Actor mexicano mató a un cubano. La brecha cultural y de clase suscita preocupación en juicio en Miami

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A primera vista, la historia pudiera haber sido sacada de una telenovela: un rico y apuesto hijo del privilegio enfrenta a la justicia tras matar a un trabajador.

Sin embargo, la historia de la vida real es más complicada que la ficción. Los jurados de Miami, no los guionistas, escribirán el final.

Esta semana comienza el juicio del actor mexicano Pablo Lyle, acusado de homicidio involuntario por la muerte de Juan Ricardo Hernández, de 63 años, en Miami. En el tribunal de circuito, el jurado decidirá un caso relativamente sencillo: si Lyle infringió la ley cuando propinó un puñetazo mortal a Hernández durante un enfrentamiento en la calle tres años.

Pero mientras los abogados trabajaban en la selección del jurado, sopesaron todas las complicaciones propias de Miami: el alcance de la cobertura de los medios de comunicación en español, las divisiones entre ricos y pobres y las tensiones entre grupos hispanos por un actor mexicano que mató a un cubano en un condado dominado por cubanoamericanos.

“La etnicidad siempre sale a relucir. Los miembros de la defensa lo han escuchado en toda la comunidad a lo largo de los años —ese mexicano, y lo dicen de forma despectiva— golpeó a ese cubano. Esto realmente me preocupa”, dijo el martes el abogado defensor miamense Philip Reizenstein a la jueza mientras los abogados comenzaban a interrogar a los posibles jurados.

El miércoles por la noche, tras dos días de interrogatorios a los posibles jurados, los abogados seleccionaron un jurado de seis personas.

Los alegatos iniciales serán el viernes, y los testimonios durarán unos cinco días. Lyle, de 35 años, enfrenta 15 años de prisión si es declarado culpable.

Miami, Florida, 20 de septiembre de 2022 -  La jueza Marisa Tinkler Méndez habla con los abogados de la defensa y la acusación durante las mociones previas al juicio en el primer día de selección del jurado en el Tribunal Penal de Miami-Dade. El actor mexicano Pablo Lyle está acusado de matar a un automovilista en un incidente en la calle.
Miami, Florida, 20 de septiembre de 2022 - La jueza Marisa Tinkler Méndez habla con los abogados de la defensa y la acusación durante las mociones previas al juicio en el primer día de selección del jurado en el Tribunal Penal de Miami-Dade. El actor mexicano Pablo Lyle está acusado de matar a un automovilista en un incidente en la calle.

Historias diferentes

Lyle y Hernández provienen de entornos muy diferentes.

El jurado conocerá a Lyle, un apuesto actor de 35 años originario de Mazatlán, México. Había protagonizado varios programas importantes de Televisa, como La Sombra del Pasado y Mi Adorable Maldición (que en una ocasión contó con la participación del cómico estadounidense Conan O’Brien en un papel de invitado junto a Lyle).

También consiguió un papel principal en un drama penal de Netflix, Yankee. Lyle, padre de dos hijos que viven en Ciudad de México, también fue nombrado una de las 50 personas más bellas de People en Español en 2015.

“Me preocupa la percepción de Pablo como rico y privilegiado. No lo es. En México, tal vez sea de clase media, pero no es rico”, dijo Reizenstein al Herald. “Todavía no había logrado el éxito. Y durante los últimos dos años, ha sido indigente, viviendo de la generosidad de la familia y los amigos”.

Lyle no era precisamente un nombre conocido, ni siquiera en su país natal.

Dulce María y Pablo Lyle, protagonistas de Verano de Amor.
Dulce María y Pablo Lyle, protagonistas de Verano de Amor.

“Si preguntas en México, la gente conoce más a Pablo Lyle por su caso, porque golpeó a un cubano en Miami”, dijo Omar Argueta, reportero de celebridades de Imagen Televisión, una cadena mexicana.

El otro personaje del fatídico y fatal encuentro es Hernández, oriundo de Boyeros, Cuba, un barrio de La Habana, donde trabajó en almacenes la mayor parte de su vida. Su viaje fue como el de tantos otros en Miami: Emigró en 2011, consiguiendo un empleo en el Aeropuerto Internacional de Miami cargando bandejas de comida en carritos para aerolíneas, y más tarde trajo a su hijo adulto desde Cuba.

