Los antimonarquistas asumen un perfil bajo después de la muerte de la reina, pero su objetivo sigue vivo

·7  min de lectura
La gente se reúne para presentar sus respetos a la reina Isabel II afuera del Castillo de Windsor en Windsor, Inglaterra, el domingo 11 de septiembre de 2022. (Mary Turner/The New York Times)
La gente se reúne para presentar sus respetos a la reina Isabel II afuera del Castillo de Windsor en Windsor, Inglaterra, el domingo 11 de septiembre de 2022. (Mary Turner/The New York Times)

LONDRES — Cuando la reina Isabel II murió el jueves, el movimiento antimonárquico más importante del Reino Unido hizo lo que llevaba años planeando hacer tras su muerte: adoptó un perfil bajo.

Republic, un grupo fundado en 1983 que hace campaña a favor de un jefe de Estado elegido y cuyo objetivo es la abolición de la monarquía, publicó en cambio una breve declaración de condolencia a la familia real en la que reconocía su derecho a estar de luto y se comprometía a evitar más comentarios en el futuro inmediato.

La actividad normal se reanudó de manera provisional el sábado, cuando Republic criticó la sucesión formal al trono del rey Carlos III por considerarlo antidemocrático, al tiempo que expresaba “todas sus condolencias al rey Carlos” en el duelo por su madre.

“Es lo más sensato”, comentó Graham Smith, director general de Republic. “Dejemos que todo esto siga su curso y ya nos ocuparemos de las cosas más serias después”.

Esta es la cuidadosa línea que los principales antimonárquicos británicos, conocidos como republicanos, creen que deben seguir en los primeros días del nuevo reinado: equilibrar la oportunidad a largo plazo con los peligros a corto plazo.

Los sondeos muestran que los británicos están mucho menos enamorados de Carlos que de su madre, lo que proporciona a los republicanos su mayor oportunidad de ganar impulso en un cuarto de siglo. Sin embargo, les preocupa alejar a sus potenciales partidarios si parecen no estar conmovidos por el luto expresado tras la muerte de la reina.

El Reino Unido o la nación que lo domina, Inglaterra, han estado dirigidos por una monarquía hereditaria durante más de nueve siglos, salvo un breve periodo de gobierno republicano en el siglo XVII.

Graham Smith, director ejecutivo de Republic, un grupo que hace campaña a favor de la abolición de la monarquía, en Reading, Inglaterra, el 27 de mayo de 2022. (Andrew Testa/The New York Times)
Graham Smith, director ejecutivo de Republic, un grupo que hace campaña a favor de la abolición de la monarquía, en Reading, Inglaterra, el 27 de mayo de 2022. (Andrew Testa/The New York Times)

Aunque los monarcas cedieron de manera gradual el poder de gobierno al Parlamento a lo largo de los siglos, este sigue gobernando en nombre del monarca y el rey o la reina siguen desempeñando un papel significativo, aunque simbólico casi en su totalidad, en importantes funciones británicas: la transición de un gobierno a otro, la administración de la Iglesia de Inglaterra y el sistema judicial.

Los republicanos quieren cambiar todo eso y sustituir al rey o la reina hereditarios por un presidente elegido.

Desde el final de la efímera república británica en 1660, el concepto rara vez o nunca ha atraído un apoyo popular importante, pero ha tenido sus momentos. Thomas Paine, el filósofo antimonárquico cuyos escritos ayudaron a construir los fundamentos intelectuales de la Revolución estadounidense, nació en el Reino Unido y escribió allí al menos una de sus principales obras.

Mucho más recientemente, en 1991, Tony Benn, un destacado legislador de izquierda, intentó que el Parlamento votara la abolición de la monarquía. En 2000, el periódico The Guardian lideró una campaña a favor de la creación de una república, con la esperanza de fomentar el debate público.

Ambos esfuerzos fracasaron. Y, durante años, los activistas han sabido que la llegada del rey Carlos —más torpe y obstinado que su madre y menos popular— representaría su mejor oportunidad de conseguir apoyo para su causa.

Un sondeo realizado en mayo mostró que el índice de aprobación nacional de Carlos era del 65 por ciento, 21 puntos porcentuales menos que el de la reina.

Carlos no tiene “ni el tipo de celebridad ni el tipo de carisma ni el tipo de autoridad de años que tenía Isabel”, afirmó David Edgerton, historiador de la historia británica del siglo XX.

