Argentinos en Bélgica: Hernán Losada, jugador en la quiebra y técnico en el ascenso y despegue de Beerschot

Claudio Mauri
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El seleccionado de Bélgica mantiene desde hace dos años el primer puesto en el ranking FIFA. Fue tercero, tras vencer 2-0 a Inglaterra, en el Mundial 2018. Su diáspora de futbolistas es una de las más calificadas del planeta. De Bruyne (Manchester City), Lukaku (Inter), Courtois (Real Madrid), Hazard (Real Madrid), Carrasco (Atlético de Madrid), Mertens (Napoli), Alderweireld (Tottenham), Origi (Liverpool) y Witsel (Borussia Dortmund) son algunos de los que brillan en las principales ligas de Europa. Surgen de la Jupiler Pro League, el torneo belga que en poderío económico y repercusión ocupa un plano mucho más relegado.

La penetración argentina en el fútbol belga es reducida. Dos de los compatriotas que están en la actualidad pasaron por la etapa de futbolista y ahora se animan en la dirección técnica: Hernán Losada y Nicolás Frutos. Conocen el medio futbolístico y en Bélgica encontraron las condiciones para desarrollar un proyecto de vida. LA NACIÓN los entrevistó a ambos y por separado presenta cada artículo.

Argentinos en Bélgica. Nicolás Frutos, el goleador que volvió a Anderlecht para ser ayudante de campo de Kompany

Losada, exvolante surgido en Independiente, se incorporó en 2006 a Beerschot, donde jugó siete años en tres etapas. También pasó por Anderlecht, Charleroi y Lierse. Se retiró en Beerschot en 2018 y dentro del club empezó la carrera de director técnico, logró el ascenso en agosto, su equipo es una de las revelaciones en primera -está cuarto- y hoy, a los 38 años, es uno de los cuatro entrenadores argentinos en la primera división europea, junto a Marcelo Bielsa, Diego Simeone y Jorge Almirón. "Es un honor integrar ese grupo, aunque está claro que yo soy el menos conocido de los cuatro en la Argentina", expresó Losada.

-¿Cómo fue el pasaje de futbolista a director técnico?

-Hice el curso de entrenador en Bélgica durante los últimos tres años de la carrera de futbolista. Cuando me retiré me ofrecieron quedarme como DT de la reserva, haciendo scouting para la primera y entrenando la parte ofensiva. Mientras dirigía a la reserva, no pensaba que se me iba a dar tan pronto ser el técnico de la primera, en octubre del año pasado.

-Tenés un vínculo muy fuerte con Beerschot.

-Es la décima temporada en el club: siete como jugador y tres entre asistente y técnico. Vi pasar de todo. Jugué en tercera división, en segunda, pasé por todos los estadios. Hacía 7 años que el club no jugaba en primera. En el 2013, Beerschot quebró por problemas económicos, conmigo de jugador. Se fusionó con otro club y comenzó desde quinta división, con cuatro ascensos consecutivos. En segunda perdió dos años consecutivos la final. Yo perdí la primera final en segunda y decidí retirarme.

-Y también te integraste al país.

-Yo soy de Barracas. Me encantó Amberes, el club, la manera de vivir, me adapté muy rápido, gracias al empuje de mis viejos para que estudiara inglés desde chico. Eso me ayudó mucho. Acá todos hablan inglés. Desde el primer día aprendí neerlandés. Cuando jugué en Anderlecht y Charleroi aprendí francés. Mejoré mi flamenco y holandés cuando estuve un año jugando en Heerenveen. Hablo cuatro idiomas perfectos. Eso fue la llave para hacer el curso de entrenador en Bélgica.

-El equipo ganó seis partidos y perdió cuatro en 10 fechas, todos con muchos goles, sin empates. ¿Juegan a todo o nada?

-Seguimos con ese flow e impulso de haber ganado la final del ascenso. Tenemos un comienzo de temporada increíble, nadie lo esperaba ni imaginaba. La campaña está superando las expectativas con creces. Mejoramos mucho la parte física; entrenamos más de lo que lo hacía mi antecesor. Juego 3-5-2 cuando tenemos la pelota y defiendo 5-4-1. Mi mayor mérito fue corregir falencias y encontrar el equilibrio.

-¿Cuáles son tus referentes como técnicos?

