ABBA regresa al escenario en Londres... con avatares

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Luces en el exterior de la arena especialmente construida para el estreno mundial de "ABBA Voyage", en Londres, el 26 de mayo de 2022. (Lauren Fleishman/The New York Times)
Luces en el exterior de la arena especialmente construida para el estreno mundial de "ABBA Voyage", en Londres, el 26 de mayo de 2022. (Lauren Fleishman/The New York Times)

LONDRES — El jueves por la noche, en un estadio hexagonal con capacidad para 3000 personas, los miembros de ABBA —uno de los colosos de la música pop— salieron lentamente al escenario, con sus peinados clásicos de la década de 1970, para dar su primer concierto en más de 40 años.

Mientras un sintetizador sonaba y las luces palpitaban, la cantante Anni-Frid Lyngstad giró con rapidez los brazos para revelar una enorme capa decorada con plumas doradas y rojas como el fuego, mientras cantaba “The Visitors”, una pieza disco de ritmo tranquilo. Benny Andersson, con su sintetizador, sonreía como si no pudiera creer que estuviera de nuevo en el escenario. Bjorn Ulvaeus, el guitarrista de la banda, se concentró en su instrumento. Agnetha Faltskog agitaba sus brazos como en un trance jipi, añadiendo su voz a los coros.

Pronto, Andersson tomó el micrófono y dijo: “Soy realmente Benny. Solo que me veo muy bien para la edad que tengo”.

El público —algunos ya levantados de sus asientos bailando, con vasos de prosecco rosado en la mano— se rio porque el comentario fue directo a la esencia del evento. Los miembros de ABBA en el escenario no eran reales; eran meticulosas recreaciones digitales hechas para parecerse al grupo cuando este vivía su apogeo en 1979. Los miembros reales de ABBA —que tienen al menos 72 años— observaban desde las gradas.

El concierto del jueves fue el estreno mundial de ABBA Voyage, un espectáculo de 90 minutos de duración que se presentará en Londres siete veces por semana por lo menos hasta diciembre, con la posibilidad de prolongarse hasta abril de 2026, cuando expire el permiso para el ABBA Arena, cuyo terreno se destinará a viviendas.

Durante el espectáculo, los avatares digitales —conocidos como ABBAtars— interpretaron una serie de éxitos con la ayuda de una banda de diez músicos en vivo y un espectáculo de luces, láseres y efectos especiales. Para la canción “Chiquitita”, con toques españoles, el grupo cantó delante de un eclipse solar. Para el sonido disco de estadio de la melodía “Summer Night City”, aparecieron en pirámides hechas de luz deslumbrante, con los anillos de Saturno girando en el fondo. Los avatares también aparecieron como figuras de 9 metros de altura en enormes pantallas situadas a los lados del escenario, como si estuvieran siendo filmados en un concierto real. En algunos momentos, empezaron a aparecer en decenas de lugares del escenario, como si se tratara de un video musical psicodélico.

Baillie Walsh, director del espectáculo, dijo que el evento pretendía ser “una sobrecarga sensorial”.

Alex Beers, miembro del club de admiradores de ABBA, quien viajó desde Ámsterdam para ver el estreno mundial de "ABBA Voyage", en Londres, el 26 de mayo de 2022. (Lauren Fleishman/The New York Times)
Alex Beers, miembro del club de admiradores de ABBA, quien viajó desde Ámsterdam para ver el estreno mundial de "ABBA Voyage", en Londres, el 26 de mayo de 2022. (Lauren Fleishman/The New York Times)

El proyecto, que, según Walsh, lleva los conciertos digitales más allá de las actuaciones con hologramas que han sido noticia en el pasado, es el resultado de años de trabajo en secreto, protegido por cientos de acuerdos de confidencialidad. Para ello, se han necesitado cinco semanas de rodaje en Suecia con los verdaderos miembros de ABBA con trajes de captura de movimiento; cuatro dobles de cuerpo; interminables debates sobre la lista de canciones, y 140 animadores de Industrial Light & Magic (conocida como ILM), una empresa de efectos visuales fundada por George Lucas que suele trabajar en las superproducciones de Hollywood.

Svana Gisla y el hijo de Andersson, Ludvig, productores del evento, declararon en una entrevista el 20 de mayo que tuvieron que enfrentarse a un sinfín de problemas durante los ocho años que trabajaron para desarrollar el espectáculo, incluyendo los inconvenientes de recaudación de fondos y baños defectuosos.

