad republicana para enfrentar a los demócratas, si bien Weld también ha sido claro, y su postulación es la prueba, que no cree que la permanencia de Trump en la Casa Blanca sea lo mejor para el país.

Así, Weld es hasta ahora la única alternativa a Trump dentro del Partido Republicano, pero su camino va muy cuesta arriba. Antecedentes históricos y condiciones contemporáneas así lo indican, aunque en la actual situación política del país (y el auge de Trump es un ejemplo) nada puede descontarse de antemano.

Bill Weld fue candidato a vicepresidente en 2016 por el Partido Libertario. Aunque minoritario, la mancuerna que Weld hizo con Gary Johnson, candidato presidencial libertario, cosechó 4.5 millones de votos. (AP)

La historia no ayuda

No se ha registrado en la historia reciente de Estados Unidos (y el único caso se remonta a Franklin Pierce en 1856) que el presidente electo y en funciones resulte vencido en el afán de lograr la candidatura de su partido para buscar su reelección. Pero el país de entonces era completamente distinto y los nubarrones de la Guerra Civil imponían una presión muy severa y concreta. Y aunque durante el siglo XIX y principios del XX varios presidentes designados (no electos) tras la muerte del titular fallaron en su intento de lograr un segundo mandato y otros que sí ganaron una elección voluntariamente optaron por gobernar un solo periodo de cuatro años, la historia ha estado abrumadoramente del lado de los presidentes que buscan postularse para la reelección.

En los últimos 50 años, con todo, se han registrado algunas osadas apuestas por desbancar a un presidente de su opción de permanecer cuatro años más en el poder.

En 1968 la postulación de Eugene McCarthy y luego de Robert Kennedy en el Partido Demócrata pusieron en jaque al presidente Lyndon Johnson, que abrumado por la Guerra de Vietnam al final optó por no postularse, si bien fue otro, el vicepresidente Hubert Humprey, quien se hizo con la nominación y salió derrotado ante el republican Richard Nixon.

Ronald Reagan casi lo logra ante el presidente Gerald Ford en la primaria republicana de 1976. Ted Kennedy fue un rival de peso contra el presidente Jimmy Carter en la interna demócrata de 1980. Y en 1992 Pat Buchanan lanzó también un reto al presidente George Bush padre. Ninguno de ellos logró quitarle la candidatura al presidente en turno, pero su impulso en buena medida mostró desacuerdo dentro de su respectivo partido, una situación de debilidad que a la postre habría incidido en el triunfo del opositor: Ford perdió ante Carter, Carter ante Reagan y Bush ante Clinton.

Desde 1992 no se ha dado un rival de peso para los presidentes en su afán de reelección y por ello la historia no es muy auspiciosa con Weld, quien si derrotara a Trump habría conseguido un logro prácticamente sin precedente.

Pero hay quien dice que como en 1976, 1980 y 1992, una división republicana en la primaria podría pasarles factura en 2020 y beneficiar al rival demócrata. Aunque ciertamente aún es muy pronto para juzgar al respecto. Por lo pronto, Weld ya inició una gira de campaña en el icónico estado de New Hampshire.

El dinero y el respaldo

Trump cuenta con enormes recursos económicos, que comenzó a recaudar casi desde el momento mismo en que llegó a la presidencia, para financiar su campaña de reelección y es de esperar que sus seguidores individuales y grandes donantes le aportarán aún más recursos, tanto en pequeñas contribuciones como en desembolsos de gran calado.

Según el portal Open Secrets, Trump cuenta ya con 93 millones de dólares para su campaña de reelección, más unos 16 millones adicionales de fondos externos. Weld, en cambio, apenas empieza y lo hace prácticamente desde cero y con menos capacidad operativa. Algo que es de importancia tanto en la cuestión financiera como en la labor de campo para acercarse y convocar a los votantes.

No es tampoco que Weld sea un candidato “pobre”. En 2016 logró recaudar varios millones para la mancuerna libertaria. Pero la maquinaria de Trump parece mucho mayor.

