Abascal se impuso en el debate y vuelve a convertir a Vox en el temor de todos

Silvia Pisani

Abascal, durante el debate

MADRID.- Mucho se discute sobre si ganar un debate electoral por televisión tiene impacto o no en las urnas. En todo caso, España podrá ponerlo a prueba el domingo, luego de que los sondeos sobre el cara a cara entre los aspirantes al poder que tuvo lugar anteanoche dieron ganador al líder de la derecha radical de Vox, Santiago Abascal.

Los principales sondeos coinciden en que el vencedor indiscutible fue Abascal, el líder de la derecha radical. Tal vez haya sido suerte de debutante: fue la primera vez que se sometía a una prueba de estas características y, también, el más inexperto.

Hace apenas un año, este hombre con aire de conquistador medieval y reacio a dar entrevistas salvo en escenarios de confort no figuraba en los sondeos ni en las proyecciones nacionales. Hoy parece un experto en al menos sacarles provecho.

Así lo señalaron en forma coincidente los sondeos de los diarios El País, El Mundo y ABC. También lo catapultó el sitio web El Español, aunque, en ese caso, no se trata de sondeos sino de opiniones de sus lectores.

Lo otro notable es que, así como se dio un ganador categórico, también se encontró un perdedor absoluto. Ese papel cupo al líder de Ciudadanos (Cs), el presionado Albert Rivera, a quien, en forma coincidente, las mismas encuestas dan como el perdedor indiscutible del cruce.

Una posición que no pudo superar pese a que se pasó las dos horas de debate con estudiados golpes de efecto y sacando cosas de debajo de su atril para ilustrar el concepto.

El más mentado fue el llamado "momento adoquín", en el que extrajo un grueso pedazo de cordón de vereda y lo exhibió en cámara. "Esto es lo que los independentistas catalanes arrojan a la policía y a quienes no piensan como ellos, mientras el presidente de los españoles no hace nada", espetó.

El aludido -el socialista Pedro Sánchez, obviamente allí presente, en su calidad de aspirante a la esquiva ratificación como presidente- lo miró sin alterarse. Como quien oye llover. Y no precisamente adoquines.

Lo curioso es que el ganador absoluto (según las encuestas) pudo, en cambio, campear a sus anchas y decir cuanto quisiera sin que, salvo escasas excepciones, nadie se molestara en contradecirlo o siquiera ponerlo a prueba.

Abascal culpó a los extranjeros de ser los causantes de los peores crímenes de esta sociedad, a la vez que describía una España empobrecida por culpa de gobernantes ladrones y de un sistema de autonomías que "es una mentira". De hecho, propone eliminarlo. Nadie le dijo nada.

Uno de los escasos cruces se lo ofreció el líder de la izquierda radical de Podemos. Pablo Iglesias le espetó lo difícil que era imaginar que "en Alemania se honre por igual al abuelo nazi que al abuelo gaseado", cuando Abascal protestó por la exhumación del cadáver del dictador Francisco Franco.

España tuvo anteayer el único cruce preelectoral de los cinco candidatos a las elecciones del domingo. Los sondeos de intención de voto insisten en proyectar un escenario en el que difícilmente se supere el actual bloqueo para sumar alianzas y formar gobierno. O sea, que todo quedará igual de complejo. También pronostican que Vox duplicará su caudal de escaños y que saltará de 24 a 46 legisladores, y que también crecerá el conservador Partido Popular (PP), de Pablo Casado, al pasar de 66 a 95 o más escaños.

Peor lo tiene el arco de la izquierda. Sánchez saldría igual o ligeramente debilitado, mientras que el menguante Podemos perdería una decena de bancas.

Para el liberal Ciudadanos se vaticina una catástrofe. De los 57 legisladores que ahora tiene apenas podría retener cerca de 20. Una auténtica sangría.

De todos modos, queda esperar hasta el domingo. Allí se sabrá si las encuestas acertaron. Y, más aún, si "ganar" debates televisivos cuenta a la hora del voto.