Tan lejos tan cerca: Ahí viene la Reina, pero no puedo estar

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Veo por televisión el féretro de la reina Isabel II llegar al Palacio de Buckingham de Londres después de un largo periplo desde Escocia, y veo la gente acomodada de un lado y del otro y me pregunto, por qué no puedo estar yo allí. Tanto que lo había planeado. Tan lejos, tan cerca.

Una imagen del vehículo que lleva el féretro de la Reina Isabel II al momento de su llegada al Palacio de Buckignham en Londres este martes 13 de septiembre (Carl Court/Getty Images)
Una imagen del vehículo que lleva el féretro de la Reina Isabel II al momento de su llegada al Palacio de Buckignham en Londres este martes 13 de septiembre (Carl Court/Getty Images)

Quería estar, no porque fuera especial admiradora de la Reina, tampoco es que la desprecio, sino por el momento histórico que significa estar allí con la monarca más respetada del mundo, la que se quedó en pleno bombardeo nazi, la que estoicamente navegó los escándalos de sus vástagos y demás descendientes, la que no opinó de nada y la que con su actitud de 'no hablo me hago la loca' logró apaciguar por décadas a los antimonárquicos. Hasta a la misma Liz Truss, flamante nueva primera ministra de este país, la última en darle la mano, se enderezó en el camino: en un video viral de sus años mosos en los años 90', en Oxford, se le ve dando un vehemente discurso anti monarquía, ahora participa del 'God Save The King' con los otros parlamentarios de Westminster.

Pero ya la Reina hace tiempo que había demostrado ese poder mágico: ya había domado a John Lydon AKA Johnny Rotten, cantante de la banda Sex Pistols que en los años 70' convirtió en hit el God Save the Queen, replicando el himno, con su crítica punk a la monarquía. Ahora ese tema, antes prohibido, es un clásico.

Ese mismo predicador del No Future, ese mismo 'Johnny podrido' hoy casi que derrama lágrimas por ella. En un sentido homenaje que le envía por Twitter escribe: "Descanse en Paz reina Isabel II. Envíala victoriosa" citando una parte del himno nacional, el de verdad verdad, y con una foto de la Reina en esa época en que la criticaba tanto.

Este es probablemente el único país que termina nombrando SIR y caballeros a sus hijos más anárquicos e irreverentes y todos -o casi todos- terminan adorando al ícono del sistema en contra del que cantan o se rebelan.

Hasta los que cuestionan el pasado opresor y colonialista de los británicos "oh lo que hicimos con África, oh esos países del Caribe" dedican unas palabras de disculpas solapadas. Todos terminan queriendo y respetando a su Reina, que siempre ha estado allí y que no dice nada o que se hace la loca.

Pues he allí el súper poder de esta Reina: ganarse el respeto de los más incrédulos con la monarquía, incluso el de muchos latinoamericanos, tan republicanos que somos, porque nunca hemos entendido muy bien esos mandatos de la realeza que se nos hacen tan irreales. (Aunque pensándolo bien, tenemos y hasta elegimos a nuestros propios 'reyecitos').

Hay que ir a Picaddilly Circus, seguro que la pondrán en las pantallas a ella solita, sí, hay que ver cómo reciben a Carlos, que será King Charles III, tan viejo ya. Hay que salir, caminar y ver. Aunque claro, no será como con Diana, que todo el mundo estaba en shock y había como una indignación generalizada, para ella será una bonita despedida, tranquila, ya se lo esperaban.

La reina Isabel II en una imagen en Piccadilly Circus (Vuk Valcic/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
La reina Isabel II en una imagen en Piccadilly Circus (Vuk Valcic/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Te imaginas estar allí en Green Park, viendo los monumentos de flores... pero resulta que no solo hay flores, hay miles de ositos Paddington y también sanduchitos de mermelada que puso de cabeza a las autoridades de los parques que los recogieron (¿será por las ratas?). Las autoridades de los parques insisten, solo traigan flores, nada más, pero la gente quiere llevarle cosas, objetos, ¿harán caso? ¿cómo saberlo? acercándome hasta allá, pero no puedo. Tan lejos, tan cerca.

Veo la tele y veo a la gente que grita vítores al féretro, y no puedo estar allí, ver, anotar, fotografiar, con lo curiosa que soy. Tanto que lo pensé, desde 2014 cuando llegamos aquí.

El osito Paddington en el tributo a la reina Isabel II en Green Park (Photo by Carl Court/Getty Images)
El osito Paddington en el tributo a la reina Isabel II en Green Park (Photo by Carl Court/Getty Images)

Apenas llegamos a vivir a Londres, una de las primeras cosas que comentamos fue: oye, si se muere la Reina que ya está viejita vamos a asistir a un acontecimiento histórico; oye sí, hay que salir a tomar fotos y también ver a la gente como la despide en el Palacio, a su reina querida, porque la admiran mucho. Ah mira, y menos mal que juramentamos la nacionalidad con la foto de la reina y no la de Carlos, oye sí, menos mal, porque ella es historia.

A mi amigo antimonárquico que debe jurar para la nacionalidad -y con el que no funcionó el súper poder de la Reina -o no del todo- no le importa que la foto sea con Carlos, de hecho le entusiasma: Total si hay que participar de ese joke, pues "que la comedia sea completa, con Carlos".

Yo solo quería ver a esa gente, a todos esos objetos, a los sanduchitos y los ositos pero heme aquí, con COVID. Sí, cuando Reino Unido tiene menos casos de COVID me da a mí; y cuando me da COVID se muere la Reina. Y quisiera salir, pero no tengo fuerzas, tengo... COVID.

Esta periodista está en Londres, en el centro de la noticia mundial, pero es como si estuviera en Caracas, Guadalajara, Tokio o Berlín: viendo todo por TV, eso sí, con mi sanduchito de mermelada.

Quién sabe, a lo mejor salgo negativo y puedo el lunes llegar al funeral público y ver con mis ojos -y en vivo- el fin de toda una era.

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