Amaury Gutiérrez: el trovador de los sueños cumplidos se presenta el sábado en Real Café

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Que Cuba haya tenido un Benny Moré y una Rita Montaner universales cantándole a los cubanos en los escenarios de su país, y que no pueda tener un Amaury Gutiérrez haciendo lo mismo en su propia tierra, debería ser suficiente para descalificar el régimen que ha gobernado esa isla durante más de seis décadas.

La que salió ganando fue Miami, donde se presenta al menos un par de veces al mes aclamado por un público que lo sigue y otro que lo descubre. A los fieles ni siquiera hay que recordarle que Amaury estará de nuevo este sábado 23 de julio en Real Café, y el sábado 6 de agosto en Super Machi, pero valga la recomendación para quienes todavía no han tenido la oportunidad de verlo y oírlo cantar en vivo.

“Lo que hago es música pop dentro de la trova; yo soy un trovador, pero no como Pablo Milanés o Silvio Rodríguez: la mía es una trova que tuvo mucha influencia de la música mexicana, porque viví en México 11 años, y cuando salió mi primer disco ya yo estaba imbuido de toda esa música romántica mexicana”, responde el cantante cuando le pregunto si acepta la denominación de pop cubano que le han dado a su trabajo.

Amaury vivió 11 años en México, adonde llegó para quedarse el 14 de febrero de 1993, y asegura que ese país influyó mucho en su carrera como compositor.
Amaury vivió 11 años en México, adonde llegó para quedarse el 14 de febrero de 1993, y asegura que ese país influyó mucho en su carrera como compositor.

Se refería al disco “Amaury Gutiérrez” (1999), un debut que vendió más de medio millón de copias y que le dio una nominación a los Premios Grammy Latino.

Al salir de Cuba el 14 de febrero de 1993, “llevaba conmigo canciones que tenían una cantidad de acordes y una cantidad de letra tremendas, y cuando empecé a cantarlas en las descargas y en las fiestas en México la gente no entendía nada de lo que yo estaba cantando: era ‘la moña’, una cosa muy complicada”, comenta Amaury.

En México la gente estuvo acostumbrada durante largo tiempo a que la música que llegaba de Cuba se podía disfrutar, se podía repetir y se podía bailar, dice el compositor y cantante cubano.

“Te apareces con esa ‘moña’ y la gente no te entiende, entonces yo frené en seco: estuve dos años sin escribir, escuchando a México, escuchando la calle, escuchando lo que ponían en los mercados populares; la música que sacaban en la radio y en la televisión”, cuenta. “A partir de ahí me relaciono con [Francisco] Céspedes, con David Torrens y con Raúl del Sol, y es que empiezo a escribir otra vez”.

Tengo que empezar a escribir mis canciones de otra manera, recuerda haberse dicho a sí mismo.

“Dentro del estilo mío, dentro de los presupuestos estéticos que yo tengo, pero de otra manera, porque lo que quiero es que la gente repita mis canciones y cante conmigo: eso para mí es lo más grande”, dice Amaury. “A partir de ahí me propuse ser artista de una gran editora y de una compañía disquera, y escribí ‘Se me escapa el alma’, ‘Yo sé que es mentira’, ‘Remolino’, ‘Perdóname todo’… las canciones que aparecieron en mi primer disco eran las que cantaba en los night clubs del D.F., y la gente las cantaba conmigo”.

Menciona a la que sería su primera manager, Mildred Villafañe, y subraya que fue ella quien le explicó que era necesario “poner sellos, poner marcas” a su trabajo y a su imagen, “cómo te vistes, cómo luces, cómo tienes tu pelo… la música que tú haces creo que es un pop cubano”, le dijo Villafañe. “La idea es de ella, ni siquiera mía, y me daba sugerencias para vestirme, que usara t-shirts, jeans y tenis, y yo le dije: no, no, no, me parece demasiado radical, quiero vestirme un poco más elegante”.

Él sabía y sabe, cuenta Amaury –“con todo respeto”-, que tenía una voz capaz de distinguirlo del resto de los trovadores de su generación, y que también tenía una formación técnica luego de haberse graduado de dirección coral en la Escuela Provincial de Instructores de Arte de Santa Clara.

Amaury Gutiérrez ha sido nominado en seis ocasiones al Grammy Latino y se lo llevó una vez, en 2011.
Amaury Gutiérrez ha sido nominado en seis ocasiones al Grammy Latino y se lo llevó una vez, en 2011.