-Me fijo en Simeone por la estabilidad defensiva y agresividad para recuperar la pelota. Esa ley primera de que todos defendemos y todos atacamos; el esfuerzo es de todos. De Bielsa me gusta la dinámica, el caos organizado que genera cuando se tiene la pelota. Me gusta mirar y analizar los partidos de ellos. Intento robar ideas. En el fútbol está todo inventado, está todo ahí para mirar y sacar lo que uno crea más conveniente. Soy un convencido de que uno se tiene que adaptar al plantel que tiene. Eso es algo que aprendí de mi carrera como jugador.

-¿Cómo hace Bélgica para que surjan tantos buenos jugadores?

-En los últimos años se invirtió un montón en divisiones inferiores. En infraestructura, scouting y entrenadores capacitados, la mayoría exfutbolistas. Hay un programa de entrenamiento que viene desde la Federación, basado en un 4-3-3. Los jugadores de inferiores tienen oportunidades, se les da los minutos en primera para crecer; hay un programa de promoción de juveniles. Hay un montón de chicos que están surgiendo. La Sub 21 también es fuerte. La cadena no se corta. Para un país pequeño como Bélgica es sorprendente. La Liga belga se potenció, recibimos muchísimo scouting de ligas más fuertes en busca de jugadores. Saben que acá hay un semillero importante, con mucho talento.

-¿Al mercado belga le interesa el jugador argentino? Ahora hay tres: Colombatto, Colidio y Silvestre.

-Es una lástima que los clubes argentinos pidan cifras excesivas. Los clubes de acá resignaron la posibilidad de trabajar o de buscar en Argentina. Es muy difícil la negociación, el tema de los representantes, aparecen dos, tres y hasta cuatro dueños de un mismo futbolista. Eso dificulta las negociaciones y acá las cosas son muy hechas y derechas. Cuando se ve que algo no es muy claro, se deja de lado y se busca otro jugador. Ojo: soy un convencido de que en la Argentina sigue habiendo muy buena materia prima. En la Argentina el fútbol es algo cultural, los jugadores van a seguir surgiendo. La diferencia es que ahora quizá no están tan preparados como antes, en Europa se trabaja mejor en la formación, en pulir a los diamantes.

-Surgido en Independiente, formado en Bélgica. ¿Cómo sería esa línea de tiempo?

-En el Rojo debuté en 2003 y me dirigieron Ruggeri, Chiche Sosa, Pastoriza y Menotti. Entrenadores de la vieja escuela. Ahora se trabaja mucho por líneas para hacer luego entrenamientos integrados, análisis de video, drones en las prácticas. Trabajo muy específico. Es otro mundo respecto de cuando yo empecé, casi otro deporte te diría. En Bélgica, Roberto Martínez (DT del seleccionado), fue uno de los profesores en el curso de entrenador, el que nos entregó los diplomas. Hice los cursos UEFA B, UEFA A y el Pro Licence con todos exjugadores. Uno está constantemente intercambiando ideas y opiniones. Eso me enriqueció un montón. La preparación que recibí fue espectacular. Mi equipo tiene ciertas similitudes con el de la selección de Bélgica, en la manera de presionar y jugar.

-¿Cómo dividirías al fútbol belga por el poderío de sus clubes?

-Está el G5, los cinco clubes más grandes: Gent, Genk, Charleroi, Anderlecht y Brujas. Son los que tienen más historia, presupuesto e infraestructura. Luego aparece el Antwerp, que es nuestro clásico. Más abajo, un grupo de cinco, seis equipos, entre los que podría estar Beerschot, que tiene historia en primera, ganó copas de Bélgica y se caracteriza por promover jugadores. Uno de los dueños del club es un príncipe árabe que también es propietario de Sheffield United. Está la idea de construir un estadio para 2025 y un nuevo centro de entrenamiento para la primera y las inferiores. Ahora jugamos en un estadio municipal, con capacidad para 12.500 personas, pero solo permiten el ingreso de 3200 por la pandemia. Aumentaron mucho los casos, cierran los bares y restaurantes. En el plantel tuvimos seis casos, alternados, todos asintomáticos. Para la planificación es mortal. Hubo equipos con 12 y 16 contagios.

-Lo profesional quedó claro. ¿Y la vida familiar en Bélgica?

-Soy divorciado, sin hijos. Te soy sincero, los últimos años estuve casado con la pelota, con el fútbol. Invertí gran cantidad de horas en el curso de entrenador, de análisis de video y en capacitarme. Me rompí el culo para tener esta oportunidad, que sabía que iba a surgir, aunque no la esperaba tan rápido. Había que estar preparado para cuando pasara el tren. Si fallás en esa primera vez, después hay que esperar mucho para tener otra oportunidad.