Desde su visión del retiro, Schwarzenegger aconseja a los aspirantes a gobernador de California

Shawn Hubler
·8  min de lectura
Arnold Schwarzenegger con su caballo miniatura Lulu, a la izquierda, y su burro miniatura, Whiskey, en su casa de Los Ángeles, el 21 de abril de 2021 (Tracy Nguyen / The New York Times).
Arnold Schwarzenegger con su caballo miniatura Lulu, a la izquierda, y su burro miniatura, Whiskey, en su casa de Los Ángeles, el 21 de abril de 2021 (Tracy Nguyen / The New York Times).

Arnold Schwarzenegger se instaló en una gran mecedora reclinable de cuero en el patio trasero de su mansión. Su pequeño perro, Cherry, correteaba a sus pies con un moño de mariposa.

En su jardín, su burra miniatura, Lulu, se dirigía a los matorrales. Su caballo miniatura, Whiskey, merodeaba cerca de un busto de mármol de Abraham Lincoln. En su bar había una réplica del tamaño de una casa de muñecas del tanque que condujo durante un periodo en el ejército austríaco. Un Hummer de biocombustible estaba en el camino hacia la entrada. En el vestíbulo había un modelo a escala de 2,7 metros de la Estatua de la Libertad. Las cosas eran o muy grandes o muy pequeñas.

Es aquí donde Schwarzenegger se ha estado dando cita en persona desde que fue al Dodger Stadium en enero para vacunarse, un evento que ha sido visto 20 millones de veces en las redes sociales. Las personas claman para que les permitan visitarlo en su patio trasero, no solamente los usuales empresarios del espectáculo, sino también consultores políticos, presentadores de programas de entrevistas y personas que intentan derrocar al gobernador Gavin Newsom.

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A través de las puertas de hierro forjado llegan personas a Mandeville Canyon para hablar de Newsom con Schwarzenegger. Por lo general, terminan hablando de Schwarzenegger con Schwarzenegger.

“¿Por qué fui electo?”, preguntó Schwarzenegger, de 73 años, quien se sumó a una ola de desazón populista en 2003 para convertirse en el 38º gobernador de California, tras ganar la elección revocatoria que sacó a Gray Davis de la gobernación. “¿Por qué Trump fue elegido? Porque la gente no estaba contenta con los políticos. Odian a los políticos. No pueden confiar en ellos. Esta es la trama fundamental”.

Han pasado 10 años desde que Schwarzenegger se fue de Sacramento. La estrella de películas de acción que fue elegida y reelegida con la promesa de rescatar a California de los excesos de los demócratas, terminó con un índice de aprobación del 27 por ciento y un escándalo personal que acabó con su matrimonio.

Pero California es la tierra de las segundas, terceras y cuartas oportunidades. Schwarzenegger no reparó realmente su imagen, sino que permitió a California reajustar su postura ante sus aportes. Hoy es una figura política más popular que cuando fue elegido, una hazaña para un republicano en un estado tan demócrata.

El caballo miniatura de Arnold Schwarzenegger, Lulu, a la izquierda, y el burro miniatura, Whiskey, en su casa de Los Ángeles, el 21 de abril de 2021 (Tracy Nguyen / The New York Times).
El caballo miniatura de Arnold Schwarzenegger, Lulu, a la izquierda, y el burro miniatura, Whiskey, en su casa de Los Ángeles, el 21 de abril de 2021 (Tracy Nguyen / The New York Times).

Las razones son tan amplias y pequeñas como las razones por las que California lo eligió en primer lugar. Algunas tienen que ver con la pandemia. Otras tienen que ver con el expresidente Donald Trump. Su adopción del bipartidismo tiene que ver, al igual que la obsesión del estado con las revocatorias, sin mencionar a Whiskey y a Lulu, quienes se robaron la atención en una serie de videos caseros de servicio público que Schwarzenegger publicó durante la pandemia. Pero gran parte de ello es Arnold, la única persona en los 170 años de historia del estado que se convirtió en gobernador tras una elección revocatoria, simplemente siendo Arnold.

Schwarzenegger convenció a los gobernadores pasados y presentes de que se unieran a él en un anuncio que promocionaba el uso de mascarillas, y reclutó a sus mascotas, hijos, personal y novia, una fisioterapeuta del oeste de Los Ángeles, para que le ayudaran a producir anuncios de servicio público sobre el distanciamiento social y el lavado de manos. Recaudó millones de dólares el año pasado para equipos de protección de la salud, contribuyendo él mismo con 1 millón de dólares. Durante las elecciones, gastó 2,5 millones de dólares en ocho estados para mantener abiertas las casillas de votación.

En enero, cuando las falsas afirmaciones de Trump sobre un fraude electoral provocaron que una multitud asaltara el Congreso, Schwarzenegger publicó un discurso comparando sus acciones con el saqueo de barrios judíos por parte de los nazis europeos durante la llamada Noche de los Cristales Rotos de 1938. El video de siete minutos ha conseguido casi 78 millones de visitas solo en sus redes sociales.

También está su Instituto Schwarzenegger para la Política Estatal y Global en la Universidad del Sur de California. Y su nueva serie infantil animada, su próximo programa de espías en Netflix y la cumbre medioambiental de la que será anfitrión este verano en Austria.

Nada de esto, dijo, se trata de volver a postularse para un cargo público. “Viejo estadista” es como describe su papel ahora.

