Avanza un proyecto para “descolonizar” Nueva Zelanda y rebautizarla con un nombre maorí

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Hay un concepto maorí conocido como whakapapa: es la idea de que todos están conectados en una gran cadena de vida que une pasado, presente y futuro
Según un sondeo, Aotearoa sola o Aotearoa Nueva Zelanda cuentan con un apoyo combinado del 40%. - Créditos: @El País

WELLINGTON.– El primer contacto europeo con los indígenas maoríes terminó con la muerte de cuatro marineros y una precipitada retirada. Pero dio lugar a una identidad para este país del Pacífico Sur: Nieuw Zeeland en holandés, o Nueva Zelanda cuando más tarde pasó a formar parte del Imperio Británico.

Ahora, algunos legisladores quieren que los neozelandeses abandonen un nombre que se remonta a una época de colonización y adopten otro: Aotearoa, una palabra maorí que hace referencia a las nubes que, según la historia oral indígena, ayudaron a los primeros navegantes polinesios a llegar hasta aquí.

En todo el mundo, varios países se están replanteando sus identidades para hacer frente al resentimiento por su pasado colonial y forjar un nuevo futuro. En algunos casos, esto implica un cambio de jefe de Estado, como la ruptura de los lazos con la monarquía británica en Barbados. En otros, ha significado cambiar su nombre oficial, como hizo Eswatini en 2018 cuando su gobernante absoluto decidió que ya no debía ser conocido como Suazilandia. Australia modificó en los últimos años su himno nacional porque no reflejaba su historia aborigen.

En Nueva Zelanda, la cuestión está llegando a un punto crítico porque una petición para renombrar el país como Aotearoa –que se pronuncia “au-te-a-ro-uh”– ha conseguido más de 70.000 firmas y será estudiada por una comisión parlamentaria que podría recomendar una votación en el Parlamento, someterla a referéndum o no tomar ninguna medida.

“Es un reajuste de dónde estamos como nación”, dijo Rawiri Waititi, colíder del Partido Maorí, un pequeño partido en el Parlamento que apoyó la petición. “No hay nada que temer”.

A lo largo de varias décadas, Aotearoa se ha hecho más común en el habla cotidiana. Aparece en los billetes de banco y en los pasaportes, y es frecuente en los documentos gubernamentales, solo o combinado con Nueva Zelanda. Cuando Estados Unidos y Nueva Zelanda emitieron una declaración conjunta tras una reunión de sus líderes en mayo, se refirieron a Jacinda Ardern como primera ministra de Aotearoa Nueva Zelanda. El maorí es una de las tres lenguas oficiales de Nueva Zelanda, pero su fluidez ha caído en picada, herencia de las políticas de la época colonial que restringían su uso.

Ardern acoge con satisfacción el uso más amplio de Aotearoa, pero el gobierno no está estudiando un cambio de nombre formal, dijo una vocera de la primera ministra. Entre los que están a favor de un referéndum se encuentra Christopher Luxon, líder del Partido Nacional de la oposición, que cree que es una cuestión que no debería decidir el gobierno.

Los sondeos de opinión sugieren que los defensores de una nueva identidad se enfrentan a una dura batalla. Más de la mitad de los encuestados quieren mantener Nueva Zelanda, según una encuesta de la empresa de estudios de mercado Colmar Brunton. Sin embargo, Aotearoa sola o Aotearoa Nueva Zelanda cuentan con un apoyo combinado del 40%.

El estudiante de Derecho Ralph Zambrano se encuentra entre los que apoyan un uso más amplio de Aotearoa. “Utilizar Aotearoa como nombre refleja realmente nuestra historia y reconoce nuestro pasado, pero también cómo podemos avanzar juntos”, dijo el joven, presidente de la asociación de estudiantes de la Universidad Victoria de Wellington.

Aunque los exploradores holandeses fueron los primeros europeos en avistar Nueva Zelanda en 1642, pasaron otros 127 años antes de que se produjera el siguiente encuentro registrado entre europeos y maoríes. Fueron los británicos, en 1840, quienes reclamaron Nueva Zelanda y negociaron un tratado con decenas de jefes maoríes. Ese documento, el Tratado de Waitangi, es ahora la base legal para reparar los agravios derivados del conflicto con los colonos europeos, la desposesión de las tierras y el capital maoríes y la alienación de la cultura y la lengua.

Los defensores del cambio argumentan que el nombre oficial del país sólo tiene un vínculo superficial con su historia y menos conexión con la evolución que ha tenido desde mediados de los años 70, cuando un cambio de ley estableció un marco para compensar a las iwi maoríes –grupos tribales– y ayudó a iniciar un renacimiento cultural maorí.

Auckland, Nueva Zelanda
Auckland, Nueva Zelanda - Créditos: @GETTY IMAGES

Algunos opositores creen que Aotearoa es una invención moderna, popularizada por un libro de historia de finales del siglo XIX. Sin embargo, aparece en los periódicos neozelandeses de mediados del siglo XIX, lo que apunta a sus orígenes anteriores.

“Creo que es un factor de división”, dijo el concejal de Whanganui Charlie Anderson, un piloto de ambulancia aérea retirado que hace una década hizo campaña para mantener el anglicismo Wanganui como nombre de la ciudad. “No podemos seguir cambiando la historia porque sí”.

Dentro de la sociedad maorí, Aotearoa no se acepta en todo el país. Traducido al maorí, Nueva Zelanda es Nu Tirene, que apareció por primera vez en la década de 1830, pero no forma parte de la lengua vernácula moderna.

Las actitudes pueden tardar en cambiar en Nueva Zelanda, un país de unos cinco millones de habitantes. Los neozelandeses rechazaron una nueva bandera nacional en un referéndum hace seis años. Los ciudadanos han mostrado pocas ganas de eliminar a la monarca británica como jefa de Estado, a pesar de que la reina Isabel II reside a casi 20.000 kilómetros de distancia en Londres y visitó por última vez Nueva Zelanda hace dos décadas.

Como alcalde de Queenstown, Jim Boult forma parte de una campaña del ayuntamiento para que las empresas locales cambien el nombre de Wakatipu, el pintoresco lago de la ciudad turística alpina, por el de Whakatipu, para que sea correcto en maorí. La campaña ha tenido poca repercusión, dijo.

Sin embargo, a Boult le preocupa que el cambio de nombre del país perjudique al sector turístico, ya que Nueva Zelanda es una marca consolidada y fuerte a nivel internacional.

“Sería como si BMW cambiara su nombre por el de Bavarian Motors”, dijo.

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