Atentado contra Cristina Kirchner: qué se sabe hasta ahora sobre Nicolás Carrizo, el dueño de la máquina de copitos de azúcar y jefe de los vendedores

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Nicolás Carrizo junto a Brenda Uliarte
Nicolás Carrizo junto a Brenda Uliarte

“Es el que arma los copitos”. Así definió Brenda Uliarte, de 23 años y quien la Justicia sospecha que puede ser la instigadora del ataque a Cristina Kirchner, a Nicolás Carrizo, de 27, el último detenido en la causa, cuyo domicilio en el partido bonaerense de Morón ya fue allanado. Lo interrumpió mientras él hablaba en la entrevista televisiva que dieron el día después del atentado.

Junto a otros cuatro hombres intentaban explicar esa noche que “vinculaban una cierta amistad” con Fernando Sabag Montiel, quien había buscado matar de un tiro a la vicepresidenta el jueves 1 de septiembre, pero se centraban en los copos de azúcar que fabricaba Carrizo -quien habría aprendido la técnica de un vecino que vivía enfrente- para decir que la relación tenía que ver con lo comercial y que no entendían por qué el ciudadano brasileño de 35 años había querido cometer un magnicidio.

Carrizo al ser trasladado por personal de la PSA
Carrizo al ser trasladado por personal de la PSA

A la par de Uliarte, Carrizo -de pelo largo, campera de cuero blanca y remera negra- era la voz cantante del grupo. El que más hablaba ese viernes en el que se presentaron ante Telefe, con un intento frustrado antes en Crónica, y contaron que recibían amenazas por formar parte del círculo social de Sabag Montiel, ya preso. “Venimos a aclarar que no somos cómplices de lo que pasó, a nosotros nos están amenazando, y cuando salgamos a la calle y volvamos a la calle posiblemente nos pueda pasar algo”, advertía este hombre, que no paraba de mover su cabeza.

Hoy, tanto él como Sabag Montiel, Uliarte y una amiga de ella, Agustina Díaz, son los cuatro detenidos en la causa que investiga el intento de magnicidio contra la vicepresidenta. Lo apresaron anoche, 13 días después del ataque en Recoleta, cuando sin saber que iba a ser arrestado fue a buscar el teléfono celular que dejó a disposición de la Justicia voluntariamente ese 5 de septiembre que se presentó a declarar y se identificó como el jefe de los vendedores de copitos de azúcar, por ser el dueño de la máquina para hacerlos.

La actividad de ese teléfono fue clave para hacerlo permanecer en una celda, pese a que en su declaración contó que fue una larga noche la del primer jueves de septiembre, ya que no habían podido dormir al darse cuenta a través de la prensa lo que había hecho Sabag Montiel, al que llamaba “Nando”. Aseveró incluso que entraron en pánico cuando se enteraron.

“Están diciendo que somos un grupo terrorista, yo me dedico a hacer algodón de azúcar, les hago a todos”, decía Carrizo durante la entrevista con Telefe en la que se dio a conocer públicamente. Pero había cuestiones que no se condecían.

Es que ya unas horas antes de ese reportaje en el que buscó despegarse del atacante, al decir que las opiniones personales no los vinculaban con él, había publicado estados en WhastApp con arengas hacia lo ocurrido en Recoleta. “Seguro el próximo sos vos Alberto! Tené cuidado!”, escribió. Después habló de un gobierno “vulnerable” y pidió que algo “quede claro”. Sostuvo, entonces: “Nosotros somos los que mantenemos estos parásitos ahí arriba, van a juzgar a una persona que le estaría haciendo un gran favor a toda la nación Argentina”. Hablaba de Sabag Montiel.

“Lo del estado fue una gilada mía, le pido disculpas al señor presidente por eso, tengo mi posición política, pero fue una gilada que dije”, se revirtió después, con El Trece, para sumar más contradicciones. Esa vez también negó haber hecho inteligencia en la casa de Cristina Kirchner, en Juncal y Uruguay. “No sé ni dónde vive Cristina, no sé”, afirmó Carrizo. Ahora se investiga si estuvo en las inmediaciones días antes.

Ya había contado también que había vivido situaciones de acoso escolar. “Yo sufrí bullying en algún momento de mi vida y no estoy sacando un arma y apuntando a alguien”, deslizó cuando trató de deslindarse de Sabag Montiel.

Todavía quedan dudas desde hace cuánto databa ese vínculo. Esta mañana, uno de sus vecinos que lo conoce desde pequeño recordó haberlo visto a Sabag Montiel “hace muchos años, cuando tenía pelo largo” por el barrio con Carrizo. “Lo vi hace mil. Está mintiendo [en cuanto al tiempo de relación]. Los chicos de acá se acuerdan de él”, acotó.

Ahora, este “pibe tranquilo” que “no se metía con nadie”, como lo definió el hombre que vive en la misma zona de Morón, está implicado en una de las causas de mayor tenor político de los últimos tiempos, a cargo de la jueza María Eugenia Capuchetti y del fiscal Carlos Rívolo. Lo complican sobre todo los contactos telefónicos que tuvo con dos de los implicados: Sabag Montiel y Uliarte. Con ambos trabajaba y con ella, además, estuvo en las horas posteriores al ataque.

Su madre, Estela, dijo esta mañana no saber el nexo que tenía con estas dos personas. “Creo y confío en mi hijo, es incapaz de hacer algo así”, acotó la mujer, que vivía junto a Carrizo y a su otro hijo, Facundo.

En tanto, entre hoy y mañana el jefe de los vendedores de copos de algodón deberá volver a presentarse ante la Justicia. Pero esta vez no como testigo. Afrontará una declaración indagatoria.