Un amigo canino tan bueno que (quizá) evolucionó dos veces

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Dogor, un cachorro de lobo de 18.000 años de antigüedad procedente de Yakutia, en el extremo oriente de Rusia, cuyo ADN se utilizó en un análisis de genomas de lobos. (Love Dalen vía The New York Times)
Dogor, un cachorro de lobo de 18.000 años de antigüedad procedente de Yakutia, en el extremo oriente de Rusia, cuyo ADN se utilizó en un análisis de genomas de lobos. (Love Dalen vía The New York Times)

Durante años, una de las preguntas más desconcertantes de la ciencia (junto con “¿Qué es la materia oscura?” y “¿Por qué dormimos?”) ha sido una que muchos propietarios de mascotas se han hecho alguna vez: ¿De dónde vienen los perros?

Por lo general, los científicos concuerdan en que el mejor amigo de la humanidad provino de los lobos y llegó a nuestras vidas hace al menos 15.000 años. Casi todo lo demás es objeto de debate.

“¿En qué lugar ocurrió, en qué fecha y con quién, con qué grupo humano?”, cuestionó Pontus Skoglund, paleogenetista del Instituto Francis Crick de Londres. “Es un verdadero misterio”.

Los estudios han dado respuestas muy divergentes y han concluido que los perros fueron domesticados por primera vez en algún lugar de Asia, Europa o el Medio Oriente, o quizás en varios lugares.

Ahora, un nuevo análisis de 72 genomas de lobos antiguos que abarcan los últimos 100.000 años sugiere una posible explicación para algunos de los resultados que parecen ser contradictorios: dos poblaciones antiguas de lobos diferentes, una en Asia y otra en el Medio Oriente o sus alrededores, aportaron ADN a los perros modernos.

No está claro cómo ocurrió con exactitud. Es posible que los perros fueran domesticados dos veces, en dos lugares distintos, y que las poblaciones se mezclaran posteriormente. Otra posibilidad es que los perros surgieran una sola vez, en algún lugar de Asia, y que luego se hayan cruzado con una población de lobos más occidental, recogiendo ADN adicional de lobo.

“No podemos distinguir entre las posibilidades”, aseveró Anders Bergstrom, experto en genómica evolutiva del Instituto Francis Crick y autor del estudio, que se publicará el miércoles en Nature. “Pero podemos decir que hubo al menos dos poblaciones de donde se originaron los lobos”.

Momento de la alimentación de los cachorros en Wolf Park, una instalación educativa y de investigación sin fines de lucro en Battle Ground, Indiana, el 1.° de julio de 2017. (Andrew Spear/The New York Times)
Momento de la alimentación de los cachorros en Wolf Park, una instalación educativa y de investigación sin fines de lucro en Battle Ground, Indiana, el 1.° de julio de 2017. (Andrew Spear/The New York Times)

La construcción de un mapa más amplio

Arqueólogos de 38 instituciones de 16 países donaron huesos y dientes de ejemplares antiguos de lobo que habían desenterrado previamente en Siberia, Europa y Norteamérica. A continuación, los científicos de nueve laboratorios de ADN antiguo se pusieron a trabajar. Taladraron agujeros muy pequeños en los especímenes, recolectaron muestras de polvo de hueso y extrajeron y secuenciaron el ADN. Enseguida, los científicos compararon los genomas de lobo que reunieron con los genomas de perros antiguos y modernos.

Los investigadores descubrieron que, en conjunto, los perros estaban más emparentados con los antiguos lobos de Asia que con los de Europa.

“Esto refuerza la idea de que probablemente Asia Central fue el núcleo del origen de los perros”, comentó Adam Boyko, genetista canino de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Cornell, quien no participó en la investigación. “Por supuesto, queremos tener más datos para especificarlo con mayor precisión. Es un área extensa”.

No obstante, había diferencias entre los distintos ejemplares de perros. Al parecer, el material genético de los primeros perros de Siberia, Asia oriental, América y el noreste de Europa provenía de una antigua población de lobos de Asia.

Sin embargo, los primeros perros de Oriente Medio y África también tenían una importante ascendencia de una segunda población de lobos no identificada. Los científicos descubrieron que este material genético tenía una relación más estrecha con el ADN de los lobos modernos del Medio Oriente.

Los investigadores descubrieron que los perros domesticados modernos de África y el Medio Oriente, así como las razas originarias de esas regiones, como el Basenji, siguen teniendo una cantidad considerable de ancestros de esta segunda población de lobos; sin embargo, este legado genético persiste en casi todos los perros modernos; según Bergstrom, a nivel mundial, entre el 5 y el 30 por ciento de la ascendencia de la mayoría de las razas caninas actuales pertenece a esta segunda población de lobos.

“Parece que hay un indicio de una segunda población”, afirmó Greger Larson, paleogenetista de la Universidad de Oxford y autor del nuevo estudio.

Larson ya había propuesto con anterioridad que los perros podrían haber sido domesticados dos veces, antes de cambiar de opinión cuando las pruebas posteriores sugirieron un origen único. Ahora, dijo que estaba “indeciso” respecto a si los perros en realidad surgieron dos veces o simplemente se cruzaron con los lobos después de migrar. “Volvemos a la línea de salida”, dijo.

Boyko comentó que la explicación más sencilla, y la hipótesis por la que él se inclinaba, era que los perros fueron domesticados una sola vez, en Asia Central, y que después se aparearon con otra población de lobos. “Parece más verosímil creer (porque ya sabemos que los perros y los lobos intercambian genes y lo han hecho en otras ocasiones) que eso es lo que ocurrió, y no que hubo un suceso de domesticación secundario”, dijo.

Ninguno de los antiguos especímenes de lobo que analizaron los científicos era lo suficientemente parecido como para haber formado parte de la población real que dio lugar a nuestros compañeros caninos, lo que sugiere que los ancestros de los perros podrían proceder de lugares no incluidos en el estudio.

‘Conectividad y movilidad’

Los investigadores también descubrieron que los antiguos lobos que vivían en lugares lejanos eran muy similares genéticamente (con una relación más cercana que las poblaciones de lobos actuales), lo que indica que hubo un gran desplazamiento y mestizaje entre los lobos de todo el mundo.

Esta población global y en movimiento constante podría explicar cómo la especie sobrevivió al final de la última edad de hielo, explicaron los científicos.

“El león de las cavernas, las hienas y los osos y otros mamíferos se extinguieron, pero los lobos sobrevivieron”, señaló Bergstrom. “Y quizás fue esta gran conectividad y movilidad de los lobos lo que permitió que la población se desarrollara”.

Los investigadores también rastrearon la selección natural en las poblaciones de lobos a lo largo del tiempo, e identificaron múltiples variantes genéticas que se extendieron con rapidez entre los lobos de la antigüedad, probablemente porque conferían una ventaja significativa para la supervivencia.

Por ejemplo, descubrieron que hace unos 40.000 años aparecieron nuevas mutaciones en un gen llamado IFT88, que parecía estar implicado en el desarrollo del cráneo y la cara. A lo largo de los 10.000 años siguientes, estas mutaciones se extendieron a todos los lobos, y aún hoy están presentes tanto en los lobos como en los perros.

“Se trata de un episodio muy dramático de selección natural”, afirmó Bergstrom.

Se desconoce qué lo impulsó, pero los investigadores especulan que las mutaciones podrían haber ayudado a los antiguos lobos a adaptarse a los cambios en la dieta tras la extinción de algunas de sus especies de presa preferidas.

© 2022 The New York Times Company

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