Hernández mantenía a su anciana madre enviando dinero a Cuba todas las semanas.

“Vino aquí a Miami realmente para tener una mejor forma de vida, para poder mantener a su madre”, dijo la abogada de su familia, Zena Duncan, y añadió: “Era un hombre muy rico en personalidad y amor. Tenía una gran presencia en la sala. No podías estar en una fiesta y no conocerle”.

Hernandez vivía en el barrio obrero de Flagami, no lejos del aeropuerto de Miami, con su prometida, Mercedes Arce. Se conocieron trabajando en el aeropuerto. Los dos planeaban casarse al día siguiente que él fuera herido de muerte, con una recepción en un parque local.

Ese día fatal

Sus vidas se cruzaron el 31 de marzo de 2019, el último día de las vacaciones de 10 días de Lyle en Miami. Su cuñado, Lucas Delfino, llevaba al actor y a su familia al aeropuerto.

Delfino, un arquitecto que vive en Miami, le cortó el paso a Hernández en el tráfico tras equivocarse de salida. En un semáforo, Hernández se bajó y golpeó con rabia la ventanilla del conductor, dijo Lyle. Delfino salió del vehículo detenido y ambos comenzaron a gritarse.

El auto no estaba estacionado y empezó a rodar hacia la intersección. Delfino corrió hacia el vehículo para estacionarlo. En ese momento, mientras Hernández volvía hacia su propio auto, Lyle salió del asiento del pasajero y corrió hacia el hombre.

Una testigo que estaba en un auto en la intersección, declaró en una audiencia en 2019 que vio a Lyle correr con “agresividad” y los puños cerrados. Dijo que Lyle dio el puñetazo, pero no antes de que Hernández levantara las manos como para “bloquearlo” y gritara en español: “¡No! Por favor, no me pegues”.

Juan Ricardo Hernández, de 63 años, de Miami, murió después de recibir un puñetazo y que su cabeza golpeara contra el suelo durante un enfrentamiento en la calle en marzo de 2019. - Zena Duncan
Juan Ricardo Hernández, de 63 años, de Miami, murió después de recibir un puñetazo y que su cabeza golpeara contra el suelo durante un enfrentamiento en la calle en marzo de 2019. - Zena Duncan

Hernández se desplomó, fracturándose el cráneo contra el suelo. Delfino y la familia se marcharon. Más tarde, Lyle fue capturado en el aeropuerto y en un principio arrestado por agresión.

Tras cuatro días en el hospital, Hernández murió de traumatismo craneal. La Fiscalía Estatal de Miami-Dade elevó el cargo a homicidio involuntario.

Lyle, al pedir a un juez que desestimara el cargo según la ley de defensa propia de la Florida en 2019, testificó que enfrentó al hombre porque temía por su familia. “Vi a este hombre atacando nuestro auto con mis hijos dentro. En realidad estaba tratando de evitar que mis hijos fueran asesinados o heridos”, testificó Lyle. “Podía haber tomado una pistola o podía haber usado su vehículo como arma”.

El juez se negó a desestimar el caso. Ha estado esperando el juicio en arresto domiciliario en Miami, sin poder volver a México.

La mirada de los medios

Desde el día de su arresto, el caso de Lyle ha atraído una intensa atención de los medios de comunicación, especialmente de los de México, donde las cadenas de televisión, los portales digitales de chismes y las redes sociales se deleitan con la vida amorosa y el mal comportamiento de los cantantes y actores hispanos.

Después de una de las primeras audiencias en el tribunal penal de Miami-Dade, los reporteros mexicanos rodearon a los abogados a la salida y bloquearon a una fiscal en la escalera eléctrica, pidiéndole que volviera a hacer su recorrido por el pasillo para obtener más imágenes. Ella se negó.

A pesar de su modesta fama antes del incidente de ira al volante, todos los detalles de la vida de Lyle han estado desde entonces bajo el escrutinio de los medios de comunicación mexicanos: Sus ataques de depresión e insomnio en los meses posteriores al asesinato, su separación de su esposa, la actriz Ana Araujo, el que su hermano supuestamente vendiera su gimnasio para ayudar a mantener a Lyle, su trabajo en un camión de comida en Miami para llegar a fin de mes.

