Armas hipersónicas: los rusos por delante (Estados Unidos reconoce que el orgullo nacional está en juego)

Representación gráfica de un dron hipersónico X-51A dotado con motor scramjet. (Crédito imagen: US Air Force).

El mundo ha cambiado poco desde los tiempos de la guerra fría. En aquellos tiempos dos potencias (Estados Unidos y la Unión Soviética) luchaban por la supremacía tecnológica global en el campo de las armas nucleares. Al final el miedo a una aniquilación completa y mutua estableció una especie de equilibrio estratégico que duró hasta la caída del muro y el desmembramiento del bloque del este.

A día de hoy, vivimos una nueva guerra fría aunque en este caso el número de contendientes ha ascendido a tres. China se ha convertido en una potencia económica y tecnológica cuyos logros asombran al planeta día sí y día también. El campo de batalla sí que ha cambiado, los ciberataques son prueba de ello, pero también existe una nueva carrera entre los tres bloques, ya no espacial (como la que puso a Gagarin en órbita y a Armstrong en la luna), sino orientada hacia nuevas tecnologías militares que parecen sacadas de la ciencia ficción: las armas hipersónicas.

Lo cuenta en Science el experto en tecnología Rich Stone, quien advierte de la amenaza de estas armas “contras las que no hay defensa posible hoy en día”. Y es que a pesar de que con los radares se puede ver el lanzamiento de un misil enemigo que pudiera transportar un arma hipersónica, una vez que esa arma – digamos un planeador – se separase de su cohete, se le perdería el rastro. Estas armas se llaman hipersónicas porque viajan por encima del Mach 5 (es decir 5 veces más rápido que la velocidad del sonido), y para hacer eso y poder maniobrar, han tenido que vencer problemas técnicos innumerables relacionados con el calor, las fuerzas extremas y los problemas de comunicaciones asociados a las interferencias que crea el aire a su alrededor.

Concepción artística de un deslizador hipersónico chino. (Crédito imagen: wikimedia commons).

Veamos cómo va posicionada China en esta nueva carrera geoestratégica. Hace poco tiempo han probado un arma llamada Xingkong-2 que consiste en un misil de crucero hipersónico que se liberó desde un cohete a mucha altura en el noreste de China y que después se deslizó a través de la atmósfera a una velocidad de Mach 6, meneándose y zigzagueando, montado sobre la onda de choque que él mismo generaba.

Las defensas contras los misiles balísticos intercontinentales actuales son “relativamente” sencillas, una vez conocida su ubicación de lanzamiento se calcula el movimiento de parábola y se determina el punto sobre el que va a caer, así como la región en la que reingresará en la atmósfera. Las armas hipersónicas en cambio pueden viajar incluso por el interior de la atmósfera lo suficientemente bajo como para resultar invisibles a los radares. Ningún sistema de defensa convencional actual podría hacerles frente, de ahí que los chinos (y también los rusos) vean en esta carrera una oportunidad para deshacer el viejo equilibrio estratégico que resultó de la guerra fría.

Pero sigamos con China, otra de las armas de nuevo cuño que está intentando diseñar, llamada Dong Feng-17 (Viento del Este) es un vehículo deslizador que puede maniobrar. Esto último, lograr que estas armas puedan moverse y variar de rumbo a velocidades hipersónicas es el sueño de las tres grandes potencias.

En cuanto a Rusia, ha realizado pruebas de un arma llamada Avangard, que según fuentes militares rusas, se deslizó 6.000 kilómetros a lo largo del país hasta el lejano oriente, la península de Kamchatka, viajando a una asombrosa velocidad de Mach 27.

¿Qué hace Estados Unidos? Bien, partiendo de la base de que el ejército considera que el orgullo nacional está en tela de juicio en este campo tecnológico, tienen varios programas activos en este momento, los cuales están realizando pruebas. Todas las ramas del U.S. Army (tierra, mar y aire) desean conseguir armas hipersónicas, tanto los que se deslizan por la atmósfera como los misiles de crucero. A estos últimos los llaman “respiradores de aire” (también conocido como “scramjet” o estatorreactor) ya que se propulsan así mismo con la ayuda del aire. Los motores de estas armas son a la vez los más sencillos desde el punto de vistas conceptual (en realidad son básicamente un tubo hueco en el que el combustible se mezcla con el aire que viaja a su través, se quema, y se expele) y los más complicados desde el punto de vista técnico, debido a las condiciones extremas bajo las cuales tienen que operar.

Representación artística de un vehículo experimental HTV2 de DARPA, capaz supuestamente de viajar a Mach 17. (Crédito imagen: Wikimedia commons).

Hay que tener en cuenta que cuando el aire viaja tan rápidamente a través de la tobera, las moléculas del combustible tienen solo unas fracciones de milisegundos para mezclase correctamente con él. Además existen otros problemas como los relacionados con el límite de la capa de aire atravesada a velocidades hipersónicas, que básicamente se hace más y más gruesa cuanto más rápido viajas. En este entorno físico se producen turbulencias que provocan aumentos en la temperatura que pueden sobrecalentar el fuselaje del dispositivo de forma alarmante. Por no mencionar que el aire alrededor del vehículo se ioniza cuando se viaja a velocidades supersónicas, lo cual imposibilita que las señales de radio viajen a su través. ¿Cómo teledirigir por radio un vehículo que no recibe señales de radio? Ese es solo uno de los obstáculos que hay que superar, y la inteligencia artificial seguramente tenga mucho que decir.

Sea como sea, los estadounidenses reconocen que los rusos van por delante, y conociendo el orgullo de los norteamericanos, no es de extrañar que recientemente el congreso haya aprobado inversiones en tecnología hipersónica por más de 1000 millones de dólares.

¿Quién vencerá la batalla de las armas ultra-rápidas y maniobrables? Hay tres contendientes en liza, y el mundo observa expectante el nuevo campo de batalla en el que se dirimirán las nuevas áreas de influencia del siglo XXI.

Me enteré leyendo Science.

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