“Ha sido estresante”, aseguró Andersson, con aspecto agotado mientras fumaba un dispositivo de vapeo con sabor a mango. “Pero no nos equivoquemos, no ha habido nada más agradable que esto”, agregó.

La idea comenzó alrededor de 2014, afirmó Gisla, cuando la trajeron para ayudar a hacer videos musicales para la banda que involucraban avatares digitales, un proceso que fue “una pesadilla total”, relató. Alrededor de 2016, Simon Fuller, el productor detrás de la franquicia “Idol” y las Spice Girls, sugirió un espectáculo protagonizado por una versión en 3D del grupo “cantando” mientras lo acompañaba una banda en vivo. (Fuller ya no está involucrado).

El grupo tenía que ser creativo porque Faltskog y Lyngstad habían dejado claro que “no querían salir de gira”, declaró Andersson a The New York Times en 2021. Pero el cuarteto sí quería incluir música nueva en el espectáculo, así que se reunió en secreto para elaborar algunas canciones, que se convirtieron en algo más: “Voyage”, el primer álbum de ABBA en cuatro décadas, fue lanzado el año pasado.

El equipo no tardó en darse cuenta de que los hologramas no estaban a la altura, como tampoco lo estaban otras tecnologías. “Tuvimos muchos intentos fallidos”, dijo Gisla. Solo cuando conocieron a los representantes de ILM sintieron que habían encontrado una empresa capaz de recrear “humanos digitales realmente convincentes” que pudieran “correr, girar y actuar bajo los reflectores”. La clave, dijo Ulvaeus en una entrevista en video, es “que conecten emocionalmente con el público”.

Durante los rodajes de prueba en otoño de 2019, los miembros masculinos del grupo “participaron sin ningún reparo”, comentó Ben Morris, director creativo de ILM. (¿La mayor preocupación de los músicos? Afeitarse la barba. “Tenía miedo de lo que encontraría debajo”, apuntó Ulvaeus). Lyngstad acababa de someterse a una cirugía de cadera y utilizaba bastón. “Pero empezamos a tocar algunas canciones y ella se bajó lentamente del banco, se levantó y dijo: ‘Quítenme el bastón’”, recordó Morris.

La primavera siguiente, la banda fue filmada en Suecia durante cinco semanas por casi 200 cámaras mientras tocaba repetidamente sus éxitos. El coreógrafo de ballet británico Wayne McGregor y cuatro dobles corporales seleccionados entre cientos de aspirantes observaron, con la intención de aprender cada movimiento, postura y expresión de la banda para poder imitar a sus miembros y luego ampliar sus movimientos con el fin de desarrollar la coreografía final del espectáculo.

Steve Aplin, director de movimiento de ILM para el evento, dijo que pasaron “literalmente por cientos” de versiones de cada avatar hasta conseguir el resultado ideal y también modelaron la ropa diseñada por el estilista B. Akerlund. El más difícil de reproducir fue Andersson, añadió, ya que “su personalidad es el brillo de sus ojos”.

En el estreno del jueves, el público se dividió entre las celebridades invitadas en las gradas (incluyendo al rey y la reina de Suecia) y los miembros del club de admiradores de ABBA en la pista de baile, pero en ambas secciones la gente se abrazaba con alegría al son de las queridas canciones y bailaba y cantaba con ellos. El hecho de que la banda en el escenario no fuera la original de carne y hueso no parecía importarles. Para “Waterloo”, los ABBAtars se limitaron a introducir un enorme video de su actuación en Eurovisión en 1974 y se retiraron bailando del escenario mientras el público los aclamaba con fuerza.

Jarvis Cocker, del grupo Pulp, opinó que el espectáculo lo había dejado en “un estado de confusión”. “Me sentí muy emocionado en ciertos momentos de esa actuación, a la que yo llamo actuación, pero no lo era; era una proyección”, explicó. “Pero no sé qué significa para el futuro de la humanidad”. Sugirió que los espectáculos de avatares con los Beatles y Elvis Presley no tardarían en llegar.

Los aficionados que estaban afuera estaban demasiado abrumados como para preocuparse por las implicaciones del espectáculo sobre la industria de la música en vivo. Teresa Harle, de 55 años, una empleada de correos que asistió con un amigo y corrió hacia la parte delantera del estadio para tener la mejor vista, afirmó que los avatares le parecieron tan convincentes que incluso saludó a Faltskog cuando terminó el espectáculo.

“Fue una experiencia única en la vida, aunque volveremos a venir mañana y el sábado”, aseguró Harle.

© 2022 The New York Times Company

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