“Es como una bola de nieve. Cada vez es más grande”, dijo Argueta, el reportero de Imagen TV.

El martes, un montón de potenciales miembros del jurado recordaron haber consumido las redes sociales o la cobertura televisiva del caso. La mayoría recordó haber visto el video de vigilancia —que se dio a conocer a los medios de comunicación en 2019— que muestra el incidente.

Un potencial jurado de mayor edad recordó haber visto el video y dijo que Lyle “se estaba cebando con un anciano”.

“No puedo ser imparcial. Tengo sentimientos muy fuertes sobre la ira al volante. Ya he tomado una decisión sobre el caso”, dijo el hombre, que fue rápidamente excusado.

Para la defensa de Lyle, la exposición mediática fue un reto.

La defensa pidió el miércoles que el juicio se celebrara en otro condado, alegando la cantidad de gente que consumía medios de comunicación sobre el caso. Además, los abogados dijeron al tribunal que un misterioso SUV –posiblemente de reporteros– siguió a Lyle y a un abogado de la defensa cuando se dirigían a su casa desde el juzgado la noche anterior. La jueza de circuito Marisa Tinkler Méndez denegó la solicitud.

‘El origen étnico es siempre un factor’

El tema de la etnicidad ha sido un trasfondo de la historia de Lyle, especialmente en los medios de comunicación en español, donde es normal identificar a las personas por su país de origen latinoamericano. En un reportaje tras otro en español, a Lyle se le llama habitualmente el “actor mexicano”, y a Hernandez el “cubano”.

“Juzgar a la gente por su origen étnico es siempre un factor en Miami, ya sea en unas elecciones, en un juicio con jurado o en las conversaciones de oficina”, dijo Darío Moreno, profesor adjunto de Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Internacional de Florida (FIU), que no está involucrado en el caso.

Casi 72% de los habitantes de Miami-Dade son de ascendencia hispana, según los datos del censo de Estados Unidos, y los cubanoamericanos representan aproximadamente la mitad de la población. Si bien hay un número creciente de venezolanos y colombianos —además de muchos otros latinoamericanos—, la población mexicana es relativamente pequeña, con muchos trabajadores agrícolas en el sur de Miami-Dade, o tipos de negocios adinerados en zonas como Brickell o Aventura.

Geri Fischman, una abogada y consultora de juicios del sur de la Florida, dijo que la demografía hispana única de Miami significa que este caso “probablemente pondrá estas divisiones culturales interhispánicas bajo el microscopio”.

“El peligro tanto para el estado como para la defensa es que los prejuicios raciales y étnicos a menudo se manifiestan de manera subconsciente”, dijo. “Así que, aunque un posible miembro del jurado puede afirmar que puede ser justo e imparcial en este caso, y dejar de lado sus sesgos y prejuicios, este miembro del jurado puede tener sesgos implícitos que influirán en su toma de decisiones de forma subconsciente”.

La jueza Tinkler Méndez, hablando con los abogados lejos de la presencia del jurado, reconoció la preocupación por los comentarios incendiarios en línea y en los medios de comunicación sobre “cubano contra mexicano”.

Pero, como en todos los casos, el interrogatorio de los posibles jurados fue una danza delicada y abarcó una gran variedad de temas.

Por un lado, el fiscal estatal adjunto de Miami-Dade Shawn Abuhoff, que lleva el caso junto con Gabriela Alfaro, preguntó a los posibles jurados sobre su opinión acerca de los enfrentamientos por la ira al volante.

Y Reizenstein preguntó a los miembros del jurado sobre sus experiencias al ser sorprendidos por extraños, la presunción de inocencia y si podrían echárselo en cara a Lyle si decidía no testificar.

Al final, decidió no hacer ninguna pregunta sobre el origen étnico.

“Hicimos las preguntas que consideramos apropiadas en el caso”, dijo Reizenstein, que defiende el caso con los abogados Bruce Lehr, Alejandro Sola y Bhakti Kadiwar, después de la audiencia.