“Me dije: tengo una voz, y quiero cantar baladas escritas por mí”, recuerda. “Sé que cuando empezaron a salir los discos míos mucha gente de la trova en Cuba, y otros que vivían en España y en todos lados, decían: ‘este se fue a la música pop, abandonó la onda estética de nosotros’, y pensé: ‘bueno, okey’. Pero yo había estado 29 años pasando hambre en Cuba, y me dije que en México no me iba a morir de hambre. Vi que Luis Miguel le había grabado dos canciones a [Francisco] Céspedes y me dije: ‘yo quiero eso, quiero que los artistas mexicanos me graben mis canciones’. ¿Por qué no? Si siempre fue así”.

No pasó mucho tiempo antes de que ocurriera. El primero fue Manuel Mijares, y siguieron Emmanuel, el grupo Límite –“cuando estaba en su apogeo”-, Guadalupe Pineda, La Original Banda El Limón, Alicia Villarreal, Kika Edgar, y fuera de México no tardaron en hacerlo estrellas de otros países como Luis Fonsi, Gilberto Santa Rosa, Paloma San Basilio, David Bisbal, Luis Enrique, Andrés Cepeda…

“Eso es lo que yo quería, que mi música fuera universal, que mi música fuera conocida, y para eso tenía que echarle agua a ese jugo espeso que traía de Cuba”, comenta Amaury. “Fue lo que hice, porque quería tener un carro, quería tener una casa, quería vivir bien; nunca había tenido esa oportunidad en Cuba. Además de darme un disfrute personal y de transmitírselo a la gente que va a verme y que me escucha, la música debe tener un objetivo económico, ¿por qué no, si los artistas que he admirado toda mi vida, desde Paul McCartney, Stevie Wonder y Billy Joel hasta Caetano Veloso, Djavan y Milton Nascimento tienen un billete?”, se pregunta Amaury.

Decir comercial hablando de música no es una mala palabra, subraya.

“Empecé a escribir canciones a los 17 años, por allá por 1981, y uno de los preceptos de la generación de nosotros era que no podía haber estribillo”, recuerda. “Ya por ahí estás liquidado si quieres competir en un mundo discográfico. Mucha letra, muchos acordes, que la gente no pueda captar la melodía y que sea irrepetible… Entonces hubo un momento en que me dije que no. Si a los compositores que yo admiro los veo cantando en estadios y todo el mundo cantando con ellos, unas melodías que son bellas y unas letras que son bellas… eso es lo que yo quiero”.

Comprendió que no eran necesarios tantos acordes ni hacer las composiciones tan complicadas, asegura.

Cuando habla de músicos “que he admirado toda mi vida” Amaury menciona, entre otros, a Paul McCartney, Stevie Wonder, Billy Joel, James Ingram, Al Jarreau, Caetano Veloso, Djavan y Milton Nascimento.
Cuando habla de músicos “que he admirado toda mi vida” Amaury menciona, entre otros, a Paul McCartney, Stevie Wonder, Billy Joel, James Ingram, Al Jarreau, Caetano Veloso, Djavan y Milton Nascimento.

“Los cubanos venimos de una de las escuelas de música más potentes y más prestigiosas del mundo”, manifiesta Amaury. “Para tú estar en una buena orquesta en Cuba tienes que ser tan buen músico como tan buen futbolista debe ser un brasileño que quiera estar en el equipo nacional de Brasil, porque la música es una cosa de mucho rigor y de mucha seriedad en Cuba; los músicos en Cuba se toman la música muy en serio”.

Amaury Gutiérrez ha sido nominado en seis ocasiones al Grammy Latino y lo ganó una vez, en 2011. Se estableció en Estados Unidos en 2003, y la casa de autores a la que pertenece, ASCAP (American Society of Composers, Authors and Publishers), lo ha premiado cuatro veces por canciones suyas que alcanzaron lugares destacados en Billboard, entre ellas una que tuvo el primer lugar, “Nada es para siempre”, grabada por Luis Fonsi (por cierto: cuando Fonsi la cantó en el Madison Square Garden de Nueva York en la gala de los Grammy Latinos de 2006, el invitado sorpresa para acompañarlo con la guitarra eléctrica fue nada menos que Billy Gibbons, el frontman de ZZ Top).

Le pregunto a Amaury si existe alguna fórmula para componer una canción que el público pueda aprenderse fácilmente y que la cante con el compositor.

“Yo no la tengo, y no creo que ningún músico la tenga”, responde. “Te sientas solo a escribir y no sabes la connotación que eso va a tener, ni siquiera sabes si va a tener connotación. La música es puro misterio”.

Próximos conciertos de Amaury Gutiérrez en Miami: sábado 23 de julio en Real Café, 9600 SW 8th St. #11, (305) 226-4192, y sábado 6 de agosto en Super Machi, 7931 NW 2nd St., (305) 266-3226.

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