Las preferencias electorales tampoco le son hasta el momento auspiciosas a Weld. Una encuesta de Monmouth University realizada en marzo pasado le daba a Weld solo un 8% de preferencias firmes, más un 10% de personas que  no estaban seguras de votar por él aunque lo consideraban posible. Esos número suman 74% para Trump y, en general, 9 de cada 10 republicanos apoyan la gestión del actual presidente. La ruta para Weld es así difícil aunque no puede descartarse que su sola postulación (en marzo era aún una posibilidad) posiblemente haga que se decanten indecisos y se consoliden en torno a él los republicanos antitrumpistas. Pero si eso se convertirá en apoyo suficiente para que la campaña de Weld tenga viabilidad aún está por verse.

Además, está el factor de la acción cívica. Al margen de sus ideologías y preferencias, los votantes de Trump son muy activos y participativos, con un muy poderoso arraigo en la derecha radical. En cambio, los principales apoyos de Weld están entre los republicanos moderados y los conservadores tradicionales que no tendrían el apasionamiento y la combatividad de los trumpistas.

El balance y la agenda

Con todo, está el factor de los balances políticos y de la elegibilidad del candidato. Algunos consideran que el carácter polarizante y conflictivo de Trump, y posiblemente nuevas revelaciones y escándalos, podrían minar su candidatura y dejarlo en la elección presidencial con el soporte de sus seguidores de derecha radical pero menguado en el sector moderado y de centro, que podría correrse hacia los demócratas. La noción de que en ese escenario la candidatura de Trump no resultaría exitosa, y abriría la puerta al retorno de los demócratas a la Casa Blanca, podría dar combustible a la campaña de Weld, quien podría ostentarse como un político que, al contrario de Trump, podría concitar los apoyos suficientes en un espectro amplio para vencer al rival demócrata.

Pero nuevamente eso es especulativo a estas alturas y en buena medida habrá que esperar a que se dilucide quién es el abanderado del Partido Demócrata antes de poder analizar con más certeza ese escenario.

Pero dado que tal definición no podrá hacerse sino hasta con mayor claridad sino hasta 2020, Weld bien puede jugar con esa incertidumbre y atraer apoyos a su causa, en espera de que Trump se deteriore políticamente, algo que también es especulativo pues, a reserva de revelaciones explosivas, los severos reveses que Trump ha sufrido no le han aún hecho real mella entre sus numerosos e influyentes incondicionales, que en buena medida tienen la llave de la primaria republicana.

Finalmente, la cuestión de la agenda sería un posible factor positivo, aunque igualmente incierto para Weld. Muchos republicanos se encuentran inquietos por los afanes autoritarios de Trump, por no tener un perfil conservador en materia de gasto, impuestos y alcance gubernamental y por sus actitudes extrañamente condescendientes ante el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y polarizantes y hostiles contra muchas comunidades y grupos internos y contra aliados históricos internacionales. Para ellos Weld quizá sería una mejor alternativa.

Se afirma que los republicanos mantienen su apoyo a Trump pese a sus amplias falencias porque ha dado resultados en asuntos torales para ellos, como la nominación de jueces conservadores en la Corte Suprema y otras cuestiones ideológicas, pero eso podría ser aportado también por Weld, al menos en principio.

Sea como sea, Trump es un coloso que luce muy firme para lograr la candidatura republicana y buscar la reelección. Weld, con todo, ha dado el primer paso al que nadie se había atrevido: retar al presidente desde dentro de su partido. Y aunque cada uno es diferente, y ciertamente la apuesta de Weld luce difícil y de éxito improbable, eso mismo se pensaba de Trump en 2015.

Los tiempos y las circunstancias presentes son en ese sentido peculiares y esa diferencia es la que podría cambiar los balances y, quizá, dar sorpresas. El desempeño que Weld logre, así, en las próximas semanas será de enorme peso en sus aspiraciones. Como lo será también, y para las de Trump, si el paso dado por Weld catalizara la decisión de otros, como el exgobernador de Ohio, John Kasich, quien tiene mayores apoyos entre los republicanos y simpatizantes que Weld.

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