Por ahora, la mayoría de los republicanos británicos esperan su momento.

Un manifestante interrumpió el domingo en Oxford una proclamación sobre el ascenso del rey, lo que provocó su detención, mientras que otro fue arrestado en Edimburgo tras un incidente aparte. Pero, por lo demás, los republicanos han dejado las calles en manos de los miles de dolientes y simpatizantes.

El Partido Verde, uno de los pocos partidos políticos británicos que incluye en su manifiesto la oposición al papel político de la monarquía, calificó la muerte de la reina como “un momento de gran tristeza para nuestra nación”, evitando cualquier atisbo de crítica.

Los opositores a la monarquía que han adoptado una postura menos diplomática —por ejemplo, al criticar al público por ser víctima del pensamiento grupal de la élite— han sido objeto del llamado de otros republicanos que los acusan de alejar a posibles aliados. “Un republicanismo que no tiene fe en el público no es un republicanismo en absoluto”, escribió un columnista en Spiked, una revista libertaria en línea que se opone a la monarquía, pero que a menudo arremete contra lo que considera la “izquierda que está en alerta”.

Sin embargo, algunos ven oportunidades en cuanto sepulten a la reina y los ciudadanos se concentren en Carlos.

“Haremos una gran campaña desde poco después del funeral hasta la coronación”, aseguró Smith, el director de Republic. La reina, añadió, era un “escudo térmico que desviaba muchas críticas y eso no lo logra Carlos”.

“Va a ser una campaña mucho más fácil de llevar”, señaló Smith.

Mientras que la reina en general se consideraba un dechado de virtudes, el juicio y la conducta de Carlos han sido objeto de un escrutinio perpetuo desde que era un príncipe joven, incluso hasta hace unos meses.

Entre otras controversias, la policía anunció en febrero una investigación en torno a las acusaciones de que una de las organizaciones benéficas de Carlos se ofreció a ayudar a conseguir un título de caballero y la ciudadanía para un empresario saudita, a cambio de un gran donativo. El portavoz de Carlos explicó que el monarca no estaba al tanto de ningún acuerdo y un asistente de alto nivel dimitió bajo la presión de la transacción.

A Carlos se le recuerda también por su conflictivo divorcio de su primera esposa, Diana, en la década de 1990, en el que los medios de comunicación con frecuencia lo presentaron como un hombre frío y distante. La opinión pública ha dado vuelta a la página, al igual que Carlos con su segundo matrimonio con Camilla, ahora reina consorte, pero la impresión que generó la ruptura no se ha disipado del todo.

El republicanismo también está aumentando entre la generación más joven de británicos. Se estima que el 41 por ciento de los británicos de entre 18 y 25 años dijo que quería un jefe de Estado elegido, según las encuestas de 2021, quince puntos porcentuales más que en 2019.

La demanda de una república se ha mantenido bastante estática durante décadas: la encuesta más reciente sugiere que casi el 70 por ciento de los británicos apoyan la monarquía, más o menos lo mismo que a principios de la década de 1990.

Parte del atractivo de la reina residía en la opacidad de sus creencias, comentó Laura Clancy, que investiga la imagen pública de la familia real en la Universidad de Lancaster.

La reina revelaba poco sobre sus opiniones personales, lo cual creaba un aura de misterio sobre sus creencias fundamentales, lo que permitía a los demás proyectar en ella las opiniones que esperaban que tuviera. Antes y después de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, la inescrutabilidad de la postura de la reina permitió que partidarios y críticos del brexit la reclamaran como propia.

“No se podría hacer eso con Carlos”, aseguró Clancy. “Porque sabemos lo que piensa de muchas cosas”.

Los puntos de vista de Charles sobre la arquitectura, la estética y el medioambiente son muy conocidos. Algunos lo consideran un entrometido que alcanzó notoriedad por enviar mensajes manuscritos a los ministros del gobierno sobre asuntos políticos, mensajes conocidos como las cartas “de la araña negra” por su mala caligrafía y la tinta negra de su pluma.

No obstante, incluso si la llegada de Carlos ofrece una oportunidad a los republicanos de construir una narrativa diferente sobre la monarquía, los comentaristas y activistas dicen que cualquier éxito será lento.

“Hablar de republicanismo en el Reino Unido sigue siendo, en realidad, bastante tabú”, acusó Clancy. “¿Habrá un momento en que deje de ser tabú? Eso es lo que me parece que ocurrirá”.

© 2022 The New York Times Company