“Cuando dejas el cargo, te das cuenta, bueno, yo me di cuenta, de que no podía simplemente aislarme de esa manera”, dijo. “El hecho de que haya terminado con este trabajo que es solo una especie de empleo temporal, ¿significa que tengo interés solo de manera temporal? ¡No! Como en los deportes, luego empieza el seguimiento”.

A medida que la campaña de destitución liderada por los republicanos de California ha avanzado hasta unos probables comicios en noviembre, cerca de media docena de posibles adversarios de Newsom, incluidos algunos demócratas, han acudido a Schwarzenegger de manera confidencial en busca de asesoramiento, según sus consultores. Los ve en persona o a distancia usando aplicaciones como FaceTime o Zoom. “Quiero ver las caras de la gente”, dijo, blandiendo su iPad.

Schwarzenegger ofrece consejos sobre la dinámica política, pero no ha respaldado a Newsom ni a ningún rival, tampoco se ha posicionado a favor ni en contra de una revocatoria.

“Me he puesto en contacto con todos los interesados al respecto, he hablado con ellos y les he dado consejos sobre el tema”, dijo Schwarzenegger. “Le digo a la gente cuál es el panorama y cuál fue mi experiencia. No animo a nadie, ni desanimo a nadie”.

El exgobernador de California y actor Arnold Schwarzenegger asistió en 2018 a la cumbre New Way California, como orador. La cumbre busca moldear al partido republicano en Los Ángeles. (AP)
El exgobernador de California y actor Arnold Schwarzenegger asistió en 2018 a la cumbre New Way California, como orador. La cumbre busca moldear al partido republicano en Los Ángeles. (AP)

En tiempos de radicalización política, esa neutralidad es una excepción. Aunque está algo alejado del Partido Republicano y ha calificado a Trump como “el peor presidente de la historia”, ha defendido la moderación y ver más allá del partido. El demócrata al que derrotó para convertirse en gobernador, Davis, ahora lo considera su amigo.

Una estrella mundial con una esposa de la familia Kennedy, Schwarzenegger llegó a Sacramento a expensas de Davis, un demócrata liberal lo suficientemente desafortunado como para haber gobernado durante la crisis de la burbuja puntocom, los atentados del 11 de septiembre y los apagones.

Schwarzenegger no había planeado postularse, a pesar de que los líderes republicanos le suplicaron y Davis lo dejó plantado en una reunión en la que esperaba cabildear a favor de su causa emblemática: los programas extracurriculares.

Dijo que su ahora exesposa, Maria Shriver, cuyos relatos públicos coinciden con los recuerdos del exgobernador, estaba reacia a arrastrar a su familia al centro de la atención política. Estaba indeciso hasta que Jay Leno lo acomodó en su sofá en el “Tonight Show” y estalló una ovación. “Dejé que mi boca hablara por sí misma”, dijo, todavía riéndose de su alegría cuando dijo que se postularía para gobernador. Cuando llegó a casa, dijo, Shriver estaba llorando.

Una mayoría del 55,4 por ciento de los electores eligió destituir a Davis, y una pluralidad del 48,6 por ciento eligió a Schwarzenegger como su remplazo. Como gobernador, prometió reformar la manera en que se tomaban las decisiones presupuestarias estatales. Sus propuestas financieras fracasaron, pero consiguió reformas electorales estatales que, con el tiempo, han dificultado que los extremistas de ambos partidos bloqueen la toma de decisiones.

Una comisión imparcial ha remplazado la manipulación partidista en la delimitación de los distritos legislativos, lo que dificulta que los partidos los usen a su favor. Y el sistema de primarias de los “dos primeros” de California ha puesto a más moderados de ambos partidos en la boleta.

Pero aprobar esas reformas casi consumió todo el capital político de Schwarzenegger cuando este dejó el cargo. En retrospectiva, cree que el retiro se debió principalmente a una expresión de fuerzas sociales mucho más grandes.

“En 2003, estábamos saliendo de una recesión mundial, se trataba de un fenómeno mundial, y al mismo tiempo existían los problemas estatales”, dijo.

El escándalo corrompió la propia imagen de Schwarzenegger cuando, meses después de dejar el cargo, se supo la noticia de que había engendrado un hijo con una empleada doméstica a mediados de los años noventa. Fue la gota que derramó el vaso para Shriver, quien lo había defendido en 2003 después de que varias mujeres dijeron que las había manoseado.

Foto de archivo, 2 de octubre de 2009, del entonces gobernador de California Arnold Schwarzenegger y su esposa Maria Shriver en Los Ángeles. La pareja comenzó los trámites de divorcio el 25 de julio de 2011. (AP)
Foto de archivo, 2 de octubre de 2009, del entonces gobernador de California Arnold Schwarzenegger y su esposa Maria Shriver en Los Ángeles. La pareja comenzó los trámites de divorcio el 25 de julio de 2011. (AP)

“El final del matrimonio fue mi error”, dijo Schwarzenegger. “Cuanto más alto llegas, la caída es más dura. No podía quejarme de eso; lo hice. Yo era el gobernador y, por supuesto, me derrumbé a lo grande”.

Ahora sus hijos son todos adultos y él es abuelo. Ese sillón reclinable en el patio trasero lo ayudó a recuperarse de una cirugía cardíaca en 2018. Una encuesta de YouGov.com de este año reveló que era el republicano más popular del país, con un índice de aprobación del 51 por ciento.

“Mi padre siempre me decía: ‘Sé útil’”, dijo Schwarzenegger. “Eso es todo lo que siempre intento hacer”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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