Cómo ayudar a los niños a aceptar el uso del cubrebocas

Perri Klass, M.D.
La Academia Americana de Pediatría de Estados Unidos ofrece recomendaciones para ayudar a los niños a acostumbrarse a los cubrebocas. (Alyssa Schukar/The New York Times)

LA MAYORÍA DE LOS NIÑOS DISFRUTAN LA OPORTUNIDAD DE SENTIRSE MORALMENTE SUPERIORES. ASÍGNALES LA TAREA DE SER LOS SUPERVISORES DE CUBREBOCAS DE LA FAMILIA.

Si usar un cubrebocas nos devuelve nuestro mundo, entonces es algo maravilloso.

Ahora que varios estados están reabriendo escalonadamente, el desafío que enfrentamos consiste en aferrarse a lo que tanto trabajo nos costó ganar al quedarnos en casa, cerrar comercios y evitar un contagio acelerado. Los cubrebocas son gran parte de la solución.

Los niños mayores pueden mostrarse renuentes a adaptarse a vivir con cubrebocas, pero los más pequeños están perfectamente dispuestos a aprender un ejercicio nuevo. Pueden ser los supervisores de cubrebocas de la familia y recordarles a los padres que no olviden sus protectores faciales cuando salen de casa, animarlos a que se los acomoden cuando se resbalan de su nariz, mirar con desaprobación a los corredores que salen sin protección facial o soplar el humo de los fumadores que se acercan demasiado.

La mayoría de los niños disfrutan la oportunidad de sentirse moralmente superiores a los adultos (y con frecuencia los adultos se los ponen demasiado fácil); anda y fomenta un poco de rectitud. Recuérdales que son más listos que esos adultos que no protegen a los demás y no se protegen a sí mismos; los cubrebocas tienen ambas funciones.

Es muy probable que volver a la escuela en otoño implique usar cubrebocas; cuanto más los hayan aceptado para entonces, mejor. Yo he impartido clases en China, donde muchas personas (incluyendo niños) han tenido el hábito de usar cubrebocas desde hace tiempo para evitar la transmisión o el contagio de enfermedades respiratorias. Los cubrebocas también aparecen cuando las concentraciones de agentes contaminantes en el ambiente son elevadas; todo el mundo entiende que un cubrebocas evita que los niños respiren sustancias dañinas.

Cuando eres estudiante de medicina, aprendes cómo lavarte y vestirte para una cirugía y, una vez que estás listo, cómo ponerte los guantes esterilizados sin contaminarlos. Ya estás usando mascarilla quirúrgica antes de ponerte los guantes porque (¿te suena conocido?) no quieres tocarte el rostro y contaminar los guantes. Por supuesto, en el quirófano también llevas protectores para zapatos, para cabeza y batas esterilizadas, y existe una coreografía sumamente organizada y estricta de las cosas y las personas que están esterilizadas y las que no lo están. (Eso sí, el cubrebocas en sí mismo no está esterilizado, así que no debes tocarlo una vez que tienes los guantes esterilizados puestos).

Luego, cuando eres estudiante de medicina en el quirófano, pasas un tiempo aterrado de contaminar ese entorno esterilizado; de que, en ese espacio lleno de personas bastante experimentadas (enfermeras instrumentistas, enfermeras circulantes, cirujanos, anestesiólogos), las cuales han llegado a distinguir lo que está esterilizado de lo que no, tú seas el aprendiz que lo eche todo a perder; y después aprendes las reglas, las asimilas y llegas a sentirte un poco más cómodo, un poco más confiado de que puedes ayudar a mantenerlos seguros a todos… en especial al paciente vulnerable, quien es la razón por la que todos están ahí.

A finales del siglo XIX, cuando los cirujanos entendieron el papel que juegan los microorganismos en una infección, comenzaron a usar cubrebocas de tela en el quirófano para no contagiar a sus pacientes. Para 1918, se usaban cubrebocas de gasa en hospitales para reducir la probabilidad de que las infecciones se propagaran entre los pacientes y proteger a los médicos y enfermeras.

Los cirujanos, las enfermeras instrumentistas y sus colegas de quirófano realizan un trabajo asombrosamente preciso y estresante durante muchas horas mientras usan cubrebocas. Cuando los miramos hacerlo (en grabaciones o en películas) quizá todos nos sentimos confiados de manera subliminal gracias a sus cubrebocas. Están concentrándose, siguiendo las reglas, trabajando. Pues bien, cuando decimos que una actividad no es una cirugía a corazón abierto, estamos comparando de manera despectiva esa actividad con algo que solo hacen personas que usan cubrebocas. Miramos ese rostro de cirujano con cubrebocas y pensamos: “Esa sí es una cirugía a corazón abierto”.

