Adiós cubrebocas, hola Mahi Mahi: La carrera de los trabajadores de restaurantes para conseguir vacunas

Jennifer Steinhauer
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Abi Stroh, mesera de The County Line en Austin, Texas, el 5 de abril de 2021. (Ilana Panich-Linsman/The New York Times).
Abi Stroh, mesera de The County Line en Austin, Texas, el 5 de abril de 2021. (Ilana Panich-Linsman/The New York Times).

En el transcurso de la pandemia muchos estadounidenses echaron de menos algunas de las actividades más peligrosas: atragantarse de nachos, besuquearse con una cita o gritarle resultados deportivos a un grupo de amigos en un atestado y pegajoso bar dentro de un restaurante.

Pero ahora, a medida que los estados han venido flexibilizando las restricciones al servicio de alimentos en interiores y ampliando el acceso a las vacunas, los empleados de restaurantes —que se han transformado de alegres facilitadores de la diversión de todos a aguerridos trabajadores de primera línea— están haciendo esfuerzos para protegerse de la nueva oleada de clientes.

“Ha sido muy estresante”, dijo Julia Piscioniere, mesera de Butcher & Bee en Charleston, Carolina del Sur. “La gente acepta el uso de cubrebocas, pero no es como antes. Creo que las personas dan por sentado a los restaurantes y sus trabajadores. Y eso ha salido caro”.

El retorno a la vitalidad económica en Estados Unidos está liderado por los establecimientos de alimentos y bebidas, los cuales también se encuentran entre los que sufrieron las mayores pérdidas en el último año. Equilibrar los beneficios financieros de regresar al horario de servicio regular con la seguridad de los trabajadores, particularmente en los estados donde el acceso teórico a la vacuna sobrepasa el suministro real, es el obstáculo más reciente que enfrenta la industria.

En muchos estados, los trabajadores aún no han podido vacunarse, sobre todo en regiones donde no fueron incluidos dentro de los grupos prioritarios esta primavera. Los inmigrantes, quienes conforman una gran parte de la fuerza laboral de los restaurantes, a menudo temen concertar una cita, pues les preocupa que el proceso les genere complicaciones legales.

Algunos estados han eliminado la obligatoriedad de los cubrebocas y los límites en la cantidad de personas que pueden estar dentro de los establecimientos —que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades siguen considerando entornos potencialmente riesgosos— lo que ha puesto en peligro aún más a los empleados.

“Es fundamental que los trabajadores del sector de alimentos y bebidas tengan acceso a la vacuna, sobre todo porque los clientes que vienen a los restaurantes podrían no estar vacunados y obviamente no utilizarán cubrebocas mientras comen y beben”, dijo Alex Jahangir, presidente de un equipo de trabajo del coronavirus en Nashville, Tennessee. “Esta es una gran preocupación para mí, mientras equilibramos los intereses contrapuestos de vacunar a todos lo antes posible antes de que se levanten cada vez más restricciones”.

Jade Fletcher, mesera de The County Line en Austin, Texas, el 5 de abril de 2021. (Ilana Panich-Linsman/The New York Times).
Jade Fletcher, mesera de The County Line en Austin, Texas, el 5 de abril de 2021. (Ilana Panich-Linsman/The New York Times).

En Texas, los meseros están lidiando con todo lo mencionado anteriormente. Al principio, el estado limitó de manera estricta la elegibilidad para las vacunas, pero la semana pasada abrió el acceso a todos los residentes mayores de 15 años, lo que generó una abrumadora demanda. Hace poco, el gobernador eliminó la obligatoriedad —ya de por sí poco aplicada— del uso de cubrebocas y autorizó a los restaurantes a que comenzaran a servirles a todos los comensales, sin ningún tipo de limitación.

“Texas se encuentra en una posición única porque tenemos todas estas cosas en marcha”, dijo Anna Tauzin, directora de ingresos e innovación de la Asociación de Restaurantes de Texas.

El grupo comercial se está asociando con un proveedor de atención médica para reservar varios días en centros de vacunación masiva en las 4 ciudades más grandes del estado para enfocarse en los trabajadores de la industria.

La industria también ha decidido tomar cartas en el asunto en otros lugares.

En Charleston, Michael Shemtov, quien es propietario de varios establecimientos, utilizó un martes reciente para convertir un patio gastronómico en un centro de vacunación para trabajadores de restaurantes con la ayuda de una clínica local (la zona de observación tras la aplicación de la vacuna se estableció en el local de sushi y se sirvieron cervezas de celebración en una pizzería aledaña). Piscioniere y su pareja aprovecharon con entusiasmo la iniciativa.

“Estoy muy aliviada”, dijo. “Ha sido muy difícil conseguir citas”.

En Houston, Legacy Restaurants —que es dueña de Original Ninfa’s y Antone’s Famous Po’ Boys— está realizando dos campañas de vacunación para todo el personal y sus cónyuges. Es una medida que, según los propietarios, protegerá a los trabajadores y les dará mayor seguridad a los clientes.

Algunas ciudades y condados también están abordando el problema. El mes pasado, el condado de Los Ángeles reservó la mayoría de las citas en cinco centros de vacunación masiva dos días a la semana para los aproximadamente 500.000 trabajadores de la industria agricultora y de alimentos, la mitad de los cuales trabajan en restaurantes. En Nashville, el departamento de salud ha optado por reservar 500 citas diarias la próxima semana en específico para personas de las industrias alimentaria y hotelera. Es posible que en el futuro los restaurantes puedan exigirles a sus trabajadores que estén vacunados.

Un informe reciente de los CDC reveló que, tras la eliminación del uso obligatorio de cubrebocas y otras restricciones, los restaurantes produjeron un incremento diario de casos y tasas de muerte entre 40 y 100 días después. Aunque otros entornos se han convertido en eventos de superpropagación —funerales, bodas y grandes eventos en lugares cerrados— muchos brotes comunitarios han tenido su origen en restaurantes y bares.

“Los cubrebocas normalmente ayudarían a proteger a las personas en lugares cerrados pero debido a que las personas se quitan los cubrebocas al comer, no hay barreras que eviten la transmisión”, dijo Christine K. Johnson, profesora de epidemiología y salud del ecosistema en la Universidad de California, campus Davis.

No todos los gobiernos han considerado “esenciales” a los trabajadores de los restaurantes, a pesar de que los restaurantes han sido una parte muy activa de las cadenas alimentarias estadounidenses —desde los establecimientos que operan a la mitad de su capacidad, hasta los servicios de comida para llevar y preparar alimentos para los necesitados— durante toda la pandemia. La Asociación Nacional de Restaurantes ayudó a presionar a los CDC para que recomendaran que los trabajadores de servicios de alimentos fueran incluidos en los grupos prioritarios de trabajadores para recibir vacunas, aunque no todos los estados siguieron los lineamientos.

Casi todos los estados de la nación han acelerado sus programas de vacunación, dirigidos a casi todas las poblaciones adultas.

“La mayoría de las personas en nuestro gobierno ha considerado a los restaurantes como lujos no esenciales”, dijo Rick Bayless, el conocido restaurantero de Chicago, cuyo personal recorrió todos los centros de vacunación durante semanas para lograr que los trabajadores recibieran la vacuna. “Creo que esa es una visión limitada. La raza humana es social en su esencia y cuando negamos ese aspecto de nuestra naturaleza, nos hacemos daño. Los restaurantes brindan ese servicio sumamente esencial. Se puede realizar de manera segura, pero para minimizar el riesgo para nuestro personal, debemos tener prioridad en la vacunación”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company