Ariel Malvino. Tras 15 años, la familia del joven asesinado en Ferrugem espera la "recompensa" de un juicio

Gabriel Di Nicola
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Ariel Malvino fue asesinado hace 15 años en las playas de Ferrugem, en Brasil
Fuente: Archivo

Quince años atrás, Ariel Malvino, un estudiante de abogacía de 23 años, era asesinado en las playas de Ferrugem, en el sur de Brasil. Se había ido de vacaciones con amigos. Lo mataron a golpes. Uno de sus agresores, según el expediente judicial, le arrojó una piedra de 17,5 kilos sobre su cuerpo. Hay tres acusados por el brutal crimen. Se trata de Eduardo Braun Billinghurst, Horacio Pozo (h.) y Carlos Andrés Gallino Yanzi, todos oriundos de la provincia de Corrientes. Pero, a pesar del tiempo transcurrido, de la investigación del Ministerio Público Fiscal brasileño y de la declaraciones de testigos presenciales del asesinato, el crimen, por el momento, está impune. La familia de la víctima, desde el 19 de enero de 2006, espera la etapa del juicio oral y público.

"Esperemos que 2021 nos recompense con este bendito juicio", dijo a LA NACION, sin resignación, Alberto Malvino, el padre de la víctima.

Los padres de la víctima esperan que en 2021 sean juzgados los tres acusados
Fuente: Archivo - Crédito: Soledad Aznarez

Malvino padre explicó que durante 2020, la defensa de los acusados presentó diferentes apelaciones del dictamen de elevación al juicio oral y público ante el Tribunal Superior de Santa Catarina y ante el Supremo Tribunal Federal, en Brasilia. Todas las solicitudes fueron rechazadas.

"El mes pasado, el expediente pasó a ser digitalizado. Terminada esa etapa, solo restaría fijar fecha del juicio oral y público", afirmó Alberto Malvino.

Como Malvino, los tres acusados, habían ido de vacaciones a las playas de Ferrugem, en el sur de Brasil. En el momento del homicidio, Braun Billinghurst tenía 22 años; Gallino Yanzi, 27, y Pozo, 22 (h.).

Durante un tiempo, la causa judicial estuvo paralizada con demoras injustificables en traducir las indagatorias de los imputados y las declaraciones de los testigos. Los cuestionarios llegaron a la Argentina desde Brasil vía exhortos judiciales, pero una vez concluidas las diligencias judiciales no se traducían del castellano al portugués por falta de un perito oficial.

Gallino Yanzi y Pozo fueron imputados de "forma definitiva" por el delito doloso de lesiones corporales con resultado de muerte. Braun Billinghurst fue acusado de tentativa de homicidio agravado. "Cuando Ariel [por Malvino] estaba tirado en el piso, apareció Eduardo [por Braun Billinghurst] y le arrojó la piedra a la altura de la cintura. Luego salió corriendo. Gallino, en el momento de la pelea, tiraba patadas dirigidas a Ariel, que retrocedía porque no quería pelear. Mientras Ariel se alejaba de los golpes de Gallino, Horacio [por Pozo] le pegó una piña [sic] en uno de sus pómulos", sostuvo Sofía Cardoso, una testigo que respondió un cuestionario que mandó la Justicia de Brasil. El testimonio fue tomado en mayo de 2013 por el juez federal Daniel Rafecas.

Un año después del homicidio, en enero de 2007, Pozo (h.) había dicho a LA NACION: "Yo sostengo que nunca me peleé con Malvino, no lo vi nunca".

Pero para la Justicia de Brasil no hay dudas de su participación. Según el Ministerio Público de Santa Catarina, el 19 de enero de 2006, a las 5, en la calle general de la playa de Ferrugem, Gallino Yanzi, Pozo y Braun Billinghurst, participaban en una "riña" y peleaban contra diez personas "en agresiones físicas recíprocas". Malvino estaba cerca y observaba la gresca en "forma pasiva" e "hizo en voz alta un comentario despectivo sobre la actitud de los denunciados destacando la estupidez de las personas involucradas en la pelea".

Según reconstruyeron los investigadores judiciales, Gallino Yanzi y Pozo abandonaron la pelea y se dirigieron hacia el joven estudiante de Derecho y lo "interpelaron" por su comentario. Después se "lanzaron" [sic] en conjunto e intencionalmente contra la víctima y le pegaron varios puñetazos.

Malvino pudo esquivar los golpes. Retrocedió hasta que Pozo (h.), siempre según la imputación, "consiguió arrojarle en forma certera un puñetazo en el maxilar". La víctima se desvaneció. Al caerse, su cabeza dio contra el suelo. El golpe, según la autopsia, le provocó la muerte.

Como se dijo, el ataque continuó. Cuando el joven estudiante de Derecho, que vivía con sus padres, Alberto y Patricia Martín, en Belgrano, estaba desvanecido en el piso, "Braun Billinghurst con la inequívoca intención de matar, se apoderó de una piedra con un peso aproximado de 17,5 kilos que se encontraba en el lugar del hecho, e irguiéndola [sic] sobre su cabeza la arrojó violentamente contra Malvino. El resultado letal pretendido no llegó a consumarse solamente por circunstancias ajenas a su voluntad", afirmó en su momento el Ministerio Público.

Ariel Malvino, de 23 años, fue asesinado a golpes en las playas de Ferrugem el 19 de enero de 2006
Fuente: Archivo

Al describir la imputación cuando se le tomó una de las declaraciones indagatorias, el Ministerio Público Fiscal sostuvo: "Para la práctica del crimen, Braun Billinghurst se valió de un recurso que tornó imposible cualquier defensa por parte de la víctima, aprovechándose del hecho de que Malvino yacía en el suelo, inmóvil e inconsciente, para entonces arrojarle la piedra. Debe dejarse registrado que el homicidio fue cometido por un motivo banal, un simple comentario hecho por la víctima".

Según pudo reconstruir la agencia de noticias Télam de distintas fuentes del entorno de los acusados, Eduardo Braun Billinghurst está casado, tiene dos hijos y maneja una empresa junto a su hermano Lautaro (quien también estuvo de vacaciones en Ferrugem 2006) dedicada a la venta de maquinaria pesada como representantes de una marca internacional. La madre de ambos, Nidia Billinghurst, se convirtió en los últimos años en jueza de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo de la provincia. Gallino Yanzi ya no vive Corrientes, se mudó a Neuquén y está en pareja. Pozo (h.) está casado y tiene dos hijos, y si bien es veterinario trabaja en una empresa constructora propiedad de su familia.