Como casi todo el mundo (incluyendo a la mayoría de los médicos), no sé bien qué va a suceder con la epidemia de coronavirus, pero como pediatra, sabía que los cubrebocas eran una buena idea, incluso cuando las autoridades nos decían que no los usáramos. Los cubrebocas hospitalarios ayudan a proteger a los trabajadores de la salud de las infecciones (no a la perfección, pero mejoran las probabilidades). Cuando se sabe que hay un niño enfermo en una clínica u hospital con una infección respiratoria (por ejemplo, un bebé hospitalizado con el virus respiratorio sincicial, oVRS), habrá señales por todos lados que indiquen que todos los que entren a la habitación deben ponerse un cubrebocas, una bata y guantes. Esto no se hace porque el VRS sea peligroso para el personal médico o los familiares… en los adultos, suele causar síntomas leves de resfriado común.

No obstante, puede ser peligroso para los bebés, en especial los prematuros, por lo que lo último que quieres es que los trabajadores médicos infectados, asintomáticos o con síntomas muy leves, pero posibles portadores del virus, contagien a otros bebés vulnerables. Incluso cuando están en la habitación cuidando al bebé enfermo, la mascarilla ayuda a prevenir esa transmisión, además de una higiene cuidadosa de las manos y otras precauciones relacionadas con el contacto.

Cuando hay un trabajador de la salud que podría tener una infección (por ejemplo, el clásico trabajador de la salud que no quiere o no puede vacunarse contra la influenza y, por tanto, constituye un peligro para los pacientes), ese trabajador usa un cubrebocas en el trabajo durante todo el invierno porque este protege a los pacientes.

Desde hace meses, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han estado recomendando protectores de tela para el rostro, señalando información sobre cómo las personas asintomáticas y presintomáticas pueden propagar el coronavirus. En otras palabras, los protectores para el rostro reducen la probabilidad de que propaguemos el virus sin querer cuando no sabemos que estamos contagiados. También nos recuerdan que no debemos tocarnos la boca y la nariz, así que nos protegen de contagiarnos sin darnos cuenta, y probablemente nos protegen hasta cierto punto de las gotas grandes. Una vez más, eso no está garantizado, así que continúa lavándote las manos, mantén el distanciamiento físico y cubre tu rostro cuando llegues a estar cerca de otras personas, o ellas estén cerca de ti.

La Academia Americana de Pediatría de Estados Unidos (AAP, por su sigla en inglés) les recuerda a los padres que quedarse en casa y el distanciamiento social sigue siendo lo más efectivo para evitar la propagación del virus, pero ofrece recomendaciones para ayudar a los niños a acostumbrarse a los cubrebocas. No se recomienda su uso en menores de 2 años y podría haber algunos niños que no pueden usarlos; la AAP menciona a los que tienen “graves deficiencias cognitivas o respiratorias”. Por otro lado, los niños inmunodeprimidos podrían necesitar mayor protección que la que ofrecen los protectores de tela para el rostro, y se recomienda el uso de cubrebocas N95.

Las sugerencias de la AAP incluyen colocar una cubierta de tela en el peluche favorito de un niño, decorar los cubrebocas para que estén más personalizados y dibujar uno en el personaje del libro favorito de tu hijo.

Surgirá más información acerca de la eficacia relativa de los diferentes tipos de protectores faciales, y cada vez hay un mayor interés en la posibilidad de usar caretas, lo que podría ser especialmente útil para los niños con problemas de neurodesarrollo que tienen dificultades para interpretar las señales sociales.

Sé que no siempre es agradable sentirse un poco acalorado y sudoroso bajo el cubrebocas en un día caluroso y húmedo, pero seamos sinceros, puedes sentir lo mismo con la ropa interior en un día igual de caluroso y húmedo. Entiendo que sea triste no ver todo el rostro de la gente en la calle, pero puedo lidiar con eso. Siempre tendremos Zoom.

Los médicos y enfermeras suelen sentirse seguros y cómodos con mascarillas quirúrgicas. Las cuentas de médicos en Twitter están repletas de TikToks acerca de cubrebocas, y por lo general están hechos con cariño. Ayudemos a nuestros niños a aprender de ese cariño… pueden sonreír desde detrás de sus cubrebocas a las otras personas que también están haciendo lo correcto.

Deberías sentirte un poco más seguro con tu cubrebocas, porque lo estás, y deberías sentirte como un ciudadano bueno y generoso al usarlo, porque lo eres. Deberías enseñarles a tus hijos a sentirse seguros y orgullosos cuando usen el suyo, porque se lo merecen. Ellos contribuirán a que el mundo sea más seguro.

Créeme, lo entenderán. No es una cirugía a corazón abierto.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company