'Es el fin de la abundancia': la presión del Kremlin hace que Francia inicie una era de 'austeridad' energética

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Una piscina en Marsella. Las piscinas públicas de toda Francia han estado cerrando con más frecuencia para ahorrar energía. (Dmitry Kostyukov/The New York Times)
Una piscina en Marsella. Las piscinas públicas de toda Francia han estado cerrando con más frecuencia para ahorrar energía. (Dmitry Kostyukov/The New York Times)

El gobierno francés ayuda a los residentes a enfrentar el aumento desmedido de los costos de gas y electricidad, pero algunas empresas ya están cerrando ante el temor de que se produzcan racionamientos y apagones.

Una emblemática fábrica de vasos para bistrós franceses está parando sus hornos para compensar el aumento vertiginoso de los costos energéticos. Las ciudades francesas están apagando las farolas y otras luces exteriores para reducir el consumo de electricidad. En Normandía, algunas escuelas empezarán a calentar las aulas quemando madera para conservar el gas natural.

A medida que Rusia refuerza su control sobre los suministros de energía de Europa, Francia se embarca en su mayor esfuerzo de ahorro energético desde la crisis del petróleo de la década de 1970. El gobierno del presidente Emmanuel Macron pide a los franceses que se preparen para una nueva era de “austeridad” energética con el fin de enfrentar la amenaza de un duro invierno, mientras tranquiliza a los hogares y a las empresas sobre la capacidad del gobierno para protegerlos.

“Nos hemos enfrentado a una serie de crisis, una más grave que la otra”, comentó Macron en un discurso televisado a la nación el mes pasado. “Lo que describo es el fin de la abundancia”, añadió. “Hemos llegado a un punto de inflexión”.

La iniciativa nacional pide a las empresas y a los particulares que ahorren energía aumentando el uso compartido de autos, bajando los termostatos y apagando los carteles publicitarios por la noche, de lo contario, se enfrentarán al riesgo de apagones o racionamiento de la energía.

El viernes, Agnès Pannier-Runacher, ministra de Transición Energética, trató de tranquilizar a los ciudadanos, diciendo que el gobierno intentará “evitar medidas restrictivas” sobre el uso de la energía en la temporada alta de frío invernal.

El gobierno ha gastado de manera abundante —más de 26.000 millones de euros (unos 26.000 millones de dólares) desde la invasión rusa de Ucrania— para que los recibos de gas y electricidad sigan siendo asequibles, y la semana pasada anunció que el límite que impuso a las facturas energéticas de los hogares se ampliaría hasta finales de año. Los esfuerzos por controlar los costos energéticos, incluyendo la renacionalización del proveedor de energía EDF, han ayudado a que Francia mantenga una de las tasas de inflación más bajas de Europa, del 6,5 por ciento. (La tasa general de la eurozona para el mes pasado fue del 9,1 por ciento).

Sin embargo, ahora que los costos de los alimentos y el combustible presionan a las familias francesas, la primera ministra Élisabeth Borne ha pedido a las empresas que realicen la mayor parte del ahorro energético del país, y que lo hagan rápidamente. Las compañías deberán reducir su consumo de energía un 10 por ciento o enfrentarse a un racionamiento forzoso de electricidad y gas.

Este mes, las empresas tendrán que nombrar a sus “embajadores de la austeridad energética” y presentar al gobierno los proyectos para la reducción de su consumo de electricidad.

Francia no es el único país que se esfuerza para hacer frente a la grave crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania.

La voluntad del presidente ruso, Vladimir Putin, de utilizar la energía como arma —la semana pasada, la empresa de gas del Estado ruso, Gazprom, interrumpió el suministro de gas a Francia— ha hecho que los precios del petróleo y el gas se disparen hasta alcanzar máximos históricos.

Países como Francia han aumentado sus reservas mientras Gazprom interrumpe el suministro: el pasado fin de semana, las instalaciones de almacenamiento de gas de Francia estaban al 92 por ciento de su capacidad. Sin embargo, las facturas de energía de los hogares y las empresas se han disparado, lo que ha provocado que los gobiernos europeos tomen medidas que pocos habrían creído posibles antes de la guerra.

El lunes, Alemania, el mayor consumidor europeo de gas ruso, dio marcha atrás a sus planes de cerrar dos de las tres centrales nucleares que le quedan para finales de año. El fin de semana, anunció un paquete de ayuda de 65.000 millones de dólares para aliviar la carga de los altos costos energéticos para los ciudadanos. Italia está recurriendo a Argelia como un posible nuevo proveedor de gas natural para sustituir el combustible ruso. En España, el gobierno busca mejorar la eficiencia energética en los edificios y en la industria.

Francia parece menos vulnerable que sus vecinos: tiene el arsenal de energía nuclear más grande de todos los países de la Unión Europea y es uno de los que menos depende del gas natural ruso. No obstante, se enfrenta a su propia crisis energética, pues su industria nuclear lidia con grietas, corrosión y otros problemas que han hecho que EDF tenga que cerrar de manera temporal 32 de los 56 reactores nucleares de Francia.

