¿El asalto de una turba al Congreso fue preprogramado por Trump? | Opinión

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¿Habrá que enseñarle a Donald Trump a dar un exitoso golpe de Estado?

Porque no se hace con un grupo de facinerosos. El ex presidente se atrevió a incitar una revuelta contra uno de los tres poderes legítimos de esta República, el Congreso, mientras estaba en el proceso de una de sus más sagradas funciones, la de conducir pacíficamente el cambio de poderes del poder ejecutivo el 6 de enero de 2021.

En las audiencias públicas que se están llevando a cabo en el Congreso de Estados Unidos por el “Comité del 6 de enero” se ha descubierto que fue Trump el incitador, que no fue espontáneo, sino que se convocó premeditadamente a una “turba violenta”, en palabras de la congresista republicana por el estado de Wyoming, Liz Cheney, vicepresidenta del comité. Porque ya se han encontrado las pruebas de que fue arreglado de antemano con una turba de alocados, los Proud Boys y los Oath Seekers, que asaltaron el Congreso, donde reside una tercera parte del poder de Estados Unidos.

Pero su ofuscado líder, según han dicho sus amigos, aparentemente no sabía que así no se conquista por la fuerza el poder de esta nación.

Tiene que fijarse en cómo lo usurparon en Cuba Fulgencio Batista, desde el año 1933, siendo aún un sargento (y con la ayuda del procónsul americano Summer Wells), y con presidentes ficticios, y de nuevo, en 1952, con el ejército creado por él, y luego el adorado Fidel Castro, con su Revolución, en 1959; y el gobierno “bolivariano” de Hugo Chávez, ayudado por los Castro, en Venezuela; y el de Daniel Ortega, en Nicaragua, que encarcela a los opositores en las elecciones y, sobre todo, el de su admirado Vladimir Putin en Rusia, que invade a otro país porque se le antoja. Y todos engañando al pueblo.

Tiene que darse cuenta de que sin la aprobación del ex secretario de Justicia, William Barr, ni del ex vicepresidente Mike Pence —escogidos ambos por el propio Trump—, ni del ejército americano, no hubiera podido nunca llevar a cabo su intención de seguir en el poder. Y hay aún la posibilidad de que caiga en algún tipo de prisión, por primera vez en la historia americana, porque es su palabra contra la de muchos más.

Las audiencias públicas del Congreso de Estados Unidos que comenzaron el jueves 9 de junio con dos discursos magistrales de su presidente, el representante Bennie Thompson, de Mississippi, por el Partido Demócrata, y el orquestado con vídeos por Cheney, demostraron que el ataque contra el Capitolio no solo fue planeado de antemano, sino que Trump desoyó a todos sus allegados, quienes le explicaron que sin encontrarse pruebas fehacientes de trampas, había que aceptar el conteo de votos. Al punto de exhibirse en video cómo su propia hija Ivanka Trump expresó que aceptó el análisis de Barr.

Pero los que han creído que las elecciones fueron robadas a Trump, aunque falten pruebas fehacientes, están dispuestos a seguir apoyándole, porque aún creen en él. No quieren aceptar que esta acción del asalto al Capitolio es peor que lo que provocó en Watergate Richard Nixon. Porque ambas acciones han ido contra el programa democrático de esta nación como ha pasado en Cuba y Venezuela con sus actuales gobiernos. Hay que saber qué es lo que se quiere en un país antes de tomar decisiones drásticas de apoyo a algunos de sus líderes, aunque uno los adore.

Thompson insistió en que es precisamente la Constitución de Estados Unidos la que provoca a los congresistas a defenderla con esta investigación, para defender la democracia de nuestra República tal como se especifica en ese documento.

Nuestra Constitución es la proclamada en 1787, y ha tenido 27 enmiendas ratificadas por los estados. Y si esto no es lo que quiere el pueblo americano, tiene que escribir una nueva Constitución y cambiar nuestro modo de vida. Porque aquí hay tres poderes por separado: ejecutivo, legislativo y judicial, que es lo que da lugar a que haya una mayor libertad, como Montesquieu teorizó influyendo en Benjamin Franklin, uno de sus redactores. Lo opuesto de la democracia es creer que el ejecutivo manda, como si fuera un rey.

El ex presidente Trump se opuso a la OTAN, del mundo occidental, durante su gobierno, pero dijo que Putin era un genio cuando invadió a Ucrania. ¿A quiénes preferimos, al invasor Putin o a las democracias europeas? Por eso hay que definir “Make America Great Again” o MAGA, que es un código oculto.

Si América era grande antes, es mayor ahora, porque las enmiendas les dieron las libertades a todos: a las mujeres, los negros y los inmigrantes recientes. Eso es lo que hace a esta nación única y más democrática. Hay que escoger.

Por lo pronto, las audiencias continúan, la del 16 de junio, al escribir esto, está investigando la presión ejercida por Trump sobre el ex vicepresidente Pence.

Olga Connor es una escritora cubana. Correo:

olconnor@bellsouth.net.

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