Las interrupciones de EDF, que también es el mayor exportador de electricidad de Europa, han reducido la producción de energía nuclear de Francia a su nivel más bajo en casi tres décadas. Además, este verano, la peor sequía del país en 30 años ha reducido el caudal de los ríos, socavando el suministro de energía hidroeléctrica.

En vez de bombear grandes cantidades de electricidad al Reino Unido, Italia y otros países europeos que dependen del combustible ruso, Francia se enfrenta a la inquietante posibilidad de iniciar apagones programados en invierno y tener que importar energía o recurrir a centrales de carbón para satisfacer sus necesidades energéticas, escenarios que el gobierno está desesperado por evitar.

La crisis ya está forzando el cierre temporal de las empresas que consumen mucha energía como las siderúrgicas, las químicas y las vidrieras. La semana pasada, los precios de la electricidad al por mayor para el próximo año marcaron un récord, superando los 1000 euros por megavatio-hora. Muchas empresas y minoristas franceses compran su electricidad con contratos de tres años que están a punto de expirar, lo que significa que tendrán que ser renovados a precios máximos.

Duralex International, fabricante de tradicionales copas de vino y agua para los bistros, anunció que, a partir de noviembre, interrumpirá la actividad de sus hornos durante al menos cuatro meses y pondrá a sus 250 empleados en situación de despido para ahorrar energía y dinero.

La empresa dijo que se enfrentaba “desde hace varios meses a unas condiciones financieras de producción muy desfavorables, únicamente vinculadas al precio de la energía”, que se disparó tras la invasión rusa de Ucrania.

“Producir al precio diario de la energía generaría pérdidas insostenibles”, dijo José-Luis Llacuna, presidente de Duralex, en el comunicado, y añadió que no esperaba que la fábrica reiniciara sus actividades hasta el segundo trimestre de 2023.

En Cristal d’Arques, el fabricante francés de elegantes copas de vino de cristal, 1650 de los 5000 empleados de la empresa serán despedidos parcialmente hasta fin de año. Guillaume Rabel-Suquet, director de comunicación, declaró a la televisión francesa que la factura de gas de la empresa se ha cuadruplicado desde finales del año pasado hasta los 75 millones de euros, y podría alcanzar los 260 millones de euros en 2023 si los precios no bajan, haciendo que las operaciones sean “económicamente inviables”.

El gobierno ha intentado compensar parte de la angustia de las empresas, aunque recientemente anunció un fondo especial de 3000 millones de euros para ayudar a las que no puedan pagar sus facturas de energía.

Macron, que se enfrentó a una dura campaña electoral para la presidencia en abril, en la que la contrincante de extrema derecha, Marine Le Pen, ganó terreno al abordar las preocupaciones de las familias francesas sobre el poder adquisitivo, se ha concentrado en proteger a los hogares del aumento de los costos energéticos.

El ministro de Economía y Hacienda, Bruno Le Maire, declaró que el tope del cuatro por ciento para el aumento en los precios de la electricidad doméstica, que comenzó el pasado invierno, se prorrogará hasta finales de año y continuará hasta 2023 para las familias vulnerables. El límite de precios contrasta con el aumento del 80 por ciento de la factura energética que se implementará en el Reino Unido el próximo mes.

Sin este límite, la inflación francesa sería casi tres puntos porcentuales más alta, señaló la agencia francesa de estadísticas Insee mediante un informe publicado la semana pasada.

No obstante, los ciudadanos franceses tendrán que poner de su parte, comentó Borne. El gobierno ha pedido a los franceses que frenen una serie de actividades, con la esperanza de ahorrar energía de manera colectiva. Entre ellas: abstenerse de encender las lavadoras por la noche, mantener los termostatos a 19 grados Celsius y utilizar más el transporte público.

Se ha instado a los pueblos y ciudades a aumentar el ahorro de energía. Muchos municipios de las afueras de París han empezado a cerrar las piscinas este verano para ahorrar dinero. Otras ciudades están restringiendo el alumbrado público, que puede representar más del 40 por ciento de la factura eléctrica.

La ciudad de Thouars, en el oeste de Francia, lleva apagando las luces de las calles desde las 10 p.m. hasta las 6 a.m. y tiene previsto sustituir los focos por iluminación LED. Estrasburgo, ciudad de tamaño medio situada en la frontera con Alemania, cerrará los museos dos días a la semana en vez de uno.

En el norte de Francia, algunas secundarias de Bretaña bajarán sus termostatos, mientras que la región vecina de Normandía experimentará con el uso de hornos de leña para la calefacción en algunas escuelas como alternativa al gas.

Además, las empresas tienen hasta el mes que viene para presentar sus planes de reducción del 10 por ciento de su consumo eléctrico. “Necesitamos un cambio radical”, explicó Borne. “Todo el mundo debe preguntarse qué puede hacer para consumir menos”.

Liz Alderman es la corresponsal jefa de negocios para Europa y está radicada en París, donde cubre los desafíos económicos y de desigualdad en ese continente. Previamente, fue editora adjunta de negocios y pasó cinco años como editora comercial de The International Herald Tribune. @LizAldermanNYT

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